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Agua salada como combustible, la revolución para el autoconsumo eléctrico

Un inventor canario patenta un generador eléctrico a partir de agua con sal y con una vida útil de hasta 750 MW

Un módulo de 2,6 metros cuadrados permitiría dar electricidad suficiente para una vivienda estándar y además recargar un coche eléctrico

Alberto Santana, el inventor del sistema, busca inversores para sacar a la venta los módulos en octubre de este año

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Alberto Santana posa junto a su prototipo de central iónica

Alberto Santana posa junto a su prototipo de central iónica Alejandro Ramos

Agua y sal como combustible para generar electricidad. Así funciona la central iónica Volta, cuyo inventor, el grancanario Alberto Santana, espera que esté a la venta a partir de octubre. Se trata de un módulo iónico registrado en la  Oficina de Patentes Europeas y que se comercializará con tres modelos de 184, 368 y 735 MW de vida útil cada uno cuyos precios oscilarán desde 20.000 y 35.000 euros. Con estos generadores eléctricos, muy silenciosos y que ocupan 2,6 metros cuadrados, se podrán tener 7 kW por hora a un precio, incluyendo la amortización, de 5 céntimos de  euro por kW/h, mientras que sin amortización se situará en torno a los 0,02 euros por kW/h.

Según explica el creador, que destaca que ha sido certificado por Bureau Veritas, su generador eléctrico nació en el garaje de su casa, donde en los últimos dos años ha pasado varias madrugadas probando hasta lograr producir electricidad gracias a la cinética del agua pasando por un circuito cerrado compuesto por una serie de filtros y electrodos. En total, a pleno rendimiento, el agua salada puede servir para producir 168 kW por día, lo que asegura que daría para dar energía a una vivienda estándar con un consumo de 5 kW/h y además recargar un vehículo eléctrico, de forma que permitiría tener una electrolinera en la casa.

Tal como se recoge en la página web del producto, el módulo iónico genera electricidad a partir del principio de la electrólisis. Todo este proceso se desarrolla en el interior de las celdas, en una de las cuales se encuentra un ánodo de sacrificio donde se produce el proceso de corrosión y que es llamada celda generadora de electricidad. La particularidad de estas celdas es que permiten corregir la conducta de Tafel, principio por el que se rige la velocidad de las reacciones anódicas o catódicas de la electrólisis en la etapa de transferencia de carga, y que impediría por tanto el aprovechamiento de la energía generada en su interior a través de la corrosión gracias al empleo como medio único, del agua de mar o agua salina en proporciones del 0,4% por litro. De este modo, y de acuerdo a la Ley de Faraday, se logra en la celda generadora de electricidad un proceso de disolución más lento y controlado que al alcanzar una velocidad constante evita las caídas de tensión eléctrica propia de procesos electrolíticos. 

El único residuo que se produce durante todo este proceso es hidrógeno, pero dentro de la máquina estas dos moléculas de hidrógeno generadas se unen con una de oxígeno atmosférico para crear agua. En cuanto al agua usada como combustible, cada módulo necesitará un depósito de 1.500 litros de este elemento, así como otro de sal que es la que hace que el agua adquiera el nivel de salinidad necesario. Así, tan sólo es necesaria una conexión a un bajante para que cada medio año el filtro haga una limpieza y elimine del sistema el agua.

Una de las ventajas que Santana ve a su módulo iónico es que se pueden adquirir varios y conectarlos sin limitación. "En un edificio de 32 viviendas si los vecinos compran tres módulos y los instalan en el sótano se pueden desconectar de la red eléctrica con una inversión de 3.000 euros. A los 11 años, cuando los electrodos se han desgastado, sólo tienen que invertir la reposición de los electrodos", sostiene. El hecho de que se puedan interconectar varios módulos hará posible que industrias puedan utilizar estas centrales iónicas como fuentes de energías renovables.

Así mismo, Santana espera que aparte de servirle como fuente de ingresos su patente tenga una repercusión social. "El mercado objetivo es inicialmente exportarlo a Centroeuropa que es donde más energía se requiere y la fotovoltaica menos incide", apunta y añade que en estos momentos necesita capital, por lo que busca a inversores que apoyen su proyecto

Los plásticos que compondrán esta súper pila se elaborarán en Valencia, desde donde se enviarán a Gran Canaria, lugar donde se ensamblarán las celdas con los electrodos. No obstante, los módulos se podrán montar en el lugar deseado por técnicos especialistas.

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