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La recreación de una cripta del siglo XVI muestra los antiguos rituales funerarios

En los años 90 se hallaron los restos de varias personas en una cripta situada en un subterráneo del tinerfeño Instituto Cabrera Pinto, antiguamente un convento agustino

"El hallazgo de los enterramientos es una muestra de cómo la muerte ha estado presente en las vidas de los que estuvieron antes que nosotros", señala Ruth Azcárate, técnico superior del Museo de Historia y Antropología de Tenerife

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En los años 90 se hallaron los restos de varias personas en una cripta del siglo XVI situada en un subterráneo del tinerfeño Instituto Cabrera Pinto, antiguamente un convento agustino. Ahora se exhibirá una recreación de este emplazamiento para mostrar las antiguas costumbres de enterramiento.

Ruth Azcárate, técnico superior del Museo de Historia y Antropología de Tenerife, explica en una entrevista a EFE que se ha aprovechado la festividad del Día de Finados para recrear la cripta y arrojar "una luz" sobre cómo eran los rituales y costumbres funerarias en el pasado.

La cripta en cuestión fue construida en el siglo XVI, pero los restos de personas que fueron encontrados e investigados en los 90 por un equipo multidisciplinar de Museos de Tenerife corresponden a enterramientos del siglo XVIII.

Azcárate, que es responsable de Educación en el Museo, explica que la cripta estaba situada en la parte subterránea del antiguo convento de San Agustín en La Laguna que, con el proceso de desamortización de los inmuebles eclesiásticos, pasó a ser sede del Instituto de Enseñanza Secundaria Cabrera Pinto.

En la década de los 90 unas obras de remodelación en el centro propiciaron el descubrimiento de la cripta con restos humanos, lo que motivó una excavación arqueológica "de urgencia" por parte de especialistas de Museos de Tenerife.

"El hallazgo de los enterramientos es una muestra de cómo la muerte ha estado presente en las vidas de los que estuvieron antes que nosotros", señala Azcárate, que precisa que el hallazgo fortuito de la cripta permitió averiguar detalles de su uso y de los rituales funerarios de la época.

Uno de ellos fue el de que la cripta se utilizaba para velar el cuerpo de los frailes que fallecían en el convento antes de su sepultura y con el paso de los años se usó además como sepultura de personas ajenas a la comunidad religiosa, lo que era una práctica frecuente.

En la cripta se encontraron dos ataúdes de madera cubiertos de cal para evitar que la putrefacción fuera demasiado rápida, pero el hecho de que el recinto no se había concebido inicialmente como lugar de enterramiento lo demuestra el que no había nichos para introducir cajas mortuorias.

En una investigación "casi policíaca" los arqueólogos centraron su labor en los dos hombres sepultados en ambos ataúdes, cuyos restos aparecieron completos y ataviados con una rica vestimenta del siglo XVIII de estilo napoleónico, hasta llegar a la conclusión de que pertenecían a la ilustre familia de los Condes del Valle de Salazar.

En concreto se esclareció que uno de ellos era Cristóbal de Frías y el otro, Ventura Salazar de Frías.

También se encontró un pequeño osario en un canal de ventilación de la cripta con restos de siete personas de esta misma familia: otro hombre, cinco mujeres y un niño de entre 8 y 12 años, según los estudios bioantropológicos realizados por el personal de Museos de Tenerife.

En este caso no se ha podido "hilar más fino" respecto a la relación entre estas personas pues apenas se conservan algunas vértebras, un maxilar y otros pequeños fragmentos óseos.

Previsiblemente con el discurrir del tiempo la familia propuso al convento adquirir la cripta para conservarla en propiedad, pues tras el proceso de desamortización se ordenó exhumar a todos los cadáveres en otros recintos similares.

En el caso de la situada en el Instituto Cabrera Pinto, sin embargo, se mantuvo la cripta con los restos y aparentemente el motivo fue que uno de los portavoces de la inspección de la Junta del recién creado centro docente era de la familia del Valle de Salazar, detalla Ruth Azcárate.

Actualmente la cripta está vacía y tiene una loseta de piedra que marca su presencia en el claustro renacentista del antiguo convento agustino, y se ha situado una señal en la que se alude a la investigación realizada en el lugar.

Los dos descendientes del Valle de Salazar identificados fueron entregados a la familia, mientras que los restantes se depositaron en el Museo Arqueológico de Tenerife junto a la vestimenta, aunque el tejido estaba en mal estado y sólo habían pervivido botones, hebillas de zapato y galones de casacas.

Una selección de esta indumentaria se expondrá en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife desde hoy y hasta la Noche en Blanco de La Laguna junto con la recreación de la cripta, y además se mostrarán costumbres como los cuentos de finados, la gastronomía, el enramado con flores, las loas en los cementerios y la música de los ranchos. 

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