Entrevista
María Peláe: “Los cambios tienen que venir del pueblo y la ley tiene que adaptarse”
Dolores Jiménez fue una mujer libre y rebelde que tuvo que esconder sus libertades cuando las troncharon de un cuajo. Republicana a pesar del franquismo, empresaria a pesar del machismo, libre a pesar de la dictadura y su propia ceguera, para la mayoría Dolores es “sólo” la Niña de la Puebla, la cantante de flamenco y copla detrás de la versión más popular de 'Los Campanilleros', una de las canciones más arraigadas en la cultura popular andaluza. Durante siglos fue cantada para el Rosario de la Aurora, y luego adoptada como villancico flamenco navideño por el propio padre de la Niña de la Puebla.
Hace ahora un par de años, la actriz malagueña Adelfa Calvo decidió rescatar la historia de su abuela Dolores, viva en las conversaciones registradas en decenas de casetes que ella misma había grabado, y aquel viaje al de Calvo a la vida de su abuela fue documentado por Remedios Malvárez (Pico Reja, Fandango) en Acuérdate de mí, una película documental estrenada en el pasado Festival de Málaga.
Un momento central de esa película es la versión descarnada, profunda, convulsa, que María Peláe (Málaga, 1990) y Alba Reig han hecho de la canción que un día la Niña de la Puebla hizo suya. Una versión particularísima, que recoge los versos libertarios y dolientes escritos en su día por la propia Dolores, escondidos luego durante décadas: “Toas las flores del campo andaluz/regadas con sangre de los campesinos/que perdieron su vida luchando/pidiendo justicia por esos caminos/Y al amanecer toas las madres/lloran a sus hijos/y se vuelven locas sin poderlos ver”. “Libertad, sublime palabra, la idea más hermosa de la humanidad”.
Por eso, cuando se lo propusieron Peláe no dudó: “Pelos de punta, p’alante y contad conmigo”.
Su familia es aficionada al flamenco. ¿Conocía ya la figura de la Niña de la Puebla?
Conocía, sobre todo, la parte artística. De la parte personal, no tenía mucha idea y esperé a la grabación del documental para hacerle preguntas a su propia nieta y que me contara algunas curiosidades. Precisamente por eso también es necesario que haya documentales como este, que a figuras tan importantes las veamos más claro y podamos hacer la radiografía de un país a través de una artista como ella.
De su faceta artística, hay un rasgo muy singular que suele destacarse: la voz de Niña de la Puebla apenas cambió en toda su vida. La tesitura en las primeras grabaciones registradas, en los años 30, es similar a la que tuvo en sus últimas apariciones, ya casi en el año 2000.
Tenía un carácter especial a la hora de cantar. Ella no empezó cantando flamenco y tenía una formación muy buena en cuanto a canto. Precisamente, saber colocar bien la voz y ser estudiosa y aficionada del flamenco, viniendo de otras músicas, es lo que le hizo mantener esa manera de cantar. Yo misma me escucho hace seis años y digo: “María, eres otra”. Da igual el tiempo que pase, [ella mantenía] sensibilidad y saber. Y yo creo que eso lo da también lo estudiosa de los palos que era.
Háblenos de 'Los Campanilleros'. Es una canción que populariza Niña de la Puebla, pero está clavada en la tradición oral desde hace siglos. ¿Qué dice hoy 'Los Campanilleros' a los andaluces y andaluzas?
Si en una canción mezclas palabras como 'Andalucía' y 'libertad', y, en este caso, se añade la letra concreta que hace la Niña de la Puebla, donde se recoge parte del sufrimiento femenino en plena guerra… Manuel Torres fue el primero que la aflamencó, pero después cada uno hizo sus propias versiones y ella tuvo a bien, en plena Guerra Civil, llevar ese dolor desde el punto de vista de las mujeres que estaban sosteniendo a una familia, que estaban esperando a sus hijos a que volvieran, o no, de la guerra... Se me ponen los pelos de punta. Es una parte de la historia que también tiene que ser contada. Es muy bonito que haya sido cantada y que hayan contado conmigo para eso.
Remedios Málvarez dice que es una versión de 'Los Campanilleros' que estuvo “exiliada”. Quizá en esa misma situación hay otras muchas historias, canciones y voces registradas que se han permanecido ocultas muchos años y que quizás siguen ahí, a la espera de que alguien, algún día, las rescate.
Totalmente. Por eso yo creo que en el documental sean esos cassettes, y que su propia nieta le da al play, es muy gráfico. Me hubiera encantado tener cassettes con mi abuela contándome su historia.
¿Cómo se enfrenta a algo que ya está tan identificado con un artista a la que respeta y admira?
El respeto estaba desde el momento en el que me mandaron ya la letra y me dijeron: “Haz esto, pero sé completamente libre”. Para no pasarnos de modernas ni de antiguas, hemos intentado que tenga una progresión cinematográfica. Sientes cómo la ansiedad comienza desde un punto y acaba en otro completamente diferente. De hecho, comienza con el ritmo normal de 'Los Campanilleros' y termina por bulería, porque así lo sentíamos, o así al menos lo sentía yo, que iba a poder relajarme más cantándola. Y creo que siendo fiel a cómo yo la sentiría más, iba a ser más fiel todavía a lo que creo que ella quería decir con esa letra.
¿Cuál es la historia de esa versión?
En la versión que se hizo conocida la letra era de su padre, que era un gran revolucionario. Esa letra fue la que se quedó grabada. Pero después, ya en la guerra y posguerra, no se sabe exactamente bien la fecha, ella escribió estos versos, que no sé si llegó a cantarlos en directo, y que gracias a su familia han llegado a nosotras. Aun siendo versión, es muy inédita porque tiene partes de los versos escritos por ella y que no se han podido escuchar.
