MEMORIA HISTÓRICA

Málaga salda al fin la deuda con Porfirio Smerdou, el 'Schindler' de la Guerra Civil

Néstor Cenizo

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Málaga ha saldado esta semana una deuda de hace 85 años que, lejos de rebajarse, en los últimos tiempos había aumentado. El pasado jueves, el Pleno ratificó la concesión de la Medalla de la Ciudad y el título de Hijo Adoptivo a título póstumo a Porfirio Smerdou, un singular ejemplo de humanidad y valentía que salvó la vida a decenas de malagueños en los primeros meses de 1937. Smerdou no condicionó su ayuda a la adscripción política de quien corría peligro. Ayudó a escapar de la muerte a políticos y militantes conservadores o leales a la República, lo mismo le dio, después de acogerlos en el Consulado de México. Aquella sede consular, Villa Maya, fue demolida en marzo de 2019, y el desagravio comenzó un proceso de reconocimiento que ha culminado tres años y medio después. 

Cómo dos malagueños acabaron en el campo de Mauthausen: la segunda diáspora de los huidos de La Desbandá

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Porfirio Smerdou Fleissner (Trieste, 1905 – El Escorial, 2002) fue un político y diplomático mexicano al que la Guerra Civil le alcanzó mientras se desempeñaba como cónsul honorario de México en Andalucía Oriental y el Protectorado español de Marruecos. Hasta no hace mucho, su nombre no decía casi nada a casi nadie, ni siquiera en Málaga. Pero la publicación de una biografía en 2004 empezó a extender el conocimiento de su obra, comparada a menudo con otros ejemplos de compasión y humanidad. El 'Schindler' de la Guerra Civil (Ediciones B), de Diego Carcedo, es ese libro. El diplomático no hizo distingos ante la muerte.

Gestión humanitaria

Al estallar la Guerra Civil, la República perdió el control del orden público en Málaga, donde se produjeron persecuciones de carlistas, falangistas o conservadores a manos de la turba exaltada, que clamaba venganza por el golpe de estado. Smerdou acogió en Villa Maya, que también era su domicilio particular, a 150 de ellos, a los que salvó de una muerte probable.

Mientras fuera Málaga ardía (Málaga en llamas, tituló Gamel Woolsey, que lo vio todo desde su casa de Churriana), en el consulado mexicano se hacinaban decenas de refugiados, con su propio régimen interno para evitar conflictos. Smerdou también logró que tres compatriotas albergaran en sus casas a 65 refugiados, pero la mayoría, sin embargo, fueron protegidos en sus propios domicilios gracias a los certificados consulares emitidos por Smerdou, según la Real Academia de Historia, que explica: “Su gestión humanitaria fue respetada por los mandos republicanos malagueños al lograr Smerdou acotar una zona libre de bombardeos de la aviación nacional, entre las montañas Sancha y Miramar, y organizar con éxito el canje de trece mujeres —compañeras de milicianos anarquistas— por otro número semejante de derechistas en Gibraltar, el 17 de noviembre de 1936”.

Meses después, cuando los fascistas entraron en Málaga a sangre y fuego (y mientras bombardeaban a decenas de miles de refugiados que huían a Almería), Smerdou volvió a abrir las puertas de su casa a huéspedes diferentes, pero igualmente amenazados: seis políticos republicanos, a los que acabó dando cobijo en el consulado argentino. Por entonces, había sido cesado como cónsul por expedir pasaportes mexicanos, que facilitaban la huida a los perseguidos, pero mantenía el prestigio. Esto le sirvió para interceder ante las autoridades golpistas por decenas de presos políticos condenados a muerte.

Hizo más: con la ayuda de ambulancias proporcionadas por el doctor José Gálvez Ginachero, exalcalde de Málaga, logró evacuar de la ciudad a malagueños a los que ponía rumbo a Gibraltar, Marruecos o Marsella. Y sus contactos con autoridades vaticanas y eclesiásticas le ayudaron a salvar a veintiún masones españoles condenados a muerte.

Condecorado… y condenado por masón

A Smerdou se le compara con Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó de las cámaras de gas a miles de judíos. También con el anarquista sevillano Melchor Rodríguez, para los franquistas el ángel rojo, quien al frente la prisión de Alcalá de Henares, se interpuso entre la turba sedienta de sangre y presos como el falangista Raimundo Fernández Cuesta, los hermanos Luca de Tena o el locutor Bobby Deglané.

