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Festival de Cannes

John Travolta regresa al lugar donde nació 'Pulp Fiction': “Estamos abrumados por el lado oscuro de la vida. Hay que recuperar la inocencia infantil”

John Travolta con la Palma de Oro honorífica de Cannes

Javier Zurro

Cannes —
18 de mayo de 2026 00:49 h

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John Travolta pisó el Festival de Cannes por primera vez en 1994. Ya era una estrella mundial. Había protagonizado Fiebre del sábado noche y Grease, pero su carrera parecía encallada en producciones hollywodienses pensadas para convertirse en éxitos efímeros como la saga de Mira quién habla. Sin embargo, un por aquel entonces cineasta prometedor llamado Quentin Tarantino pensó en él para interpretar a un personaje cuyo nombre quedaría en la historia del cine, Vincent Vega. Travolta se reivindicaba con Pulp Fiction como actor capaz de cosas mayores; aunque ya había estado nominado al Oscar por Fiebre del sábado noche. Fue en Cannes donde la película se vio por primera vez y fue aquí donde Tarantino ganó con 31 años la Palma de Oro con su segunda película. Él lograría su segunda y última nominación a los premios de la Academia de Hollywood.

Han pasado 32 años, y John Travolta ha regresado a Cannes con su primera película como director, Ven a volar conmigo, una cinta de 60 minutos que adapta su propio libro publicado en 1997 y donde cuenta cómo siendo un niño se enamoró de la aviación. Con una mirada nostálgica, que adopta el punto de vista del Travolta niño que vuela por primera vez, el director muestra cómo nació esa fascinación y de paso le dedica una carta de amor a su madre, que quiso ser una estrella de cine, algo que luego él conseguiría. 

El día de la proyección, Thierry Fremaux le entregó una Palma de Oro honorífica que el actor recibió entre lágrimas en un evento, que definía como “una celebración magnífica” entre un grupo reducido de periodistas internacionales entre los que se encontraba elDiario.es. No sabe si fue Pulp Fiction la película que hizo que la gente le viera como un actor serio, pero sí que recuerda el momento en el que la vio por primera vez en el Gran Teatro Lumiére: “Es la pantalla más grande que jamás había visto, y yo no había visto todavía la película. Mi esposa estaba a mi lado, y cuando aparece la escena en la que mi personaje estaba drogado con heroína mi esposa me agarró y me dijo: ‘Cariño, esta película… ¿Sabías qué iba a ser así?’. Yo la estaba viendo por primera vez junto al mundo, no había visto ningún montaje previo, así que ese fue el impacto, me acuerdo de Kat”.

Con Ven a volar conmigo ha querido, además, trasladar su visión del mundo, y es una visión que se aleja del cinismo imperante. “Queríamos hacer esta película porque la esperanza y la resiliencia de un niño son únicas, y hemos olvidado lo que eso significa. Yo siempre he sido el más optimista, viendo el vaso medio lleno y no medio vacío. Siempre he buscado lo siguiente bueno que pudiera pasar. Incluso si escuchaba malas noticias, hacía como en la película, te puedes sentir mal por ello, pero eres resiliente, y te recuperas rápidamente. Quería que eso fuera un ejemplo de que podemos volver a tener esa cualidad si recuperáramos esa inocencia infantil. Pero también era una época diferente. Era una época específica de pensamiento. Los puntos de vista personales eran más positivos y no estábamos tan abrumados por ver el lado oscuro de la vida”, opina John Travolta.

Aun así confiesa que esa actitud optimista, esa inocencia infantil “se ha puesto a prueba” en muchas ocasiones, pero que no puede evitar ser así. “Esa es mi naturaleza. Mi naturaleza es ver el lado positivo. Incluso si sucede lo peor, haré todo lo posible por salir de ello y ver qué podría ser mejor, cómo podría manejarlo y resolverlo. Mi naturaleza no es ocultarme donde no puedo ver nada. Yo miro a la oscuridad, pero no elijo morir con ella. No es mi naturaleza”, apunta sobre su filosofía vital que quiere compartir con su debut como director.