La película reivindica también un legado personal de Niña de la Puebla como referente feminista y republicana. ¿Qué papel cree que tendría la Niña de La Puebla hoy?
Creo que como persona tan culta que era, estaría muy puesta en todo lo que está ocurriendo y sería muy consciente de las clases sociales. Por lo que me han podido contar y por lo que hizo, me la quiero imaginar revolucionaria. Es una mujer que criada en plena República, a la que justo después le pilló la guerra y encima una mujer ciega en aquel entonces que se salva casi de chiripa. Es una historia compleja: tiene una educación en plena libertad y luego tiene que exiliarse en sí misma, porque no pudo cantar algunas cosas, aunque me han comentado que si las seguía cantando la letra que le daba la gana. Pero claro, la historia es la que es y España se quedó como se quedó. Creo que a ella precisamente no se le iba a olvidar la Historia, como creo que está pasando ahora, que parece que se nos olvida.
¿Cree que en algún momento podríamos tener que guardarnos las libertades para cantar, hacer cine, hacer teatro o, simplemente, para expresar ideas?
Estoy en un momento de reflexión, porque yo intento de verdad llevar la libertad en mis canciones, decir lo que creo coherente, pero el hecho de decirlo últimamente y tener un poco de miedo a las reprimendas, hacía mucho que no me pasaba. Creo que se está apoderando de la sociedad la agresividad, el insulto fácil. Se está apoderando partes que ya no son muy humanas. Lo siguiente es el odio. Lo que más miedo me da el que la gente deje de ser gente, que dejen de ser personas. Muchas veces miramos atrás y decimos: “Pero por Dios, ¿cómo pudieron hacer esto? ¿Cómo pudo hacer lo que hizo y seguirle tanta gente? ¿Cómo puede estar pegando una paliza a esta persona? ¿O cómo puede estar diciendo esto y después dormir tan tranquila o tan tranquilo? Creo que ese deshumanizarnos viene de cosas pequeñitas. Últimamente, cuando comparto determinadas cosas o las digo, con todo el respeto del mundo –porque intento estar lo más formada posible, informarme y si cometo algún error, [admitir que] tendría que haberme informado más sobre esto–, pero desde un diálogo y un amor recíproco, estoy viendo exceso de odio y eso es lo que me da miedo.
Usted ya ha sufrido un episodio de escarnio por expresarse libremente. ¿Ha tenido la tentación de apartarse de ese debate o de amoldar su discurso?
Te cuidas muy mucho de cómo decir las cosas. Pero como todo está tan en ebullición, está el agua y el caldero tan caliente, que da igual lo que digas. Es como el chiste: “Buenos días”. “¡Buenos días tú!”. Es la sensación constante que eso está pasando en la calle, porque después en el Congreso de Diputados vemos cómo se faltan al respeto. Luego la gente sale a la calle con sus problemas reales y terminan insultándose porque es que lo ven, se ha normalizado. Ese punto es el que yo no me voy a callar, porque si no volvemos a donde veníamos. Es lo que decía mi abuela: “no te enfades, Mariquilla, no, no digas esto…” Yo lo he vivido siendo pequeña. No me quiero imaginar si llega una Niña de la Puebla a ver muchas cosas de las que están pasando ahora. No me voy a callar, evidentemente, pero algunas cosas se hacen con miedo, porque después [llega] la reprimenda. Tú enciendes el móvil y yo no quiero decir la de mensajes que tengo restringidos. Eso es una barbaridad y quiero pensar que mucha de esa gente después se levanta y hace puchero con su madre tan tranquilo y va incluso a misa y todo está genial.
Muchos de quienes le insultan en redes no serían capaces de decirselo cara a cara.
Si esa red estuviera ligada a un DNI, no pasaría tanto esto y volveríamos todo a ser un poco más humanos, creo.
¿Le preocupa que le encajen en un determinado sitio?
Si es que da igual. La perspectiva de cada uno en su cabeza es algo incontrolable para una. A veces saco canciones que no son flamencas y me siguen poniendo en flamenco. Entonces me digo que un día voy a sacar algo de Michael Jackson, y me van a poner flamenco. Venga andaluza, flamenca, flamenco. Pues esto igual.
Mientras hablamos, en la Plaza de la Constitución, a unos cientos de metros, hay mucha gente acampada pidiendo que algo cambie para poder tener casa. Usted es de una generación que se ha comido toda esta crisis de la vivienda.
A mí me da por pensar en todos los caseros que he tenido. Desde la primera casa, en la que solo cabía mi cama de 90, una ventana que daba a otra ventana que era el poyete de otra persona que olía horrible, y que pagaba 500 euros. Hasta el bajo en el que caía el agua cada vez que llovía. Son cosas que tenían que pasar. Lo que no sé, evidentemente, es cómo no se ha podido hacer antes, pero las movilizaciones y los cambios tienen que venir del pueblo y la ley tiene que adaptarse al pueblo. Yo sigo viviendo de alquiler. He tenido opción de invertir en Málaga, y me he negado a hacerlo porque me sentiría fatal conmigo misma. De hecho, la última bresca en internet que me ha caído fue por compartirlo. ¿Y por qué no piensas en los okupas? ¿Para hablar de A, tengo que hablar de también de la B hasta la Z? Estamos hablando de A. Pero la gente está tan en ese caldo de ebullición que da igual lo que digas.