La villa costera de Tarragona con aguas cristalinas, gastronomía mediterránea y un castillo del siglo XVIII junto al agua
En el corazón de la Costa Daurada, a medio camino entre el Parque Natural del Delta del Ebro y la ciudad de Tarragona, se encuentra L'Ametlla de Mar, un lugar conocido por su gran número de calas. Esta villa marinera combina la identidad pesquera tradicional, un extenso litoral de calas vírgenes, una gastronomía centrada en los productos que se extraen del mar y el legado histórico de la antigua Orden de San Jorge de Alfama.
La costa abarca un total de 20 kilómetros, con 30 calas y playas de aguas cristalinas. Algunas de ellas son de arena fina y blanca, aunque también existen opciones más rocosas. No todo son playas, ya que también destacan los acantilados, rodeados de pinos que, en muchos casos, llegan hasta el mar, especialmente en la zona sur del municipio. La calidad de sus playas y calas se refleja, por un lado, en las seis banderas azules —que se otorgan cuando una playa cumple con estrictos criterios de calidad del agua, seguridad, servicios y gestión ambiental—. Por otro lado, cuentan con ocho banderas verdes, lo que indica que se trata de lugares donde la intervención humana es mínima o casi inexistente y se prioriza su conservación.
Playas y calas
Dentro de las playas hay opciones para todo aquel que decida visitar la zona. Para quienes acuden con mascota está la cala Bon Caponet, pequeña y acogedora, un espacio rocoso y arbolado completamente virgen en el que los animales pueden correr y disfrutar con tranquilidad a lo largo de sus 50 metros de longitud y 15 de amplitud. Siguiendo con las calas de piedras hay más opciones, aunque estas no permiten el acceso a mascotas. Algunas de ellas son la cala Ambròsia, una pequeña cala de difícil acceso; la cala de les Ampolles, rodeada de naturaleza, con aguas cristalinas y un fondo marino repleto de biodiversidad; la cala del Torrent de Pi, un pequeño rincón nudista cuyo entorno destaca por las zonas húmedas y lagunas, además de por el cercano aparcamiento; y la cala Llobeta, donde el contraste entre el mar turquesa, la vegetación de pinos y el fondo marino lleno de vida convierte el lugar en una opción para disfrutar de una jornada de descanso, hacer esnórquel o incluso iniciarse en el submarinismo.
También hay quienes prefieren las playas y calas de arena, donde los niños pueden disfrutar jugando y los adultos relajarse tomando el sol. La cala Calafató es muy conocida entre turistas y vecinos de la zona debido a que en 1996 recibió la Bandera Azul y, además, fue la primera del municipio en conseguirla. Destaca por su entorno natural, rodeado por extensos pinares y acantilados que conforman una estampa mediterránea.
No es la única opción. La cala Pixavaques es una de las más completas, ya que dispone de servicios como bar, duchas, aseos y vigilancia durante la temporada estival. Otra alternativa es Cala Lo Ribellet, adecuada para los senderistas que estén realizando la ruta GR-92 y quieran darse un baño para aliviar el calor.
La playa de l'Alguer es una opción para quienes quieren permanecer en el casco urbano sin desplazarse. Cuenta con 120 metros de extensión, lo que permite que muchas personas puedan disfrutar de ella, y dispone de comodidades como limpieza diaria por parte de servicios especializados, duchas, acceso para personas con movilidad reducida y vigilancia de socorristas de la Cruz Roja durante la temporada alta para ofrecer una mayor seguridad a los bañistas.
Un destino turístico gastronómico
Después de una jornada de mar y agua, una de las opciones es disfrutar de una comida o cena. L'Ametlla de Mar es un lugar vinculado al turismo gastronómico, donde destacan guisos tradicionales elaborados con el saber hacer marinero. Entre sus platos más representativos se encuentra el arrossejat, un arroz marinero de sabor intenso cocinado con fondo de pescado de roca, y los “fideus rossejats”, un plato de fideos finos preparados al estilo calero con un sofrito y pescado fresco de la zona.
Pero no toda la cocina local se basa en platos cocinados, ya que también cuenta con productos autóctonos de gran calidad. El producto por excelencia es el atún rojo, apreciado tanto por los locales como por los visitantes, y que habitualmente se sirve de tres formas distintas: crudo, a la brasa o en tartar. Junto al atún destacan también las galeras y una gran variedad de mariscos frescos, que se pueden adquirir o degustar en la lonja local durante sus respectivas temporadas.
Lugar histórico
Muy cerca de la playa y de las paredes verticales que forman los acantilados a lo largo del litoral de L'Ametlla de Mar se erige el Castillo de Sant Jordi d'Alfama. El origen de este lugar se encuentra en la fundación, en el año 1201, de la primera casa de la orden de Sant Jordi de Alfama, creada con el objetivo de defender la zona de la piratería.
Tras ser abandonada temporalmente por la peste negra en 1341, la fortaleza sufrió en 1378 un duro ataque sarraceno en el que capturaron al comendador Jaume Roger y a su hermana Cília, que fueron liberados tras un largo y complejo proceso para reunir el dinero del rescate.
Debido a su decadencia, en 1400 la orden se unió a la de Montesa y se llevaron a cabo reparaciones para mantener vivo el priorato hasta recuperar formalmente su título en 1576. Sin embargo, su final definitivo llegó en 1650, cuando fue destruido por bombardeos navales durante la Guerra de los Segadores. En el siglo XVIII se erigió la fortaleza actual en un emplazamiento más protegido, mientras que los vestigios del castillo primitivo salieron a la luz en una excavación arqueológica en 1988.
En la página web del ayuntamiento se muestran todas las fiestas y diadas que se celebran en la zona para poder vivir la experiencia de una forma más vinculada a la vida local. Algunas de ellas son la fiesta de Sant Jordi, las fiestas de la Candelaria, la diada de arrossejat, la diada de los “fideus rossejats” o la jornada del atún rojo en el puerto de pescadores, entre otras.
La unión de todos estos factores —playas, calas, gastronomía, fiestas y un castillo medieval a pie de playa— convierte a L'Ametlla de Mar en un destino que puede disfrutarse tanto con amigos como en familia o en pareja.