Adelante Andalucía: el soberanismo andaluz se abre paso hacia el Congreso
Andalucía vuelve a las urnas seis meses después de votar mayoritariamente al PP de Juanma Moreno en las autonómicas del 17 de mayo, que alumbraron el primer Gobierno de coalición PP-Vox. La comunidad más poblada de España, con 6,8 millones de habitantes, es la que más diputados aporta al Congreso (61). Sus votos, junto a los de Catalunya, siempre han sido decisivos para decantar al inquilino de la Moncloa.
Ningún dirigente extrapola el resultado de las andaluzas a las generales del próximo 29 de noviembre (29N), porque las dinámicas de votación son distintas. Pero venimos de unas andaluzas atípicas, disfrazadas de legislativas, en las que Pedro Sánchez se volcó personalmente en la campaña de María Jesús Montero y -admiten en el PSOE- fue el responsable de que los socialistas aguantaran el golpe y sumaran votos en unas autonómicas por primera vez desde 2018 (59.000 más), cuando perdieron el Gobierno andaluz después de 37 años en el poder.
“Vamos a la revancha de las andaluzas”; “Vamos a unas generales bis”, musitan voces de todos los partidos en liza, sin apenas tiempo para descansar desde la última campaña electoral. “El 29N son son unas elecciones constituyentes”. “Para el PP, las andaluzas fueron un plebiscito contra Pedro Sánchez y ganamos”, dice un dirigente del PP-A con un pie en Madrid.
Pero el presidente de la Junta se tienta la ropa. Este lunes, durante un foro en el Diario Sur de Málaga, ha pedido a su partido que “no se confíe” ante las encuestas que apuntalan una victoria del PP y una mayoría holgada para cogobernar con Vox en España. “El voto en las generales es más ideológico que en las autonómicas y las locales. La gente vota en bloque, no pesa tanto la persona del candidato. Vamos a intentar humanizar lo más posible estas elecciones”, ha dicho.
La palabra clave es “bloques”. Las andaluzas fulminaron la singularidad de Juanma Moreno, ahora es un presidente autonómico del PP que cogobierna con la ultraderecha, como sus compañeros de Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Los socios en Andalucía han empezado la legislatura con un perfil muy bajo, sin roces ni volantazos. Ambos se han conjurado para preservar un perfil bajo, pero el adelanto electoral les obliga a pelear por el mismo espacio político y, esta vez, el PP de Moreno está atado al pacto suscrito con Vox: “la prioridad nacional” de su aliado, que pide “deportar a todos los inmigrantes de España”.
Hasta la crisis migratoria de Ceuta, la consigna de la dirección nacional del PP era evitar sobresaltos en los gobiernos autonómicos que comparte con Vox. Pero la entrada irregular de 80.000 personas en la ciudad autónoma y los errores en la gestión del Gobierno de Sánchez han apuntalado un marco de debate público más propicio para la ultraderecha.
El otro, el impacto social del desahucio de Maricarmen, los decretos fallidos de vivienda, y las movilizaciones en la calle, es el “momentum” que esperaba la izquierda. “La ideología” que tanto temía el presidente andaluz se ha desbordado a derecha e izquierda.
Adelante, el factor imprevisible
La frase de Moreno denota preocupación en las filas. El dirigente popular ha convertido en anatema el término “ideológico”. Lo usa constantemente con un sesgo peyorativo, como algo exclusivo de las izquierdas, como un sinónimo de desorden, caos y polarización, frente a la moderación y la estabilidad que apadrina el PP.
La famosa vía andaluza con la que se presentó a las últimas elecciones, el camino intermedio para sortear el choque de trenes entre PSOE y Vox.
Pero el ganador de las andaluzas viene con la lección aprendida: un factor desestabilizante le arrebató la mayoría absoluta, un partido con sólo dos diputados en el Parlamento, sin grupo propio, que había transitado del hiperliderazgo de Teresa Rodríguez -el líder de Podemos Andalucía- hacia un perfil desconocido para el gran público, un joven profesor con gafas, José Ignacio García.
Adelante Andalucía desbarató el tablero de las autonómicas sin que nadie lo viera venir: eligió una ruta propia, alejada del guirigay de la “unidad de las izquierdas”, tras romper su alianza previa con IU y Podemos, una vía a medio camino entre el desplante arrogante contra la ultraderecha de Vox y la crítica severa al Gobierno progresista de PSOE y Sumar.
Moreno nunca lo tuvo como un rival directo, al contrario, le insufló oxígeno político convencido de que le serviría para dispersar aún más el voto de las izquierdas, para así recoger los restos de votos por obra y magia de la Ley d'Hont.
No funcionó. Ocurrió al revés: Adelante pasó de dos a ocho diputados, fue la formación que más creció (más que PSOE y PP juntos), sorpasó a la coalición Por Andalucía (Sumar-Podemos) y también a Vox en dos provincias clave, Sevilla y Cádiz. Nadie lo esperaba.
