Historia, arquitectura y naturaleza en esta villa marinera de la Costa Dorada con una castillo sobre la playa

Edu Molina

14 de septiembre de 2026 15:09 h

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Tamarit ocupa un tramo del litoral de Tarragona en el que conviven patrimonio medieval, playas y espacios naturales relacionados con la desembocadura del río Gaià. El antiguo núcleo se levantó sobre un promontorio rocoso junto al Mediterráneo y todavía conserva parte de su recinto amurallado, conocido como vila closa, además de restos del castillo que durante siglos tuvo un papel importante en la evolución de esta zona. La cercanía entre la fortificación, Cala Jovera y el tramo final del río permite conocer en poco espacio diferentes elementos vinculados a la historia y al entorno del lugar.

La zona combina espacios costeros con otros situados algo más hacia el interior. El castillo de Tamarit es la construcción más reconocible y se levanta frente al mar, junto a una pequeña cala situada justo a sus pies. Muy cerca se encuentran la playa de Tamarit, la desembocadura del Gaià y otros arenales como la playa de la Móra. De esta forma, una visita permite pasar del patrimonio histórico a diferentes puntos del litoral y a un espacio fluvial protegido sin necesidad de realizar grandes desplazamientos.

Un recinto medieval junto al Mediterráneo

Los orígenes del castillo de Tamarit se remontan al siglo XI, cuando este enclave estuvo relacionado con la familia de Claramunt. Su posición elevada sobre un promontorio facilitaba el control de este tramo de costa y la vigilancia ante posibles incursiones procedentes del mar. A lo largo de los siglos, el recinto fue modificándose y sumó elementos correspondientes a distintas etapas arquitectónicas. Por ello, todavía conserva restos románicos, góticos y renacentistas que muestran algunas de las transformaciones realizadas con el paso del tiempo.

La fortificación no era una construcción independiente, sino que formaba parte de una antigua población protegida por murallas. De aquel conjunto se mantiene en relativo buen estado la vila closa, dentro de la que se encontraba también la iglesia de Santa Maria. Entre los elementos conservados aparece además un fragmento de miliario procedente de la Vía Augusta, incorporado actualmente al jardín del recinto. El conjunto recibió la declaración de Bien de Interés Cultural en 1988.

Su emplazamiento estuvo directamente relacionado con la función defensiva que desempeñó durante buena parte de su historia. Desde la zona elevada era posible controlar el litoral y responder ante posibles ataques corsarios, una amenaza presente en diferentes periodos del Mediterráneo. Esa posición sigue siendo uno de los rasgos más visibles del conjunto, ya que la fortaleza domina este tramo costero y queda situada inmediatamente sobre Cala Jovera, que ocupa la parte baja del promontorio.

Cala Jovera y las playas del entorno

Cala Jovera, conocida también como Cala del Castell, se encuentra justo debajo de la fortificación. Se trata de un arenal pequeño, con unos 90 metros de longitud y alrededor de 20 metros de anchura, encajado junto a la zona rocosa. La vegetación que rodea este punto de la costa y la ausencia de construcciones junto a la arena hacen que conserve un aspecto poco urbanizado. La apertura hacia el Mediterráneo es reducida y desde buena parte de la cala se mantiene visible la silueta del castillo.

A poca distancia aparece la playa de Tamarit, situada aproximadamente a ocho kilómetros del centro de Tarragona y junto a la desembocadura del Gaià. Es uno de los principales arenales de este sector del municipio y cuenta con Bandera Azul desde 2012. Su localización permite acceder tanto a la zona de baño como al tramo final del río y a los caminos que atraviesan este espacio natural, conectando en una misma visita el litoral con el entorno fluvial.

La playa de la Móra es otro de los arenales conocidos de esta parte de la costa y también dispone de Bandera Azul. Una de sus características es el poco desnivel en el acceso al agua, algo que determina la forma en la que se entra al mar. Junto con Tamarit y Cala Jovera, permite encontrar diferentes tipos de playa en un espacio relativamente próximo, desde una pequeña cala situada bajo un promontorio hasta arenales más amplios y con una mayor presencia de servicios.

La desembocadura del Gaià y el paisaje natural

El río Gaià alcanza el Mediterráneo junto a la playa de Tamarit después de atravesar un tramo con vegetación de ribera y zonas en las que todavía está presente el agua dulce. Este espacio se encuentra protegido y forma parte de la Red Natura 2000. Su ámbito se prolonga desde Ferran hasta la costa y conserva un entorno asociado al curso bajo del río que contrasta con los arenales y las zonas rocosas situadas a poca distancia.

La desembocadura es uno de los principales espacios naturales de los alrededores de Tamarit. Seguir el tramo final del río permite observar cómo cambia el entorno a medida que se aproxima al mar, pasando por áreas de vegetación ribereña antes de llegar a la playa. Esta continuidad permite ampliar el recorrido más allá de la fortificación y de las zonas de baño, incorporando una parte del territorio donde el curso fluvial tiene mayor protagonismo.