De estilo medieval pero construido en el siglo XX, este estrecho puente de dos arcos fue levantado entre impresionantes rocas y desfiladeros
En el Parque Natural del Alto Tajo, cualquier agradecido viajero que se deleite con el agua de un río puede hacerlo desde lo alto de una construcción que es todo un regalo para los sentidos. El puente de Peñalén se alza majestuoso sobre el cauce del río más largo de la península, integrándose de forma casi orgánica en un entorno de belleza salvaje y sobrecogedora. Los desfiladeros que lo rodean parecen custodiar este paso estrecho, donde el rumor constante de la corriente es el único sonido que rompe el silencio absoluto de este valle de la provincia de Guadalajara.
A primera vista, cualquier viajero juraría encontrarse ante una obra de ingeniería civil propia de los tiempos de la Reconquista o de la baja Edad Media. Sus formas robustas y su estética austera evocan épocas de caballeros y senderos olvidados, pero la realidad histórica esconde un giro fascinante y anacrónico. Este puente de Castilla-La Mancha, a pesar de su innegable aire antiguo, es en realidad un hijo de la modernidad, diseñado con un gusto exquisito por lo tradicional. Su estructura de sillería engaña al ojo inexperto, proyectando una sombra de siglos sobre las aguas claras.
Fue en el año 1943 cuando esta estructura vio la luz, tal y como atestigua una inscripción grabada en su propia piedra para sorpresa de los curiosos que lo visitan. También conocido popularmente como ‘el puente del tío Lucas’, debe su existencia al ingenio de un vecino de la localidad de Beteta con una mente avanzada para su tiempo. Financiado por el ayuntamiento de Peñalén gracias a los réditos del llamado “oro verde” de sus bosques, el puente fue levantado con piedra caliza del entorno. Sus dos arcos de medio punto demuestran que la técnica es una manera de honrar al pasado.
El emplazamiento se sitúa en las inmediaciones de las juntas donde el río Cabrillas tributa sus aguas al Tajo, en una zona de espectaculares cuchillos pétreos. El puente aprovecha un estrechamiento natural entre altísimas paredes rocosas que parecen querer cerrarse sobre el caminante en un abrazo de caliza. Justo por encima se elevan los imponentes picones de San Pedro, unas crestas puntiagudas que dominan el horizonte con su perfil alpino y desafiante. Este laberinto de roca kárstica confiere al lugar una atmósfera de aislamiento total en medio de un denso pinar serrano.
Este rincón del Alto Tajo está ligado al alma literaria de la comarca, siendo uno de los escenarios que José Luis Sampedro evocó en su libro “El río que nos lleva”. La obra narra la sufrida vida de los gancheros, quienes conducían las maderadas por el cauce del río sorteando peligros y desfiladeros como los de este valle. El puente sirve hoy de monumento silencioso a aquel oficio ya desaparecido de transportar troncos hasta la localidad de Aranjuez. Es un símbolo de la lucha del hombre por dominar un río que es, a un mismo tiempo, frontera y camino natural.
En la actualidad, el paraje invita a la tranquilidad, donde solo se escucha el murmullo del agua y el canto de los pájaros en plena naturaleza. Bajo la sombra de sus arcos se forman pozas cristalinas ideales para el baño, pues la estructura resguarda a los visitantes de los rayos del sol. Multitud de libélulas de colores revolotean en la orilla mientras el río discurre con algo de corriente en sus zonas más profundas. Es un sitio perfecto para el buceo con empresas autorizadas o para la práctica de la escalada deportiva en las paredes calizas que custodian el cauce.
Cómo llegar
Para alcanzar esta joya en la que se dan la mano la naturaleza y la arquitectura, el viajero debe recorrer unos seis kilómetros desde el casco urbano de Peñalén por pistas que ofrecen vistas únicas. El descenso hacia el valle por la calle de subida a la iglesia anticipa la magnitud del monumento y el relieve abrupto que lo envuelve. También es posible llegar siguiendo la pista del Tajo que conecta Poveda con Zaorejas, atravesando el espectacular estrecho de Valdepedro en el camino. Incluso existe una ruta exclusivamente peatonal paralela al río Cabrillas que permite disfrutar del entorno de los desfiladeros de forma pausada.
El puente de Peñalén representa un equilibrio perfecto entre la utilidad y la belleza, manteniéndose firme frente a las crecidas que cubren sus arcos. Visitarlo permite realizar un viaje doble: uno a través de la geología salvaje y otro hacia una nostalgia construida con sillería en el siglo XX. Es un hito imprescindible para entender la identidad de la provincia de Guadalajara, donde la piedra y el agua se fusionan con los frondosos bosques del parque. Esta preciada pieza arquitectónica, estrecha y pensada para personas o animales, sigue siendo un destino perfecto para quienes aman la historia y la vida al aire libre.