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¡Viva la Inteligencia!

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Coincido con Thomas Miessgang cuando en el catálogo explica como la muerte y sus rituales producen una exaltación natural en Latinoamérica. Casi tanto como en España, añadiría yo, país de pasión necrófila. A este propósito, el poeta Juan Luis Panero también me recordaba el humor con el que en México se condimenta a veces la desgracia en el Día de los Muertos: las caricaturas de José Guadalupe Posada, los misteriosos cuadros de Ricardo Martínez, la obra de Juan Rulfo, las prosas de Juan José Arreola, los poemas de Xavier Villaurrutia o Bajo el Volcán de Malcolm Lowry. Por eso da gusto saborear esta exposición comisariada con esta tesis en obras de calidad y belleza que probablemente dignifican la memoria de las víctimas y que varios artistas abordan en una polifonía que se enriquece con distintos puntos de vista. Pero produce además emoción este pensamiento proferido reflexivamente por el comisario austriaco que, metido con pericia a cartógrafo estético, parece no olvidar que los genocidios no tienen fronteras y todos poseen un aire de familia.

En Comunicación ya alguien muy conocido inventó la división entre "Apocalípticos" e "Integrados": unos consideran a los mass media el centro y origen de todos los males universales y otros el masaje y cohesión de una masa social amorfa y caníbal que de otra forma se despedazaría sin cuartel. Ambos se parecen mucho pero, subiendo un peldaño más, los primeros anatemizan su contexto contemporáneo ?el capitalismo?, olvidando que es el sistema al que aspira hoy el tercer mundo ?en su derivada mixta y social de Occidente? para estabilizar sus economías, y por su potencial para crear clases medias, las mismas que han dado de comer en Europa a tantos artistas, críticos y escritores. Es cierto que el Arte se contrapone a la desmemoria y al conformismo, pero esgrimirlo como insulto y zafiedad contra el Otro ?sea cual fuera éste y por muy mal que nos caiga? no fomenta la resistencia, sino el nihilismo, pues desprende un tufillo talibán que espanta al más bienintencionado de los observadores o lectores. Por eso, la alegre melodía que entona este Trío de Ases, que es el equipo de comisarios de esta exposición ?al que no conozco sino de referencias? coincide con la terna de artistas que en su septuagenaria madurez ?Cristino, Pepe y Arne? y cercanía al abismo proporcionan una curiosa lucidez y gusto, acierto que se extiende a los textos del catálogo, que incluyen uno de Unamuno del que, si recordamos en forma de antífrasis el célebre improperio que recibió de boca del general golpista Millán Astray, sólo podemos exclamar al ver esta muestra: "¡Viva la inteligencia!".

Federico Utrera

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