Esta ruta, que discurre por un cañón rocoso de la provincia de Burgos, incluye dolinas, cascadas y pozas

La Sierra de Neila, en la provincia de Burgos, cobija un paraje de gran belleza donde el agua y la piedra han esculpido un escenario que parece detenido en el tiempo. Se trata del Sendero de las Calderas, una espectacular ruta de montaña que discurre por un profundo cañón rocoso esculpido a lo largo de milenios. Este entorno natural, muy próximo al famoso conjunto de lagunas de origen glaciar de la comarca, ofrece al visitante un recorrido inigualable repleto de formaciones singulares que desafían la gravedad y cautivan los sentidos de los senderistas más audaces.

El punto de partida de esta aventura se localiza en el último aparcamiento de las Lagunas de Neila, un espacio protegido de gran valor. Desde allí se inicia la marcha bordeando las aguas de la Laguna Larga y la mítica Laguna Negra, cuyas leyendas e historias locales envuelven el lugar en un aura de misterio constante. Los excursionistas deben ascender por una estrecha senda hacia la parte superior del circo glaciar, donde se alcanza un mirador natural que regala unas vistas panorámicas espectaculares antes de adentrarse en la vertiente agreste que conduce al desfiladero oculto.

La orientación en esta fase inicial no resulta sencilla, ya que la vereda apenas se encuentra señalizada y tiende a desdibujarse entre los riscos. Para guiar sus pasos de forma segura, los montañeros deben prestar mucha atención a los pequeños hitos de piedra dispersos que jalonan el descenso. Siguiendo el curso del humilde arroyo Palazuelo, el terreno se transforma de manera radical, dando paso a un lecho incómodo cubierto por una gran cantidad de piedras sueltas y flanqueado por gigantescas masas cuarcíticas que anuncian la inminente llegada.

Adentrarse en las profundidades del cañón rocoso de Las Calderas requiere una buena preparación física y experiencia previa en terrenos alpinos. El curso del barranco es sumamente exigente y presenta pasos angostos en los que es necesario realizar trepadas de cierta complejidad para avanzar. Los excursionistas más intrépidos deberán deslizarse por grietas angostas, ayudarse de cadenas instaladas en las rocas y descolgarse por una pequeña soga para superar los abismos, lo que descarta esta ruta para personas inexpertas.

La caprichosa morfología de las rocas es el resultado directo de la acción del viento, el agua y, de manera crucial, el hielo invernal de la sierra. Las bajísimas temperaturas actúan como un cincel implacable que rompe el granito y la cuarcita, creando callejones, oquedades y bolos gigantescos amontonados sobre las laderas en un equilibrio que parece casi milagroso. Esta severa meteorología ha modelado una profunda herida geológica sobre la vertiente sudoccidental, un paisaje que los expertos describen como una cicatriz.

El verdadero tesoro de esta travesía es el reguero de marmitas gigantes y pozas circulares que el arroyo Palazuelo alimenta a su paso por el fondo. Estas depresiones rocosas, conocidas localmente como calderas, se llenan de aguas cristalinas y frescas que invitan a un baño reconfortante durante los meses del verano. Hermosas cascadas y saltos de agua conectan cada una de estas ollas naturales, creando un espectáculo sonoro y visual de gran belleza donde la fuerza del torrente contrasta con la quietud mineral de las paredes.

Buena planificación

Para emprender el regreso una vez explorado el fondo de la garganta, los senderistas disponen de opciones igualmente exigentes pero muy hermosas. Una de ellas consiste en ascender con fuerte desnivel hacia el imponente pico de la Campiña, que con sus 2.049 metros corona el entorno serrano. Desde esta cumbre privilegiada, el esfuerzo se ve de sobra recompensado al contemplar los diversos embalses naturales que reposan a los pies del circo, completando un circuito circular inolvidable antes de retornar al origen.

Es vital planificar adecuadamente esta excursión. Resulta imprescindible llevar calzado de montaña con excelente agarre y suficiente agua, pues no existen fuentes de avituallamiento en la ruta. Asimismo, se debe evitar realizar la travesía en días de lluvia o nieve, dado que las superficies rocosas se vuelven peligrosas y resbaladizas, incrementando el riesgo de accidentes en un entorno natural exigente.