Tras la Guerra Civil, la labor humanitaria de Smerdou se convirtió en otra víctima del revisionismo franquista, que solo apreció su acción en beneficio de los perseguidos de su cuerda. El juzgado militar número 1 de Málaga le concedió la nacionalidad española el 1 de abril de 1940, y fue condecorado por el general Varela con la Cruz del Mérito Militar de primera clase con distintivo blanco un año después.

Sin embargo, las mismas autoridades franquistas le represaliaron en 1946, condenándolo a prisión por haber pertenecido a una logia masónica. Precisamente esas influencias le habían ayudado a salvar decenas de vidas. Tras demostrar en El Vaticano que había abjurado de la Orden ante el cardenal Giuseppe Pizzardo (prefecto de la Sagrada Congregación del Santo Oficio de la Romana y Universal Inquisición), el Consejo de Ministros le absolvió de la pena.

Smerdou, casado con Concha Altolaguirre (hermana del poeta Manuel), pasó el resto de su vida entre España, Alemania y México, dedicado a la gestión de sus empresas. Antes de fallecer en 2002, donó todos sus archivos a la Fundación José Ortega y Gasset, donde pueden consultarse.

La demolición de Villa Maya

La demolición de Villa Maya en marzo de 2019 causó un notable revuelo en Málaga. No hubo piedad para el escenario de la labor humanitaria de Smerdou, y la vivienda, ubicada en El Limonar, cayó víctima de la piqueta, a petición de sus actuales propietarios y ante la inacción de las administraciones. La Junta de Andalucía ignoró las peticiones (la primera, de 2017) para que el lugar fuera inscrito en el inventario de los lugares de la Memoria Histórica de Andalucía. No sirvieron las quejas de los familiares del cónsul ni las críticas de la oposición municipal.

Expresando cierto remordimiento, el alcalde Francisco de la Torre anunció entonces que al menos cabía la posibilidad de reconocer al diplomático a título póstumo. El 19 de marzo de 2019, el Pleno aprobó una moción institucional (es decir, con el respaldo de todos los grupos) para concederle la Medalla y el título de Hijo Adoptivo. Desde entonces han pasado otros tres años y medio, en los que el expediente administrativo ha dado tumbos hasta encontrar la salida esta misma semana.

En el texto finalmente aprobado, su nieta Macarena Smerdou Picazo agradece el reconocimiento, pero lamenta la tardanza: “Me embargan sentimientos encontrados; por un lado, la satisfacción y el orgullo por el reconocimiento a la gran labor de mi abuelo durante la Guerra Civil en la que salvó de la muerte a muchos malagueños. Por otro lado, el pesar por todos los que nos han dejado sin saborear este momento, empezando por él mismo”.

La propuesta contaba con el apoyo de todos los grupos y venía suscrita por la Academia Malagueña de las Ciencias (de la que fue socio numerario), la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, los Maristas de Málaga y la Sociedad Económica de Amigos del País, además de por dos escritores que contribuyeron a la difusión de su labor, Diego Carcedo y Félix Álvarez Martín, que en 2019 publicó La lista de Smerdou: los refugiados de Villa Maya. El documental La lista de Porfirio, dirigido por Miguel Ángel H. Arango y producido por Fundación Málaga y Quinta Planta, recogió la historia en 2020 y puede verse online.

Allí se cuantifican las vidas que Smerdou ayudó a salvar: 567. Esta semana, Málaga saldó al fin su deuda con un hombre bueno, con las siguientes palabras: “Porfirio Smerdou, merced a sus contactos y amistades con masones y republicanos, salvó la vida de algún sacerdote y de algún fascista. Porfirio Smerdou, merced a sus contactos con la Iglesia y con los fascistas, salvó la vida de algún masón y de algún republicano. Esos son los hechos”. 

Málaga ha saldado esta semana una deuda de hace 85 años que, lejos de rebajarse, en los últimos tiempos había aumentado. El pasado jueves, el Pleno ratificó la concesión de la Medalla de la Ciudad y el título de Hijo Adoptivo a título póstumo a Porfirio Smerdou, un singular ejemplo de humanidad y valentía que salvó la vida a decenas de malagueños en los primeros meses de 1937. Smerdou no condicionó su ayuda a la adscripción política de quien corría peligro. Ayudó a escapar de la muerte a políticos y militantes conservadores o leales a la República, lo mismo le dio, después de acogerlos en el Consulado de México. Aquella sede consular, Villa Maya, fue demolida en marzo de 2019, y el desagravio comenzó un proceso de reconocimiento que ha culminado tres años y medio después. 