En el entorno del presidente de la Junta creen que Adelante fue quien “frustró la mayoría absoluta de PP” y, seis meses después, leen en sus sondeos internos que la formación que hoy lidera García “sigue creciendo mucho”. “Van a entrar en el Congreso sí o sí”, dicen.
Todos los partidos consultados por este periódico dan por hecho la entrada de Adelante en la Cámara Baja. El ascenso del soberanismo andaluz, 22 años después de que desapareciera el último diputado del Partido Andalucista (PA) en el Congreso. Un soberanismo andalucista, de izquierdas y anticapitalista, una rara avis, que aspira a condicionar desde el sur al Gobierno (como ERC y Junts desde Catalunya, como Bildu o PNV desde Euskadi, como el BNG desde Galicia).
“Un partido atrapalotodo, populista, que ha quitado votantes a PP y Vox ocultando que es anticapi, y ha quitado votantes al PSOE, ocultando que provienen de las filas de sus socios, Podemos e IU”, dice, muy cabreado, dirigente popular, próximo a Moreno.
El fenómeno de Adelante Andalucía es lo que más va a cambiar la campaña electoral de los partidos respecto al 17M. Ya está ocurriendo en el arranque de la legislatura, donde PP y Vox se han arrojado contra los andalucistas, denunciando sus alianzas “con los terroristas de ETA”, en referencia a Bildu. En apenas un mes han sido más duros con Adelante que en los últimos cuatro años.
Adelante Andalucía tiene una base electoral propia, consolidada, pero también ha sabido atraer a votantes desencantados con el Gobierno de Sánchez, y a votantes cabreados de las filas Vox. García ha podido combinar los golpes durísimos a los dirigentes ultra, con la mano tendida a sus simpatizantes, sobre todo a los jóvenes. “No se les puede llamar fascistas. Esa no es la respuesta a alguien que está cabreado porque no tiene casa ni trabajo y su salario es un mojón”, explicaba hace unos meses a este periódico.
Con todo, este trasvase de votos no está del todo acreditado en las encuestas postelectorales de las andaluzas, aunque sí parece claro que la base social de Adelante está en una generación de jóvenes, entre 25 y 40 años, una franja donde ahora mandan PP y Vox, pero donde el voto es más volátil.
“La gente cabreada con los políticos sí pasa de un extremo a otro”, admite un dirigente de Izquierda Unida. Esa generación sí está golpeada por la crisis de la vivienda, jóvenes muy ideologizados, que pueden marcar la diferencia en las próximas generales, tras el revolcón del desahucio de Maricarmen. “Los acampados en las calles impugnan el sistema de partidos y el Congreso. No sé si al final votarán todos los que se manifiestan, pero si lo hacen, están más cerca de Adelante que del PSOE”, dice una dirigente andalucista.
Este lunes, cuando Pedro Sánchez anunció la disolución de las Cortes, Adelante Andalucía no tenía aún candidato a las generales, pero su marca está consolidada y su líder se ha apresurado a confirmar que presentará listas en las ocho provincias (en 2023 sólo se presentaron por Cádiz y no lograron).
Su cabeza de cartel no será ni Teresa Rodríguez ni García (él mismo se ha descartado), pero lanzarán el nombre esta misma semana. En los próximos días convocarán asambleas exprés para votar internamente sus ocho listas electorales porque, como el resto de fuerzas nacionalistas, Adelante no presenta candidato como tal a la Presidencia del Gobierno de España. También tienen que reunir un mínimo de avales en cada provincia para formalizar su candidatura a tiempo (un 0,1% del censo): 6.673 en toda Andalucía.
Una de las bazas de Adelante es la posibilidad de clarificar su apuesta electoral antes que el conglomerado de izquierdas del Frente Amplio, aún en construcción, y con la difícil tarea de despejar su negociación con Podemos, de celebrar unas primarias abiertas, cerrar la candidatura, las listas y la estrategia de campaña, en tiempo récord. Hace tiempo que el pulso de las izquierdas va a contrareloj, probablemente desde el 15M.
Aunque García y Rodríguez presumen en público de haber “cuadruplicado su resultado” y “duplicado sus diputados sin haberle quitado ninguno a Por Andalucía” (Sumar, IU, Podemos), lo cierto es que entre ellos aún saltan chispas. Se disputan el mismo espacio progresista. Unos son “la izquierda pura e inútil”, “otros la izquierda dócil y de moqueta”.
Por separado tienen ahora 13 escaños (8+5), juntos sumaron 17 y, mucho antes de empezar las uniones y desuniones electorales, la irrupción de Podemos (15) llevó el espacio a la izquierda del PSOE a 20.
“La política no es aritmétrica, es geometría”, dijo Teresa Rodríguez, el domingo, en Salvados. También dijo que “las habas están contadas”. En efecto, la cota máxima que ha alcanzado la izquierda en Andalucía, en época del bipartidismo, no ha pasado de esos 20-21 escaños (de 109).
En Adelante Andalucía no hay debate: concurren en solitario, no se sienten interpelados ni por Gabriel Rufián ni por Pedro Sánchez ni por Antonio Maíllo. García está convencido de que su formación “ensancha el espacio progresista”. “Si hubiéramos ido juntos en las andaluzas, habríamos sacado menos de 13 escaños”, dice.
