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Condenado a 4 años por maltratar ''casi a diario'' a su mujer

AL AGRESOR TAMBIÉN SE LE ACUSÓ DE OBLIGAR A MENDIGAR A SU MUJER

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La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas ha condenado este jueves a un total de 4 años de prisión -2 por un delito de malos tratos habituales y 2 por otro de lesiones- a E.P.A., de 78 años y sin antecedentes penales, al considerarse como probado que maltrató a su esposa R.L.S. casi a diario durante 5 años, desde 1999 hasta 2004, según informó el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) en un comunicado.

De esta manera, la Audiencia consideró como probado que desde el año 1999 hasta febrero de 2004, el acusado golpeaba casi a diario a su esposa, produciéndole hematomas visibles en el rostro. Asimismo, y con la misma frecuencia, se dirigía a ella diciéndole profiriéndole diferentes insultos, además de expresiones como "te voy a dar una puñalada" o, "¿a ti qué te gusta, qué te pegue?", llegando a echar a su mujer un plato de comida por la cabeza.

Además, también se probó que sobre julio o agosto de 2002, época en la que vivía en el domicilio del matrimonio M.G.L.F., el acusado golpeó en la cara a su esposa en presencia de esta persona.

Por otra parte, el día 30 de diciembre de 2002, cuando ambos se encontraban en su domicilio, el acusado obligó a su mujer a meter el pie derecho en un recipiente en agua muy caliente y se lo mantuvo dentro a la fuerza, durante siete a diez minutos, "a pesar de los gritos de dolor de aquélla, -indicó la Audiencia-, pese a que E.P.A, era consciente de las lesiones que le iba a producir a Rosa".

Como consecuencia de la agresión, R.L.S. sufrió quemaduras de primer y segundo grado hasta región maleolar, con pérdida de epidermis, precisando de tratamiento médico con curas e ingreso hospitalario de 80 días con tratamiento quirúrgico de desbridamiento e injerto. La curación se produjo en unos 90 días.

La Fiscalía solicitaba 7 años y medio de prisión

Por su parte, la Fiscalía solicitó durante el juicio un total de 7 años y 6 meses de cárcel, -3 años por malos tratos y 4 años y 6 meses por lesiones- para E.P.A., mientras que la defensa pidió la libre absolución del acusado, según se puso de manifiesto el pasado 28 de enero durante la continuación del juicio que comenzó el 14 de enero en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas.

De esta manera, prestaron declaración 3 testigos. La primera de ella fue la forense, quien indicó que las quemaduras que sufrió la mujer en el pie se correspondían con quemaduras de primer y segundo grado y que podrían corresponder con el hecho de que E.P.A obligara, presuntamente, a mantener el pie de su esposa en agua hirviendo tras haber sufrido una torcedura.

El testigo E.B.T.D. manifestó haber presenciado cómo el acusado golpeó a la mujer "con la mano abierta" en la cara, un hecho que produjo que ésta cayera al sillón. También indicó que después del golpe siguieron discutiendo. Ante este hecho, el testigo acudió a denunciar lo ocurrido ante la Policía Local.

La última persona en declarar, M.G.L.F., -quien vivió en el domicilio familiar durante algo más de una semana-, expuso que conoció a la mujer porque ésta se sentaba en la puerta de su casa y que pedía dinero a la gente que transitaba por el lugar. Indicó que vio a la mujer con moratones y ojos morados, mientras que aseguró que la víctima le había confesado que fue su marido quien le había golpeado.

Además, señaló que en una ocasión fue testigo de una discusión entre ambos y que E.P.A. le levantó la mano. "Una vez le dio en la cara y le amenazaba con echarle a la calle", comentó.

Sobre la posibilidad de que la declaración de M.G.L.F. hubiera estado motivada porque el acusado la echó de su casa y presentó una denuncia por un supuesto robo, ésta negó que fuera así y afirmó que no se "acordaba" de la denuncia que le había puesto.

Por su parte, E.P.A., que siguió el juicio por videoconferencia desde los juzgados de Pontevedra, negó durante el juicio que maltratara a su esposa. "Me llevaba bien con ella pero tenía afición por el alcohol", dijo mientras reiteró que "nunca" le había dado puñetazos.

De esta manera, el pasado 14 de enero el procesado negó durante el juicio que la obligara a ejercer la mendicidad y atribuyó sus lesiones a caídas porque ella sufría de "muchas bajadas de tensión por la falta de alimentos".

"Ella estaba casi todos los días ebria y por eso venían las discusiones", afirmó el acusado por videoconferencia desde los juzgados de Pontevedra (Galicia), al tiempo que admitió que él también bebía "como todos los hombres". Confesó que en una ocasión le tiró a ella "un plato en la cabeza" porque le "tenía frito de no comer y se caía a cada momento por las bajadas de tensión que le daban".

Además, negó que el 30 de diciembre de 2002 obligara a su mujer a "introducir el pie derecho en un recipiente con agua hirviendo y mantenérselo dentro a la fuerza, pese a los gritos de dolor" de ella, tal como planteó la fiscal, lo que le causó a la víctima quemaduras de primer y segundo grado hasta la región maleolar con pérdida de epidermis. Explicó que ella se había caído y el médico le recomendó que introdujera el pie en "agua caliente con sal y vinagre", pero él cometió la "imprudencia" de no comprobar la temperatura del agua.

La víctima falleció en Pontevedra el 4 de diciembre de 2004 por una parada cardiorrespiratoria tras una enfermedad pulmonar común, según la Fiscalía, mientras que el acusado declaró que su pareja murió "por una deficiencia física porque no tenía reservas biológicas".

Indicó que ambos estaban unidos desde 1998 por un certificado de convivencia del Ayuntamiento de la capital grancanaria y vivían en el barrio de La Isleta. Comentó que él cobraba una pensión no contributiva y le arregló también una pensión a ella. Asimismo, señaló que "como ella no sabía hacer nada en casa", sino que él "lavaba, planchaba y realizaba todas las tareas del hogar", ella compró una silla plegable para ponerse en la puerta de un edificio a "pedir limosna".

En este sentido, negó que la obligara a mendigar y dijo que ella ganaba unos 300 euros a través de la indigencia, que les ayudaba a "pagar el apartamento, hacer la compra y vestirse".

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