Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Paloma Valencia, la delfín de Uribe que quiere devolver a la derecha al poder en Colombia

Paloma Valencia rodeada de su mentor, Álvaro Uribe (izquierda), y de su candidato a la vicepresidencia, Juan Daniel Oviedo

Camilo Sánchez

Bogotá —
18 de mayo de 2026 00:49 h

0

Paloma Valencia (Popayán, 48 años) tiene todas las credenciales para cristalizar la gran obsesión de Álvaro Uribe: devolver a la derecha dura al poder en Colombia. Senadora incisiva y oradora solvente. Es una de las políticas más fieles al espíritu del Centro Democrático, la formación conservadora fundada en 2013 por el líder septuagenario. Hoy su ascenso en las encuestas es, quizás, el dato más sorprendente de la campaña presidencial. En noviembre pasado era casi invisible en el partido. Ahora ronda el 20% de intención de voto y se disputa el pase a la segunda vuelta con el penalista ultra Abelardo de la Espriella. La primera vuelta de las presidenciales se celebra el 31 de mayo.

Su gran impulso electoral llegó en marzo. Valencia ganó entonces con casi 3,2 millones de votos la nominación en unas primarias celebradas por un puñado de movimientos de centro y centroderecha inquietos por el liderazgo de Iván Cepeda, el candidato del izquierdista Pacto Histórico. El camino interno, sin embargo, ha sido pedregoso. Su elección previa dentro del Centro Democrático generó polémica debido al descontento de otros aspirantes con los procedimientos de la formación conservadora. “Los estatutos del partido dejan claro que la última palabra la tiene su fundador, Álvaro Uribe. Y si uno revisa sus pasados tres candidatos presidenciales, la conclusión es evidente: todos fueron designados a dedo”, afirma el politólogo de la Universidad Nacional Shameel Tahir Silva.

Valencia se ha curtido en sus 12 años en el Congreso. Su gran cruzada ha sido rechazar el acuerdo de paz con las FARC: lo combatió en las calles durante el plebiscito de 2016 y lo ha seguido atacando desde su escaño. Contra Petro ha sido implacable: denunció sus escándalos y bloqueó sus reformas. En el Senado le lleva la contraria con una disciplina que sus rivales admiran en silencio. Y tiene una causa propia: la infancia. Ha presentado leyes contra el maltrato infantil.

Hoy se opone a la adopción por parejas del mismo sexo, aunque no siempre fue así y en 2016 afirmaba en el Congreso que no había razones para impedirla. “Paloma ha desarrollado una doble fama”, explica el politólogo Tomás Molina. “Por un lado, el de una política juiciosa que estudia los temas y apoya proyectos moderados: ha respaldado al sector agropecuario y la modernización del sistema de donación de órganos, por ejemplo. Por el otro, es inamovible en la defensa del ideario más radical del uribismo. Es leal a sus principios, de otra forma Uribe no la habría elegido”.

Los estatutos del partido dejan claro que la última palabra la tiene su fundador, Álvaro Uribe. Y si uno revisa sus pasados tres candidatos presidenciales, la conclusión es evidente: todos fueron designados a dedo

Shameel Tahir Silva Universidad Nacional

No despierta odios enconados ni grandes pasiones. La gran incógnita de su campaña es hasta dónde llegará la sombra de Uribe, su mentor y padrino político. Su fórmula vicepresidencial ofrece pistas: Juan Daniel Oviedo, economista de 49 años, exdirector del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) y el más votado en la consulta interpartidista de marzo con 1,2 millones de sufragios —el doble que en su candidatura a la alcaldía de Bogotá en 2023—. Además es gay, un dato que en el universo tradicional del Centro Democrático pesa. Valencia lo eligió para seducir votantes que el partido nunca había alcanzado.

El nuevo equipo despertó entusiasmo inicial en algunos votantes que veían una puerta para la moderación. Sin embargo, Valencia, que busca el paso a segunda ronda, se ha estancado en torno al 20% en el promedio de las cinco principales encuestadoras, mientras De la Espriella la supera en las últimas semanas por cerca de cinco puntos. Pedro Medellín, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad París III, advierte las causas: “La alianza con Oviedo nunca cuajó en estrategia compartida. Nunca hubo conversación previa ni agenda clara”. El 25 de abril quedó en evidencia: en un mitin en Medellín, Valencia propuso a Uribe como ministro de Defensa. Horas después, en Bogotá, Oviedo dijo públicamente que no estaba de acuerdo.

A los problemas de campaña se suman otros rezagos ideológicos. Alejandro Chala, politólogo de la Universidad Nacional, advierte que el modelo de austeridad estatal y acento militar que llevó a Uribe al poder ya no responde a la Colombia de hoy: “El conflicto armado tiene lógicas distintas a las de principios de siglo. Los grupos violentos ya no buscan tomar el Estado, sino controlar economías y rentas criminales en territorios específicos”. Por eso los observadores que han revisado el plan de seguridad aún lo califican de crudo: reducir ingresos mafiosos, robustecer la fuerza pública, reconquistar comunidades y reinsertar delincuentes.

La candidata a la presidencia de Colombia por el partido Centro Democrático, Paloma Valencia, y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo.

En opinión del experto la discusión pública se ha desplazado, además, hacia temas como la redistribución económica o las agendas identitarias. Y ahí Valencia navega incómoda. Es nieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia y del fundador de la reputada y costosa Universidad de los Andes, Mario Laserna. Un linaje que a veces sirve como credencial y otras como lastre. Sobre todo porque hoy aspira a atraer a un electorado joven que no vivió los años de fervor uribista y que en 2022 eligió por primera vez a un presidente de izquierda sin militancia en ningún partido tradicional.

No le favorecen tampoco algunas salidas en falso. En 2015 propuso en Twitter dividir el Cauca —su provincia natal— en dos zonas: una para indígenas y otra para mestizos. Las redes sociales ardieron. La tacharon de racista. Varios juristas la calificaron de segregacionista. El contexto no es menor. El 21,5% de la población del Cauca es indígena —una comunidad devastada por la pobreza y la violencia–. Los Valencia, a su vez, llevan siglos siendo el clan terrateniente e intelectual que ha predominado desde la política y la economía en esos territorios. 

Tomás Molina va más lejos: la ausencia de un proyecto fresco del Centro Democrático resulta inquietante en un país con serios problemas fiscales, un maltrecho sistema de salud y una nueva oleada de violencia en curso. Paloma, en su opinión, no inspira una visión de futuro. 

El contraste con de la Espriella es nítido. Pedro Medellín lo describe sin ambages: “Abelardo tiene su estrategia clarísima, un equipo centrado y nunca pierde el foco del electorado al que se dirige”. El penalista ha construido una maquinaria que moviliza. Los desencuentros públicos entre los dos candidatos de la derecha han sido notorios en la recta final. Pero la aritmética electoral rara vez respeta las promesas de campaña. Y en segunda vuelta, tarde o temprano, tendrán que sentarse a negociar para evitar el descalabro.

Shameel Tahir Silva coincide: la propuesta de la primera mujer con opciones reales de llegar a la presidencia se reduce a defender un modelo institucional que estabilizó el sector privado y los mercados, a costa de modestos y lentos avances sociales. Basta recordar que el PNUD y el Banco Mundial sitúan a Colombia como la tercera sociedad más desigual del mundo. No es casual que esa asimetría haya sido la mejor munición política de la izquierda. En especial desde el estallido social de abril de 2021. Ahora el país afronta una pregunta profunda: si el péndulo político ha encontrado un nuevo e inesperado centro de gravedad.

Etiquetas
stats