Rodeado de leyendas, este pueblo es el único de España oficialmente excomulgado por la Iglesia católica
Cuando llega la noche del 31 de octubre, hay un pequeño municipio de la comarca de Tarazona y el Moncayo que cambia de aspecto para celebrar la Luz de las Ánimas, una tradición ligada a la noche de Todos los Santos y al recuerdo de los difuntos. Hablamos de Trasmoz, un pueblo de apenas 88 habitantes ubicado a poco más de una hora de Zaragoza.
La jornada de esta fiesta comienza con la preparación de las calabazas, que se vacían y se decoran. Al mediodía, se reparten entre los asistentes las tradicionales raciones de alubias, todo un referente gastronómico en el lugar, y cuando llega la tarde, las calabazas anteriormente decoradas se colocan junto a las velas a lo largo del camino que va desde la iglesia al cementerio del pueblo.
Cuando cae la noche, llega la conocida como procesión de las Ánimas, que recorre ese camino iluminado. Una vez en el cementerio se realiza un “responso por las ánimas benditas”, pero la celebración no termina ahí. La jornada continúa con actividades de carácter más festivo, con música, cuentacuentos, un mercado y un recorrido nocturno por las calles del pueblo.
Pero la imagen de Trasmoz como escenario de brujas, aquelarres y maldiciones va mucho más allá de la noche de Halloween. El pequeño municipio zaragozano es conocido también por la excomunión de sus habitantes en plena Edad Media, un episodio que alimentó su fama de “pueblo maldito”.
La excomunión de Trasmoz
Para entender de dónde viene esta historia hay que remontarse al siglo XIII, cuando Trasmoz mantenía un enfrentamiento con los monjes del cercano monasterio de Veruela por el control de tierras y recursos del Moncayo. La disputa terminó con una sentencia de excomunión contra sus vecinos, dictada por el obispo de Tarazona a principios de 1252.
La cosa no quedó ahí, y la fama de Trasmoz como pueblo maldito se reforzó varios siglos después. Corría el año 1511 cuando Pedro Manuel Ximénez de Urrea, señor de Trasmoz, se enfrentó con el abad del monasterio de Veruela. Los monjes habían desviado el curso del agua que abastecía al pueblo y el señor de Trasmoz, disgustado por lo ocurrido, incluso llevó el asunto ante las Cortes de Aragón, que fallaron a su favor.
La derrota habría enfurecido tanto al abad que, según cuenta la tradición, este decidió responder con una ceremonia de maldición contra el pueblo. “En plena madrugada, cubrió el crucifijo del altar con un velo de color negro y recitó el salmo 108 de la Biblia, una maldición de Dios contra aquellos que le atacan”, recuerda RTVE sobre el incidente.
Desde entonces, Trasmoz se ha relacionado con la brujería y los aquelarres, pero más allá de las leyendas, el pueblo destaca por su patrimonio medieval y su entorno natural a los pies del Moncayo. Su principal emblema es el castillo, una fortaleza del siglo XII en cuyo interior puede visitarse el Museo de la Torre, el Caballero y la Brujería.