Escapadas exprés a la naturaleza por el Día de la Madre: tres rutas senderistas que son perfectas para una caminata

El primer domingo de mayo no es solo una festividad más; es el recordatorio de un vínculo especial, el Día de la Madre. Un momento para celebrar nuestras raíces y que encuentra su mejor eco en la madre que todos compartimos: la naturaleza. En su honor, y en el de quienes nos dieron la vida, quienes nos cuidaron o quienes nos criaron, recorremos tres rutas en entornos naturales para disfrutar de la exuberancia primaveral. Tres senderos diseñados para caminar, conversar y agradecer.

Caminar es, en esencia, una forma de contemplación. Al seleccionar estos tres itinerarios, no buscamos solo el reto físico o la espectacularidad del paisaje, sino propiciar ese espacio donde el ruido cotidiano se apaga para dejar paso a lo importante. Cada uno de estos senderos ha sido elegido por su capacidad para detener el tiempo: desde las catedrales de piedra de los Picos de Europa hasta el abrazo luminoso del Mediterráneo o la bravura indomable del Atlántico gallego.

Ruta del Cares en Picos de Europa

Picos de Europa es prácticamente inabarcable. Es el sueño de cualquier amante de la naturaleza. Se trata del Parque Nacional más antiguo de España: 646 kilómetros cuadrados de abruptos paisajes montañosos, valles verdísimos, lagos glaciales, desfiladeros profundos y pueblitos montaraces de otro tiempo.

Su territorio se reparte entre Asturias, Cantabria y León. Aquí la madre naturaleza se celebra a sí misma en cada conjunto boscoso, cada formación rocosa, cada cuerpo de agua que los alimenta, cada animal que los habita. En este sentido es difícil seleccionar una sola ruta, pero aquí optamos por la Ruta del Cares.

Se le conoce como la 'Garganta Divina' y es una de las rutas de senderismo más impresionantes de toda Europa. El camino, tallado literalmente en la roca caliza, sigue el cauce del río Cares. A pesar de su entorno de alta montaña, la ruta es sorprendentemente llana, lo que la convierte en una opción de dificultad media-baja, apta para cualquier persona cuya forma física sea razonable.

Entre ida y vuelta, el recorrido cubre cerca de 22 kilómetros y suele tomar entre seis y siete horas para recorrerse. Es un trayecto que destaca por sus paredes verticales de más de 2.000 metros que parecen cerrarse sobre el caminante, creando un pasillo natural que te hace sentir diminuto.

Serra de Tramuntana en Mallorca

En la Serra de Tramuntana, el aroma de pino carrasco se mezcla con la sal húmeda del Mediterráneo mientras que el sol radiante baña los acantilados de piedra blanca y saca brillo a la inmensidad de mar azul que delimita el horizonte. Este enclave, nombrado Patrimonio Mundial por la UNESCO, es parte fundamental de la estructura geológica que sostiene a la isla, y ofrece algunos de los paisajes más espectaculares para caminar entre la dureza de sus rocas y la calma de sus aguas turqueza.

Para esta ocasión, la ruta sugerida es la que une el Mirador de Ses Barques con Cala Tuent. Un sendero de dificultad media con una duración de unas tres o cuatro horas, definido por un paisaje que evoca una calma sacramental. El camino atraviesa antiguas posesiones mallorquinas y olivares que desafían la gravedad, ofreciendo vistas constantes hacia la costa norte.

El final del recorrido es la recompensa perfecta: el descenso hacia la Cala Tuent, una de las playas más vírgenes y espectaculares de la isla. Es el lugar ideal para coronar horas de caminata con un baño en sus aguas de cristal, permitiendo al cuerpo un descanso fresco antes de disfrutar un buen plato de marisco local en frente al mar.

O Camiño dos Faros en Galicia

En la Costa da Morte, la naturaleza se manifiesta con una fuerza que se puede palpar en cómo las olas han erosionado su litoral. Aquí, el Atlántico no baña la costa, la esculpe. O Camiño dos Faros es un museo al aire libre que exhibe lo que sucede cuando el mar choca contra los muros rocosos. Es un entorno de una belleza cruda, donde el granito de sus acantilados y el blanco de la espuma del mar ponen fin a enormes prados verdes, tan característicos de Galicia.

Aunque el camino completo suma 200 kilómetros, la etapa que nos ocupa es la que va de Laxe a Arou. Un tramo de dificultad media que se puede completar en unas cinco a seis horas. Destaca por su variedad paisajística: desde playas de arena fina como la de Soesto –paraíso de surfistas–, hasta formaciones rocosas caprichosas que parecen esculturas de arte contemporáneo.

Caminar por esta ruta es sumergirse en un ecosistema de dunas, acantilados y pequeñas aldeas marineras donde el tiempo parece haberse detenido.