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Carolyn Carlson: ''Con la danza intento capturar esa mirada invisible''

LA COREÓGRAFA PRESENTA EN TENERIFE LA OBRA 'INANNA'

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Es una de las grandes damas de la danza contemporánea. Norteamericana de origen finlandés afincada en Francia, Carolyn Carlson fue alumna y musa del coreógrafo Alwin Nikolais, del que aprendió a valorar la intuición y la improvisación como motores del arte. El lunes y el martes presenta en el Auditorio de Tenerife Inanna, un homenaje a la divinidad sumeria con el mismo nombre, una diosa caracterizada por la sensibilidad y la potencia creadora, por su capacidad instintiva y guerrera al mismo tiempo, por su marcado carácter femenino. La obra fue estrenada en Barcelona hace un mes con gran éxito. La danza contemporánea europea aún guarda un pequeño puñado de figuras únicas. Son creadores e intérpretes con una solvencia artística intachable, un perfil definido pero no congelado, inconfundibles en escena. Crean escuelas y marcan a los bailarines con quienes colaboran. Una de ellas es Carolyn Carlson y esta es una ocasión excepcional para conocer su último trabajo.

En Inanna, pieza de 1 hora y 15 minutos de duración, convergen varios de los intereses y obsesiones de Carlson. La pieza tiene como punto de partida los poemas dedicados a la diosa sumeria Inanna hace cuatro mil años por la gran sacerdotisa de Ur, hija de Sargón, Enheduanna, considerados no sólo la primera muestra de literatura escrita por una mujer sino una de las más antiguas manifestaciones poéticas de la humanidad. Carolyn Carlson, ella misma poetisa, cuyo interés por la espiritualidad oriental y el zen es bien conocido, se entusiasmó con la versión de los viejos poemas en la edición hecha por la psicoanalista Betty DeShong en colaboración con asiriólogos de la Universidad de Berkeley (University of Texas Press, 2001). "El libro ha sido mi inspiración, en general las ideas me llegan así, por intuición, por un golpe de suerte", afirma. "En los poemas de Inanna, una diosa bella pero dura, lunar, hay mucha contemporaneidad, encontramos sexualidad, la ambigüedad hombre-mujer..."

Otra fuente de la pieza es la obra de la fotógrafa estadounidense Francesca Woodman -que, émula de Diane Arbus, se suicidó en 1981, a los 22 años, arrojándose por la ventana de su estudio neoyorquino-, cuyas fotos de mujeres guardan estrecha relación con la atmósfera de Inanna. "Yo soy muy visual, en mi trabajo influye mucho la pintura y la fotografía, y aquellas fotos fascinantes, duras, opresivas, como poemas, me inspiran mucho", explica Carlson. "

Innana habla del misterio de la mujer. "Tomando esas inspiraciones y otras nos pusimos a trabajar. Durante todo un mes estuvimos intercambiando ideas, aportando experiencias como mujeres y con mujeres, puntos de vista filosóficos, no sólo míos sino de todo el equipo. Por ejemplo, Sonia Rocha, que es portuguesa, aporta al espectáculo un solo muy interesante titulado Vida y muerte en el que se habla de ser mujer y madre a la vez, de la compasión femenina. Y salieron cosas muy interesantes".

El pasado año recibió de la Bienal de Venecia el León de Oro a toda su carrera por su "pasión por transmitir el saber de la danza generación tras generación, por su generosidad a la hora de observar y sostener nuevos recorridos artísticos nacidos del gesto y el entusiasmo". Confiesa haber comenzado a hacer coreografías desde que tenía siete años, en el jardín de su casa californiana, involucrando a sus hermanos historias de reyes y soldados. Pero lo más importante para ella ha sido haber conocido a Alwin Nikolais, "sin él no habría encontrado mi camino", reitera en todas las oportunidades que tiene de hablar de ese gran maestro de danza del siglo XX. "Todavía utilizo las bases de su técnica, de su trabajo con la composición y la improvisación cuando imparto mis clases. Nos dio herramientas para imaginar y soñar el tiempo, el espacio y el movimiento. Dejó que cada persona desarrollase su propio trabajo. Creo que lo más importante de su mensaje es que la forma está al servicio de la idea. La forma convierte la intención en realidad", subraya.

Se confiesa feliz trabajando ahora en Roubaix Nord (Francia) "como lo he estado anteriormente en otros lugares", dice, para añadir, "no necesito premios ni reconocimientos oficiales, hago lo que hago porque me gusta y siento que es lo que debo hacer. El único reconocimiento que aprecio viene del público y de los bailarines". Lo que le permite trabajar ahora para el Centro Coreográfico de Roubaix y seguir con su compañía es que, "al estar financiado por el Estado, puedo hacer muchas más cosas como son espectáculos didácticos, miembros de la compañía haciendo tours por Francia o Tenerife, y mientras tanto poder bailar yo misma".

Lleva más de 30 años luchando por la danza y es testigo privilegiado del cambio que ha sufrido la danza en los últimos años como reflejo del cambio social. Ahora hay muchísima más libertad de expresión, afirma. "Yo provengo de la generación hippie de los 60 en la que se decía: 'el hombre es bueno y nuestros pilares serán paz y amor'. Ahora, incluso científicamente se ha demostrado que el hombre es perverso y competitivo. No se, pero creo que vivimos en un momento muy interesante en el que hay que hacer cosas buenas que equilibren lo que hay de negativo en nuestro mundo".

Para Carlson hay muchas cosas nuevas en el mundo de la danza porque la percepción que tenemos del cuerpo ha cambiado mucho en los últimos años; "ahora hay menos inhibición y el discurso de la danza es más físico. A través del movimiento se transmite la violencia y la sexualidad o, como a mí me gusta, la espiritualidad y la emoción". Confiesa fundamental su faceta "espiritual y mística" que deja una impronta profunda en sus creaciones. Mientras la perspectiva occidental de la vida es muy racional e intelectual, basada exclusivamente en lo cotidiano, para Carlson en el arte existen cosas "que no podemos explicar: se trata de la intuición, de los sueños. El arte es espontáneo, existe en el momento. Encuentras la idea y ya está" afirma convencida para añadir: "Las ideas artísticas se agarran del aire, en cuanto las explicas, se desvanecen. Lo más importante es que no sabemos de dónde viene el arte. Todo es cuestión de intuición. Lo que yo intento es capturar esa mirada invisible de la persona humana, el ser".

Los movimientos improvisados de sus bailarines deben estar al servicio de sus conceptos e ideas coreográficas, y para lograrlo, afirma. Carlson aporta la técnica y a partir de ahí "abrimos la puerta a la improvisación". Por ejemplo, "con Inanna durante todo un mes estuvimos intercambiando ideas, aportando experiencias como mujeres y con mujeres, puntos de vista filosóficos, no sólo míos sino de todo el equipo. Una de ellas, Sonia Rocha, que es portuguesa, aporta al espectáculo un solo muy interesante titulado Vida y muerte en el que se habla de ser mujer y madre a la vez, de la compasión femenina". Surgen muchas ideas en la cabeza de esta mujer y en esta nueva etapa bajo la protección de una diosa ejemplar.

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