Actor y piloto

La pasión de aquel niño que descubrió un avión y que ahora traslada a la pantalla hizo que aprendiera de forma profesional la carrera de piloto. Cuenta orgulloso que lleva “más de 10.000 horas de vuelo y 15 habilitaciones para aviones a reacción”, que sabe pilotar “tres tipos de aviones de combate diferentes” y que cada año va “a la escuela tres o cuatro veces para entrenar y estar en forma”. También dice sin pudor que tiene en propiedad cinco aviones, aunque pronto serán cuatro. “Estoy a punto de vender uno porque es demasiado, pero el avión que sale en la película es mío”, dice orgulloso.

Volar le “aporta objetividad”. “Me permite no estar metido en mis propios pensamientos. Puedo estar mirando hacia afuera, como también ocurre cuando diriges. No tengo que preocuparme por interpretar un personaje ni por descifrar el comportamiento de otra persona, sino que estoy viendo a otra persona hacerlo y puedo corregirle yo mismo. Así que es una atención hacia afuera y no hacia adentro”, analiza.

De izq. a dcha. Olga Hoffmann, Kelly B. Eviston, Clark Shotwell, John Travolta, Ella Bleu Travolta y Edouard Philipponnat durante el 79º Festival de Cine de Cannes. EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER

Eso sí, no pretende dejar de actuar para dedicarse por completo a ser piloto. De hecho estrena en noviembre una película que avanza, será “bastante controvertida”. “Se llama Noviembre de 1963 e interpreto a Johnny Roselli, quien supuestamente, según la mafia, fue quien disparó al presidente Kennedy. Al parecer, según esa versión, esto fue lo que sucedió de verdad. Creo que será distinta a JFK, que era especulativa”, avanza. Como director, de momento nada, solo será algo que se sienta obligado a hacer él.

Su película es, también, un homenaje a su madre, una mujer “amable, considerada, educada, cariñosa”. “Era una actriz brillante, una directora brillante. Amaba profundamente a su familia y lidiaba con las situaciones menos ideales con mucha entereza. Debería haber sido como Bette Davis, Joan Crawford o Barbara Stanwyck. Nosotros no teníamos dinero, pero ella tenía estilo. Ella decía: 'Teníamos más estilo que dinero'. La gente rica dejaba su ropa de segunda mano en el sótano de la iglesia y mi madre los compraba ahí. Yo tenía trajes de Christian Dior que costaban 10 dólares porque pertenecían a una persona rica que vendía ropa de segunda mano”, dice emocionado.

Volar aporta objetividad. Me permite no estar metido en mis propios pensamientos. Puedo estar mirando hacia afuera, como también ocurre cuando diriges

John Travolta Actor y director

Fue ella quien le hizo amara el cine. La primera película que vio no fue un clásico de Disney, sino La Strada de Fellini. Lo dice orgulloso. “Mi madre era irlandesa y mi padre era italiano, así que les encantaban las películas internacionales. Elizabeth Taylor, Marcello Mastroianni, Sophia Loren... Esas eran las películas que veíamos. Claro que también me encantaban West Side Story y Mary Poppins y todas las cosas que les gustan a los niños, pero me llevaban al cine con ellos cuando veían esas películas más maduras”, dice.

De esas películas se llevó con cuatro años, una de las experiencias más fuertes como espectador. “Recuerdo estar viendo La strada, y cuando ella muere le pregunté a mi padre que qué había pasado, y él me dijo que ella había muerto porque le rompieron el corazón. Le pregunté que si eso podía ocurrir y me dijo que sí y entonces pensé: nunca quiero romperle el corazón a nadie. Pensé que uno podía ponerse tan triste que podía morir de un corazón roto. Era una hermosa idea, una hermosa expresión”. Ahí vuelve a mostrar esa inocencia infantil que reivindica y que le hace asegurar que aunque en su pasaporte pone que tenga 72 años él siente que tiene otra edad diferente: “De cinco a siete, como mucho ocho”.

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