La asociación Democracia Canarias XXI dice “no a la guerra de Irán”
La asociación Democracia Canarias XXI, presidida por el exalcalde de Las Palmas de Gran Canaria Emilio Mayoral y promotora de muchas actividades ciudadanas, ha hecho público este miércoles un manifiesto en el que se muestra contrario a la guerra de Irán. “En nuestro nombre, no”, proclama.
“La ciudadanía tiene derecho a decir basta cuando la política se desliza hacia decisiones que ponen en riesgo vidas, estabilidad internacional y los valores democráticos que decimos defender. Hoy, ante la amenaza real de una guerra con Irán, afirmamos con claridad: en nuestro nombre no”, comienza el manifiesto.
Opina Democracia Canarias XXI que “las guerras no son destinos y ninguna guerra es inevitable. La inevitabilidad es una construcción que sirve para justificar decisiones tomadas sin debate público, sin transparencia y sin agotar las vías diplomáticas. La paz no se agota: se abandona. Y quienes la abandonan deben rendir cuentas”.
A su entender, “la vida humana no es un daño colateral. Un conflicto con Irán significa miles de civiles muertos, ciudades devastadas, desplazamientos masivos y un nuevo ciclo de violencia en una región ya castigada. La distancia geográfica no nos exime de responsabilidad moral ni de las consecuencias económicas y políticas que llegarán a nuestras propias sociedades”.
La asociación aboga por “instituciones fuertes, cooperación internacional, diplomacia activa y respeto al derecho internacional. La guerra, por el contrario, multiplica amenazas, alimenta resentimientos y abre heridas que tardan generaciones en cerrar”. Pero recuerda que “la democracia exige límites y los gobiernos no pueden comprometer vidas, recursos y legitimidad democrática sin un debate público real”.
Por eso exige “transparencia, control parlamentario efectivo y respeto estricto a la legalidad internacional. La política exterior no puede convertirse en un territorio sin rendición de cuentas”.
“Rechazar la guerra no es ingenuidad, es responsabilidad, es defender la vida, la estabilidad global y la dignidad humana. Es recordar que la fuerza de una democracia no se mide por su capacidad de destruir, sino por su capacidad de evitar la destrucción”, dice el manifiesto.
Y concluye: “En nuestro nombre no se bombardea, no se invade, no se destruye.
En nuestro nombre se dialoga, se negocia, se protege a la población civil y se defiende el derecho internacional. ¡En nuestro nombre no se normaliza la guerra!“
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