Cómo dos malagueños acabaron en el campo de Mauthausen: la segunda diáspora de los huidos de La Desbandá

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Porfirio Smerdou Fleissner (Trieste, 1905 – El Escorial, 2002) fue un político y diplomático mexicano al que la Guerra Civil le alcanzó mientras se desempeñaba como cónsul honorario de México en Andalucía Oriental y el Protectorado español de Marruecos. Hasta no hace mucho, su nombre no decía casi nada a casi nadie, ni siquiera en Málaga. Pero la publicación de una biografía en 2004 empezó a extender el conocimiento de su obra, comparada a menudo con otros ejemplos de compasión y humanidad. El 'Schindler' de la Guerra Civil (Ediciones B), de Diego Carcedo, es ese libro. El diplomático no hizo distingos ante la muerte.

Gestión humanitaria

Al estallar la Guerra Civil, la República perdió el control del orden público en Málaga, donde se produjeron persecuciones de carlistas, falangistas o conservadores a manos de la turba exaltada, que clamaba venganza por el golpe de estado. Smerdou acogió en Villa Maya, que también era su domicilio particular, a 150 de ellos, a los que salvó de una muerte probable.

Mientras fuera Málaga ardía (Málaga en llamas, tituló Gamel Woolsey, que lo vio todo desde su casa de Churriana), en el consulado mexicano se hacinaban decenas de refugiados, con su propio régimen interno para evitar conflictos. Smerdou también logró que tres compatriotas albergaran en sus casas a 65 refugiados, pero la mayoría, sin embargo, fueron protegidos en sus propios domicilios gracias a los certificados consulares emitidos por Smerdou, según la Real Academia de Historia, que explica: “Su gestión humanitaria fue respetada por los mandos republicanos malagueños al lograr Smerdou acotar una zona libre de bombardeos de la aviación nacional, entre las montañas Sancha y Miramar, y organizar con éxito el canje de trece mujeres —compañeras de milicianos anarquistas— por otro número semejante de derechistas en Gibraltar, el 17 de noviembre de 1936”.

Meses después, cuando los fascistas entraron en Málaga a sangre y fuego (y mientras bombardeaban a decenas de miles de refugiados que huían a Almería), Smerdou volvió a abrir las puertas de su casa a huéspedes diferentes, pero igualmente amenazados: seis políticos republicanos, a los que acabó dando cobijo en el consulado argentino. Por entonces, había sido cesado como cónsul por expedir pasaportes mexicanos, que facilitaban la huida a los perseguidos, pero mantenía el prestigio. Esto le sirvió para interceder ante las autoridades golpistas por decenas de presos políticos condenados a muerte.

Hizo más: con la ayuda de ambulancias proporcionadas por el doctor José Gálvez Ginachero, exalcalde de Málaga, logró evacuar de la ciudad a malagueños a los que ponía rumbo a Gibraltar, Marruecos o Marsella. Y sus contactos con autoridades vaticanas y eclesiásticas le ayudaron a salvar a veintiún masones españoles condenados a muerte.

Condecorado… y condenado por masón

A Smerdou se le compara con Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó de las cámaras de gas a miles de judíos. También con el anarquista sevillano Melchor Rodríguez, para los franquistas el ángel rojo, quien al frente la prisión de Alcalá de Henares, se interpuso entre la turba sedienta de sangre y presos como el falangista Raimundo Fernández Cuesta, los hermanos Luca de Tena o el locutor Bobby Deglané.

Tras la Guerra Civil, la labor humanitaria de Smerdou se convirtió en otra víctima del revisionismo franquista, que solo apreció su acción en beneficio de los perseguidos de su cuerda. El juzgado militar número 1 de Málaga le concedió la nacionalidad española el 1 de abril de 1940, y fue condecorado por el general Varela con la Cruz del Mérito Militar de primera clase con distintivo blanco un año después.

Sin embargo, las mismas autoridades franquistas le represaliaron en 1946, condenándolo a prisión por haber pertenecido a una logia masónica. Precisamente esas influencias le habían ayudado a salvar decenas de vidas. Tras demostrar en El Vaticano que había abjurado de la Orden ante el cardenal Giuseppe Pizzardo (prefecto de la Sagrada Congregación del Santo Oficio de la Romana y Universal Inquisición), el Consejo de Ministros le absolvió de la pena.

