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La desigualdad en tiempos de coronavirus

Francisco Lupiáñez, director de Inserta Andalucía

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La crisis del Covid-19 está suponiendo una alteración sin precedentes de nuestras rutinas diarias debido al confinamiento, y así evitar que personas asintomáticas puedan contagiar a otras, en especial a los grupos más vulnerables. Uno de los primeros sectores que se vieron afectados por estas medidas de aislamiento social fue el sector educativo, aunque posteriormente se impuso a muchos otros sectores.

La imposición de las medidas de aislamiento social nos está haciendo transitar por un caminos desconocidos hasta el momento, y el primer gran impacto ha sido que miles de niños, niñas y jóvenes dejen de acudir a sus correspondientes centros educativos para quedarse en casa, sin tener claro si esta medida va estar vigente durante el estado de alarma o se va a prorrogar durante mas tiempo.

Muchas de las consecuencias de estas medidas serán difíciles de preceder y están por llegar, pero las que afectan a las personas que están en situación de riesgo hay que ponerlas especialmente de manifiesto.

Vivimos en una comunidad autónoma donde el 8% de los hogares presentan carencia material severa, es decir, hogares que no pueden disponer de un ordenador en casa o un teléfono móvil, afrontar gastos imprevistos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada. Un 32% de los hogares se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social.

La primera opción que se ha tomado para los niños, niñas y jóvenes ha sido la impartición de clases de forma telemática a través de tablet, ordenadores, etc., pero en una comunidad autónoma donde tenemos un 32% de los hogares en riesgo de pobreza parece que no es la más acertada si no queremos que las mismas familias de siempre sean las pagadoras de esta crisis del Covid-19, perpetuando su situación de riesgo.

Medidas complementarias

Una vez terminada la situación de confinamiento debería ser obligatorio para el sistema educativo tomar medidas complementarias que compensen a aquellas familias que se encuentren en situación de riesgo para que no se vean gravemente perjudicadas por esta situación. Además, y al margen, el Estado deberá de implementar los programas de inclusión social para que no se incremente de forma significativa el número de familias con menores a su cargo que no puedan garantizar una dieta saludable a sus menores.

Esta situación de confinamiento también nos debe hacer reflexionar sobre la situación de exclusión digital en la que viven muchas familias, y si no estamos generando otro elemento más de desigualdad entorno a este nuevo elemento. La actual crisis nos debe hacer reflexionar sobre la urgencia de establecer programas complementarios de apoyo y refuerzo para aquellas familias que no pueden ofrecerlo de forma natural. Esta es la verdadera forma de romper con el ciclo de la pobreza, ampliamente analizado por muchos estudios y abordado de forma parcial, poco estructurado y planificado por parte de la administraciones.

Pero las medidas de aislamiento social han puesto en evidencia otro elemento poco estudiado y en la que aún no se ha realizado una reflexión seria, si se optase por una mayor interrupción del curso por la facilidad que tienen los menores y jóvenes de trasmitir el virus: ¿Que medidas de apoyo específicas se realizarían a las familias? ¿Tendrían que renunciar las mujeres a sus puestos de trabajo para cuidar a sus hijos e hijas? ¿Podemos obligar a las empresas a dar teletrabajo aunque el puesto de trabajo en sí no lo permita? ¿Quién asume el coste de este? No podemos permitir que la respuesta a todos estos interrogantes sea que la mujer vuelva a casa a cuidar de los niños y niñas, que es lo que empezó a suceder en los primeros días, cuando aun no se había decretado el estado de alarma. Es por ello que tras esta crisis se deberá reforzar e impulsar de forma obligatoria un plan de igualdad en todo el territorio para que las cargas de las familias que tengan hijos recaigan por igual en hombres y mujeres, y no quede al mero arbitrio individual.

Si no queremos que esta crisis la sigan asumiendo los mismos de siempre, mujeres y familias en riesgo de pobreza, se deberá estructurar de forma temprana una respuesta profunda por parte del Estado del bienestar, o de lo contrario las brechas existentes en nuestra sociedad, principalmente con familias en situación de pobreza, mujeres y jóvenes, se ampliarán y el punto de inicio será peor que la anterior crisis. Trabajemos para que esto no suceda.