José Ignacio García, 'El Gafa' de las camisetas que arrebató la mayoría absoluta al PP hablando con “alegría”
José Ignacio García (Jerez de la Frontera, 1987) es el político de moda en Andalucía, hasta el punto de que se ha convertido en piedra de toque del análisis post-electoral del resto de las izquierdas andaluzas.
Este lunes, Angels Barceló ha preguntado a María Jesús Montero por qué Adelante Andalucía sí ha sabido rentabilizar el descontento cuadriplicando escaños mientras el PSOE horada nuevamente su suelo electoral, y Montero ha soltado una frase que lleva la respuesta en sí misma. “De Adelante Andalucía hay que aprender que son mucho más eficaces en la comunicación política. [Tiene mucho que ver con] la presencia y en qué entorno y con qué formatos comunicativos tenemos la capacidad de ser más eficaces”. Presencias, entornos, formatos comunicativos. Minutos antes, ante el mismo micrófono, García lo había explicado así: “Hemos canalizado el cabreo de la gente”.
Es una tentación agarrarse a los elementos superficiales como explicación política justo después de unas elecciones, porque a diferencia de los que discurren a nivel profundo y requieren meses de análisis, estos están a la vista de todo el mundo.
Desde símbolos como García Lorca y Blas Infante a los fallos del cribado de cáncer, pasando por la defensa de Palestina, la lucha jornalera (“tierra y libertad”) y la resistencia a la turistificación de las ciudades (“antes todo esto era barrio”), hasta llegar a la silla de enea que lució este domingo, García ha paseado en su pecho los ejes de su campaña: defensa de los servicios públicos, identidad andaluza, reivindicación de una voz política propia. En el debate de RTVE logró colocar durante casi una hora de televisión prime time un mapa de Andalucía con los nombres de algunas de las mujeres afectadas por los fallos en el sistema de cribado del cáncer de mama. En el centro, 2.317, el número mínimo de afectadas que admite Moreno.
Un mensaje central repetido hasta la saciedad, sin necesidad de gastar una palabra, cada vez que hablaba a cámara. ¿Cómo asegurarte de que tu mensaje llega en medio de un guirigay? Póntelo en la camiseta. García sabe que una camiseta es un potentísimo elemento de identidad y una fenomenal herramienta comunicativa. Las camisetas dicen lo que queremos que digan de nosotros. García no ha renunciado a ningún formato de comunicación. Y cuanto más directo, mejor.
'Er Gafa' que promovió una Ley de Gafas
En la campaña del candidato de Adelante, ahora úninimente alabada, hay más elementos como este. García, que usa gafas para corregir su miopía, ha explotado a conciencia un mote, impulsado por cuentas como @adelantegafa (“Support your local andalusian candidate”), insistiendo en que es importante reírse de uno mismo: ponerle un apodo al candidato lo baja a la calle, lo humaniza, y es algo profundamente andaluz. Además, “el gafa” subraya el acento y, por si fuera poco, tiene hidden track: con dos diputados, Adelante Andalucía logró la unanimidad del Parlamento andaluz para pedir en el Congreso que el Sistema Nacional de Salud incluya las gafas y lentillas gratis para los menores. Allí la propuesta logró también el consenso, y el Consejo de Ministros acabó aprobando ayudas de cien euros.
El acierto es trasladar la cercanía en el tratamiento (en el extremo opuesto de la distancia del “usted” está el apodo cómplice) al contenido: si los niños y niñas necesitan gafas, García ha propuesto financiarlas con recursos públicos. Otra propuesta de Adelante: si no quieres que los niños y niñas coman comida recalentada de calidad dudosa en los comedores escolares, García propone acabar con la línea fría y recuperar la gestión pública con cocineras y cocineros que elaboren a diario productos locales.
La de García ha sido también una campaña “fresca”, ese adjetivo que sirve para definir a todo lo que se salga del guion y no huela a rancio. Es una consecuencia de la cercanía y de la juventud, que se traduce en píldoras comunicativas ligeras, directas y sin pompa, que sintonizan directamente con el lenguaje de la calle. No se trata sólo de hacer memes. Más de medio siglo citando a McLuhan y aún cuesta entender que el medio (dónde, pero sobre todo cómo se dice) es el mensaje.
La conexión del candidato joven: curtido en el 15M y opositor
Con 38 años, García era también el candidato más joven: Moreno (56), el menor de los demás, le saca casi dos décadas. Por afinidad generacional, García lo tenía más fácil para recoger la adhesión de los millenial y Generación Z, jóvenes (algunos forzados a seguir siéndolo) frustrados por la incapacidad de iniciar proyectos vitales por la falta de acceso a vivienda y las bajas expectativas laborales. También de los ya no tan jóvenes, que lo ven como vínculo directo con el movimiento 15M, en el que participó hace ya 15 años. El candidato jerezano forma parte de aquella cohorte que acampó en las plazas y, antes, de las movilizaciones contra el Plan Bolonia.
