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Una candidatura seria

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Días antes de la ida a Madrid a defender la candidatura hubo quien proclamó favorita a Cáceres, no sé en base a qué. Cáceres posee un bellísimo patrimonio histórico-arquitectónico, al igual que otras ciudades participantes, que estaba ya formado cuando la conquista de Canarias era sólo un proyecto. Es cierto que ninguna ciudad canaria, Las Palmas incluida, puede, enfrentarse a la apabullante monumentalidad de sus competidoras. Pero hay un concepción cultural que va más allá de la mera contemplación del pasado por gratificante que resulte. Hoy existen los criterios que permitieron que Las Palmas entrara en liza con posibilidades.

El jurado quería proyectos culturales dinámicos y dinamizadores apoyados en las infraestructuras existentes y las por crear. Se querían programas de actividades que utilizaran las ya no tan nuevas tecnologías y que fueran, además, abiertos, que llamaran a la participación de las poblaciones como receptoras y protagonistas del hecho cultural. Y se quería, en fin, que contaran las candidaturas con un fuerte respaldo institucional. Por ese lado, Las Palmas de Gran Canaria iba sobrada de imaginación y objetivos punteros muy participativos y contaba con el respaldo de las instituciones. Paulino Rivero anunció no sólo el apoyo del Gobierno canario sino el de las regiones ultraperiféricas que él mismo preside en estos momentos. Es obligado hacerlo constar en un ambiente político tan canalla como el que padecemos.

Después, el interés del jurado se centró en la financiación y gestión y en lo que ocurriría, caso de que sea Las Palmas ganadora, en 2017, una vez concluidas las celebraciones. En este sentido, sorprendió al jurado que fuera la única candidatura que optó por la fórmula de sociedad mercantil, la considerada más idónea. Y en relación a lo que ocurriría después de 2016, señaló Saavedra que Las Palmas tiene tras de sí una dilatada trayectoria cultural, que dispone de instituciones, soportes y gestores adecuados que seguirán adelante con capitalidad cultural europea o sin ella porque hay una demanda social que el paso del tiempo ha consolidado y no se va a detener.

Aunque no se insistiera en ellas, quizá se daban por supuestas, debieron jugar a favor singularidades que no se dan en las otras candidaturas. Como la condición atlántica canaria y la misma historia de este océano que hizo de Las Palmas, desde su fundación, una ciudad multiétnica con un desarrollo intercultural, amplios mestizajes históricos y dedicación al comercio internacional que cuajaron en una sociedad abierta, tolerante y cosmopolita. Algo que en un mundo convulso como el que vivimos es de agradecer. Además de constituir una muestra de la capacidad europea de irradiar y generar nuevas sociedades lejos de sus costas en las que, como en el caso canario, se ha producido un sincretismo de las culturas de tres continentes, en el grado que corresponda a cada una de ellas. Esto, creo, es importante cuando Europa corre el peligro de encerrarse en sí misma ante procesos como el del desplazamiento del Atlántico, de sus relaciones humanas, culturales, comerciales, etcétera, a favor del océano Pacífico. No puedo asegurarlo, pero creo que estas consideraciones estaban en el ánimo del presidente del jurado cuando afirmó que él y sus compañeros se habían tomado muy en serio la candidatura de Las Palmas. Entonces tuve la seguridad de que nuestra candidatura estaría entre las seleccionadas. Espero que la sociedad canaria se la tome con parecida seriedad.

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