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Iglesia, privilegios y educación para la ciudadanía

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La Iglesia no paga impuestos y tiene privilegios inmobiliarios. En Italia, el Estado regala al Vaticano el agua que utiliza. Puede quitar y poner a profesores de religión y encima son subvencionados con el dinero de los españoles. Junto con una derecha postfranquista, quieren volver a aquellos tiempos en los que decían qué era lo bueno y lo malo, qué se tenía que hacer y que no. Las recientes llamadas a la rebelión, en contra de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, está dirigida por la propia jerarquía católica, y no por grupos de exaltados guerrilleros de Cristo Rey. Una asignatura que, lejos de domesticar a las almas como siempre ha hecho la iglesia adoctrinadora y perseguidora, se propone como creadora de conciencia ciudadana, de relaciones horizontales, basada en los derechos y no en los privilegios. Al contrario que la iglesia, no se persigue producir feligreses sino ciudadanos. Los obispos levantan la falsa polémica del adoctrinamiento de esta nueva asignatura, cuando ellos mismos van con flautas a Brasil a evangelizar indígenas, ellos mismos, que no dejan el sexo en paz, ni la familia y tampoco la existencia de una moral cívica tan buena o más que la emanada de la religión. La secularización de la sociedad, los cambios de mentalidad de los jóvenes, la globalización y el intercambio de nuevos horizontes de moralidad no prescrita desde el Vaticano y su idea del amor como reproducción de la especie, deja fuera de juego a estos avispados obispos que, sin embargo, no reparan en hacer política arengando a los católicos una mezcla diabólica que confunde los pecados con los delitos. Los homosexuales y transexuales son ejemplo vivo de sus tracas ideológicas. La Educación para la Ciudadanía los trata como ciudadanos con derechos, pero para la iglesia son pecadores que corrompen las bases naturales de la familia cristiana. Por último, la Universidad, la muy nuestra de aquí, tuvo al intelectual Manuel Alemán como profesor, quien nunca ejerció ni militó desde la categoría sacerdotal dentro de la universidad. Todo lo contrario, su vocación la dedicó más a educar la conciencia crítica, provocar a las instituciones y a los creídos de su propia importancia, defendiendo a los desesperados y a toda la humanidad doliente. Su sensibilidad social le hacía refractario a las poses convencionales adoptadas por ese intelectualismo trepa de disimulado clasismo y el barniz “progre” de los que mean a la izquierda pero se mojan por la derecha. ¿Qué queda dentro de la universidad de este sacerdote intelectual comprometido con la educación para la ciudadanía social, crítica y política en el contexto específico de Canarias? Nada. Ha sido literalmente expropiado de sí mismo. En definitiva, si para evitar el maltrato a los niños se aplicó la ley de maltrato a los animales en sus inicios; a los ciudadanos, maltratados por los obispos rascando dineros que aprovechan indebidamente de la obligatoriedad escolar y de los fondos públicos para, como no, adoctrinar, deberíamos aplicarles la misma ley de maltrato a los animales, porque nos tratan como niños a los que quieren llevar directamente a la primera comunión a base de coscorrones y pasando por alto que nuestra dignidad nos es la de los animales que van en fila al matadero para llenar los bolsillos de las jerarquías privilegiadas.

José Antonio Younis Hernández

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