La propia peripecia vital de García facilita esa conexión. Hijo de médica de Urgencias y de profesor de Secundaria, ambos de la sanidad y la educación públicas, es licenciado en Psicología y durante años fue orientador educativo interino en instituto. Tuvo que marcharse a Teruel para trabajar de lo suyo después de que el Gobierno de Susana Díaz recortara plazas en su especialidad. Y aunque desembarcó en las instituciones en 2019, cuando fue elegido parlamentario andaluz por Adelante Andalucía (entonces aún vinculada a Podemos), siguió estudiando las oposiciones de profesor, hasta que sacó plaza en 2021.
Pidió entonces compaginar su escaño con su trabajo como las prácticas, cobrando sólo el salario de profesor. El Parlamento andaluz rechazó que pudiera ser funcionario en prácticas y diputado, y él renunció al escaño. Insistió entonces que la pedagogía era su pasión, y argumentó que completar las oposiciones formaba parte de un compromiso “personal y colectivo” contra la profesionalización de la política.
Este bagaje le sirvió para exponer a Moreno por “chantajear” a los opositores con suspenderlas si no se le reelige con celeridad. “Hay miles de andaluces y andaluzas dejándose un esfuerzo económico brutal por estudiar unas oposiciones. Yo sé lo que es estudiar unas oposiciones. No sé si usted lo sabe, pero es durísimo”. Moreno ha encadenado cargos políticos desde que fue elegido concejal del Ayuntamiento de Málaga con 25 años.
El último centro en el que García trabajó fue el IES Isla de León de San Fernando (Cádiz), en el que ejerció hasta enero de 2023 que se reincorporó al Parlamento, sustituyendo a Teresa Rodríguez, que volvió a la docencia.
Trascender las fronteras del andalucismo
Todo esto, y un buen puñado de elementos más profundos que irán desentrañándose en los próximos meses, ha llevado a García y Adelante Andalucía a un resultado histórico: ocho diputados (tenía dos hasta ahora) y más de 400.000 votos, por los 168.000 que logró en 2022, donde ni siquiera se presentó en todas las provincias.
Hay, además, algunas victorias parciales que a García le gustaría que fueran síntoma de algo que está por venir. Adelante Andalucía, un partido andalucista de izquierdas, ha ganado a Vox (un partido centralista de ultraderecha) en dos provincias (Sevilla y Cádiz). “Se puede salir de la depresión permanente. Se puede superar a Vox y plantar cara a la extrema derecha”. Y además, ha difuminado la histórica frontera del andalucismo político, arraigado en las provincias occidentales (Huelva y, especialmente, Sevilla y Cádiz), e irrelevante hasta ahora en las orientales. Adelante Andalucía ha irrumpido en Huelva, Córdoba, Málaga y Granada, donde el andalucismo no lograba escaño desde hace más de veinte años, además de multiplicarse en Sevilla y Cádiz (dos escaños en cada circunscripción).
En sus declaraciones post-electorales, García ha evitado la euforia: el objetivo, “echar a las derechas”, no está cumplido pero Adelante “ha puesto las bases” a partir de tres elementos. El primero, ser una fuerza política netamente andalucista: “Esto nos ha dado libertad para defender las cuestiones que benefician a la clase trabajadora andaluza y criticar las que perjudiquen, independientemente de quién gobierne”, ha dicho en Hoy por Hoy. Segundo, una línea de independencia del gobierno del PSOE y Sumar: “No somos una izquierda que simplemente aspire a coger dos consejerías o un ministerio, y ser subalternos del PSOE. Queremos mucho más”. Y por último, un estilo: “Intentar hacer las cosas con un poquito de alegría, no echar la bronca a la gente, que la izquierda ha caído un poquito en eso”.
El “derecho a la alegría”
“Nos tomamos muy en serio el derecho a la alegría”, fue una de sus grandes frases en el primer debate electoral, quizá el punto de no retorno de su campaña, que empezó en Málaga advirtiendo de que en las semanas siguientes iba a hacer algo “revolucionario”: “Hablar de sentimientos”. Del agobio porque no llega la cita médica, dijo. Del “embudo” en la garganta por no poder pagar la hipoteca. De las familias que no tienen recursos para los niños con necesidades especiales. “De sentir en andaluz. De sentir esperanza”.
Todo eso fue visible en los debates electorales, donde García zarandeó lo mismo a Montero a cuenta de la propuesta de un nuevo modelo de financiación que a las derechas por el enriquecimiento de las empresas privadas de sanidad (a las que siempre ha mencionado por su nombre, a diferencia de otros: Adeslas, Sanitas, Quirón), distinguiéndose también con nitidez de la izquierda más ortodoxa. Con un lenguaje cotidiano, con ligereza en la forma pero densidad en el fondo, García fue el primero que puso pie en pared ante las motivaciones de la “prioridad nacional” de Vox: “Es que eso es mentira. Ustedes aparte de mentirosos, son malas personas”.
Aquel día, García se hizo mainstream presentándose a los andaluces como candidato de la izquierda andalucista. De nuevo, el medio era el mensaje: algunas cosas mejor decirlas en camiseta.