Smerdou, casado con Concha Altolaguirre (hermana del poeta Manuel), pasó el resto de su vida entre España, Alemania y México, dedicado a la gestión de sus empresas. Antes de fallecer en 2002, donó todos sus archivos a la Fundación José Ortega y Gasset, donde pueden consultarse.

La demolición de Villa Maya

La demolición de Villa Maya en marzo de 2019 causó un notable revuelo en Málaga. No hubo piedad para el escenario de la labor humanitaria de Smerdou, y la vivienda, ubicada en El Limonar, cayó víctima de la piqueta, a petición de sus actuales propietarios y ante la inacción de las administraciones. La Junta de Andalucía ignoró las peticiones (la primera, de 2017) para que el lugar fuera inscrito en el inventario de los lugares de la Memoria Histórica de Andalucía. No sirvieron las quejas de los familiares del cónsul ni las críticas de la oposición municipal.

Expresando cierto remordimiento, el alcalde Francisco de la Torre anunció entonces que al menos cabía la posibilidad de reconocer al diplomático a título póstumo. El 19 de marzo de 2019, el Pleno aprobó una moción institucional (es decir, con el respaldo de todos los grupos) para concederle la Medalla y el título de Hijo Adoptivo. Desde entonces han pasado otros tres años y medio, en los que el expediente administrativo ha dado tumbos hasta encontrar la salida esta misma semana.

En el texto finalmente aprobado, su nieta Macarena Smerdou Picazo agradece el reconocimiento, pero lamenta la tardanza: “Me embargan sentimientos encontrados; por un lado, la satisfacción y el orgullo por el reconocimiento a la gran labor de mi abuelo durante la Guerra Civil en la que salvó de la muerte a muchos malagueños. Por otro lado, el pesar por todos los que nos han dejado sin saborear este momento, empezando por él mismo”.

La propuesta contaba con el apoyo de todos los grupos y venía suscrita por la Academia Malagueña de las Ciencias (de la que fue socio numerario), la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, los Maristas de Málaga y la Sociedad Económica de Amigos del País, además de por dos escritores que contribuyeron a la difusión de su labor, Diego Carcedo y Félix Álvarez Martín, que en 2019 publicó La lista de Smerdou: los refugiados de Villa Maya. El documental La lista de Porfirio, dirigido por Miguel Ángel H. Arango y producido por Fundación Málaga y Quinta Planta, recogió la historia en 2020 y puede verse online.

Allí se cuantifican las vidas que Smerdou ayudó a salvar: 567. Esta semana, Málaga saldó al fin su deuda con un hombre bueno, con las siguientes palabras: “Porfirio Smerdou, merced a sus contactos y amistades con masones y republicanos, salvó la vida de algún sacerdote y de algún fascista. Porfirio Smerdou, merced a sus contactos con la Iglesia y con los fascistas, salvó la vida de algún masón y de algún republicano. Esos son los hechos”. 

Málaga ha saldado esta semana una deuda de hace 85 años que, lejos de rebajarse, en los últimos tiempos había aumentado. El pasado jueves, el Pleno ratificó la concesión de la Medalla de la Ciudad y el título de Hijo Adoptivo a título póstumo a Porfirio Smerdou, un singular ejemplo de humanidad y valentía que salvó la vida a decenas de malagueños en los primeros meses de 1937. Smerdou no condicionó su ayuda a la adscripción política de quien corría peligro. Ayudó a escapar de la muerte a políticos y militantes conservadores o leales a la República, lo mismo le dio, después de acogerlos en el Consulado de México. Aquella sede consular, Villa Maya, fue demolida en marzo de 2019, y el desagravio comenzó un proceso de reconocimiento que ha culminado tres años y medio después. 

Cómo dos malagueños acabaron en el campo de Mauthausen: la segunda diáspora de los huidos de La Desbandá

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Porfirio Smerdou Fleissner (Trieste, 1905 – El Escorial, 2002) fue un político y diplomático mexicano al que la Guerra Civil le alcanzó mientras se desempeñaba como cónsul honorario de México en Andalucía Oriental y el Protectorado español de Marruecos. Hasta no hace mucho, su nombre no decía casi nada a casi nadie, ni siquiera en Málaga. Pero la publicación de una biografía en 2004 empezó a extender el conocimiento de su obra, comparada a menudo con otros ejemplos de compasión y humanidad. El 'Schindler' de la Guerra Civil (Ediciones B), de Diego Carcedo, es ese libro. El diplomático no hizo distingos ante la muerte.

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