Movilización de derechas, movilización de izquierdas
Las elecciones de Andalucía aportan un espejo al que mirarse. Aunque el resultado no sea extrapolable, marcan tendencias que difícilmente habrán cambiado en apenas seis meses y, además, desmienten algunas de las premisas que han barajado los ministros de Sánchez para animarle al adelanto electoral. Por ejemplo, la movilización de las izquierdas.
La exvicepresidenta y candidata socialista, María Jesús Montero, señaló la abstención como el “principal rival” del PSOE y pidió una movilización masiva. La tuvo: la participación en las andaluzas del 17M fue histórica (un 64,8%, sólo dos puntos por debajo de las generales de 2023), uno de los más altos de la serie, tratándose de unas autonómicas que no coincidían con las legislativas. La izquierda se movilizó, pero la derecha también.
La izquierda se movilizó en varias direcciones, convirtiendo al partido andalucista fundado por Teresa Rodríguez en la gran sorpresa de la jornada. La derecha también se movilizó, pero en ese arco ideológico, el estirón del PP de Moreno fue mucho mayor que el de Vox (150.000 votos más, alcanzando un techo histórico de 1,7 millones de papeletas).
La ultraderecha subió un escaño; los populares perdieron cinco. Cosas de la Ley d'Hont. “A veces nos beneficia y otra nos perjudica”, sentenció el presidente la misma noche electoral, en un ambiente de funeral agridulce en la sede del PP-A.
A los de Moreno hoy les preocupa más Vox que el tirón de Pedro Sánchez en las urnas. Creen que el aura de resistencia del presidente del Gobierno “está amortizada”. “Está acabado”, avisan. Los populares no ocultan que encaran estas generales de la mano de Vox, “en bloque”. Aunque ellos pierdan diputados respecto al 23, “la suma de ambos será mayor”, avisan.
Entre los dirigentes provinciales del PSOE, el adelanto electoral ha sido muy aplaudido. Coinciden con el análisis del PP en una cosa: “Es la única ventana de oportunidad que nos queda”, dicen. Claro que la euforia instalada ahora mismo tiene más que ver con que las generales serán antes que las municipales, con suficiente margen de por medio para que el resultado, bueno o malo, permita a los alcaldes socialistas hacer una campaña centrada en temas locales, y no en la figura de Sánchez.
Evitar el superdomingo y la cercanía a los comicios municipales de mayo de 2027 era una demanda explícita del partido, que el presidente ha escuchado.
Los populares reconocen que el “momentum Maricarmen” tensiona al electorado progresista, pero creen que “dos meses en política es un mundo”. “Ha convocado por una cosa muy concreta, pero cuando pase el soufflé y empecemos a hablar de qué se ha hecho y qué no se ha hecho sobre vivienda en ocho años, la gente va adquirir conciencia. Sánchez ha reventado ya todas las expectativas de la gente de izquierda moderada, un millón de votantes del PSOE se ha pasado a la derecha”, dice un diputado del PP andaluz, próximo a Moreno. Aun así, admite que el presidente del Gobierno “no se va a desplomar”, porque el suelo del PSOE “es sólido”, y porque “ha decidido aglutinar en torno a sí a todo el voto progresista, del voto nacionalista al de extrema izquierda”.
Un secretario provincial del PSOE replica que es esencial introducir el debate de las competencias, “que la gente sepa que en las manos de los gobiernos autonómicos del PP estaba el dinero y la gestión de la vivienda, y no hicieron nada”. “Han recibido fondos del Gobierno como nunca para hacer viviendas y han torpedeado el plan y la ley estatal”, avisa.
José Ignacio García sostiene que el adelanto electoral le viene muy bien a Adelante Andalucía, porque aún puede impulsarse sobre el recuerdo de voto de las andaluzas. También cree que las movilizaciones por la vivienda son un punto de inflexión social, aunque “la derechización sociológica no ha acabado”. “En las marchas yo he escuchado : aquí estamos los antifascistas. El estallido social por la vivienda no sólo representa a la vivienda, hay un suspiro de alivio ante el avance de los ultra en todo el mundo. El pueblo de izquierdas, que va desde el votante del PSOE a gente que no vota, ha sentido liberación, como si llevase tiempo aguantándose las ganas de gritar en ese grupo de amigos en los que ahora los fachas hablan sin complejos”, advierte.
La paradoja de Adelante Andalucía es que lo que le hizo fuerte en las autonómicas le debilita en las generales. “Nuestro hándicap es el debate estatal”, admite García. Adelante tiene varias identidades solapadas y la campaña que preparan para el 29N pretende poner el foco más en “la cuestión de clase social que en el perfil soberanista”. “No nos vamos a presentar como la voz de Andalucía en Madrid”, como hicieron en 2023. “Vamos a decir que somos la mejor fórmula para quitarle votos y apoyo social a las derechas, como hemos demostrado en las andaluzas”, concluye.