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La dramática falta de agua reduce a la mitad las aves que invernan en Doñana

Antonio Morente

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Doñana sufre en la actualidad el decenio más seco desde que en 1970 se empezaron a registrar estos datos, la peor situación en medio siglo que tiene su reflejo en cuestiones como la pérdida de hasta el 60% de las lagunas o el hundimiento de la población de anfibios. A estas evidencias se une ahora una más: la presencia de aves acuáticas se ha reducido a menos de la mitad en la última invernada, que se ha calculado en 226.000 ejemplares frente a los más de 500.000 del anterior ejercicio. Todo ello, reflejo de un otoño y una primavera secas y un verano muy largo, se ha traducido en una falta de agua reforzada además por la sobreexplotación agrícola del recurso.

Las águilas imperiales de Doñana no tienen qué comer y sobreviven con "supermercados" de conejos

Saber más

Los datos los ha aportado la Estación Biológica de Doñana, organismo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la última reunión del grupo de trabajo de biodiversidad del parque, en la que se puso de manifiesto que es la peor situación registrada en las dos últimas décadas. Desde 2017 la cifra de aves acuáticas que pasan el invierno en el paraje viene alternando un año bueno con otro malo, aunque la tendencia se encamina a números cada vez peores en los periodos negativos.

“Doñana está perdiendo su potencialidad para albergar las aves migratorias”, lamenta Carlos Davila, de SEO/BirdLife, al tiempo que recuerda que las previsiones con respecto a los humedales del parque son “muy negativas” porque se camina hacia años cada vez más secos. “Esto no es algo puntual, es nuestra realidad”, aunque esto “no quiere decir que el año que viene no nos recuperemos” si regresan las lluvias.

Mientras tanto, ¿a dónde se han ido esos más de 250.000 pájaros que hay de diferencia entre los dos últimos ejercicios? La cuestión se planteó en la reunión en la que se aportaron los datos, y la explicación que se dio fue que “tienen su propio plan B y buscan otros lugares en España y el norte de África”. Pero esto implica que, de asentarse esta tendencia, se alterará esa imagen de Doñana como santuario para las aves que emigran desde climas más fríos.

Un acuífero “peor de lo que se podía esperar”

Todo ello es fruto de la falta de agua y del mal estado de un acuífero “que está peor de lo que se podía esperar” porque ha retenido incluso menos agua de la que ha caído. La afirmación la hace Juanjo Carmona, de WWF en Doñana, quien incide en que “el acuífero está muy mal” porque a la falta de lluvias se le une “una sobreexplotación total” por un uso agrícola que (insiste) está muy por encima de lo que puede soportar. Y todo ello con una sequía que acumula ya esa década que es la peor en el último siglo y, encima, con algunos de los años más secos de la historia.

De hecho, desde el 1 de septiembre han caído 367 litros por metro cuadrado, lo que supone 155 por debajo de la media y propicia el dato más bajo desde la temporada 2004/05, además del segundo peor registro en los últimos 23 años. Las precipitaciones no sólo son más escasas sino también más tardías, lo que se traduce en que el periodo estival se alarga de forma considerable. “La única agua que hay está en las zonas manejadas, como los arrozales, el Brazo del Este o la Dehesa de Abajo, dentro del parque no hay, el problema es gravísimo”, apostilla Carmona.

Águilas y milanos

Carlos Davila añade que todo esto provoca el empeoramiento de especies en peligro, como la focha moruna, la cerceta pardilla o el porrón pardo. A esto se une la preocupación por el águila imperial ibérica y el milano real en Doñana, aunque en este caso el motivo no es otro que la falta de conejos, que son la base de su alimentación. La acumulación de plagas y enfermedades desde 2012 ha propiciado esta situación, agravada por la caída en picado de las aves acuáticas, que son su plan B. Esto obliga a alimentar artificialmente a las rapaces, soltando conejos en espacios cercados.

Doñana concentra el 90% de la población de milanos reales de Andalucía, mientras que la población de águila imperial no es muy importante numéricamente hablando pero sí muy singular porque “vive aislada y es la única conocida en un ámbito de marismas”. En la actualidad hay ocho parejas reproductivas, de las que tres han logrado tener crías y encima se les han muerto algunas, por lo que en Doñana sólo hay cinco pollos más otros dos que se han introducido desde otras zonas. Algunos de estos registros suponen los peores que se dan desde 2005.

Doñana sufre en la actualidad el decenio más seco desde que en 1970 se empezaron a registrar estos datos, la peor situación en medio siglo que tiene su reflejo en cuestiones como la pérdida de hasta el 60% de las lagunas o el hundimiento de la población de anfibios. A estas evidencias se une ahora una más: la presencia de aves acuáticas se ha reducido a menos de la mitad en la última invernada, que se ha calculado en 226.000 ejemplares frente a los más de 500.000 del anterior ejercicio. Todo ello, reflejo de un otoño y una primavera secas y un verano muy largo, se ha traducido en una falta de agua reforzada además por la sobreexplotación agrícola del recurso.

Las águilas imperiales de Doñana no tienen qué comer y sobreviven con "supermercados" de conejos

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Los datos los ha aportado la Estación Biológica de Doñana, organismo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la última reunión del grupo de trabajo de biodiversidad del parque, en la que se puso de manifiesto que es la peor situación registrada en las dos últimas décadas. Desde 2017 la cifra de aves acuáticas que pasan el invierno en el paraje viene alternando un año bueno con otro malo, aunque la tendencia se encamina a números cada vez peores en los periodos negativos.

“Doñana está perdiendo su potencialidad para albergar las aves migratorias”, lamenta Carlos Davila, de SEO/BirdLife, al tiempo que recuerda que las previsiones con respecto a los humedales del parque son “muy negativas” porque se camina hacia años cada vez más secos. “Esto no es algo puntual, es nuestra realidad”, aunque esto “no quiere decir que el año que viene no nos recuperemos” si regresan las lluvias.

Mientras tanto, ¿a dónde se han ido esos más de 250.000 pájaros que hay de diferencia entre los dos últimos ejercicios? La cuestión se planteó en la reunión en la que se aportaron los datos, y la explicación que se dio fue que “tienen su propio plan B y buscan otros lugares en España y el norte de África”. Pero esto implica que, de asentarse esta tendencia, se alterará esa imagen de Doñana como santuario para las aves que emigran desde climas más fríos.

Un acuífero “peor de lo que se podía esperar”

Todo ello es fruto de la falta de agua y del mal estado de un acuífero “que está peor de lo que se podía esperar” porque ha retenido incluso menos agua de la que ha caído. La afirmación la hace Juanjo Carmona, de WWF en Doñana, quien incide en que “el acuífero está muy mal” porque a la falta de lluvias se le une “una sobreexplotación total” por un uso agrícola que (insiste) está muy por encima de lo que puede soportar. Y todo ello con una sequía que acumula ya esa década que es la peor en el último siglo y, encima, con algunos de los años más secos de la historia.

De hecho, desde el 1 de septiembre han caído 367 litros por metro cuadrado, lo que supone 155 por debajo de la media y propicia el dato más bajo desde la temporada 2004/05, además del segundo peor registro en los últimos 23 años. Las precipitaciones no sólo son más escasas sino también más tardías, lo que se traduce en que el periodo estival se alarga de forma considerable. “La única agua que hay está en las zonas manejadas, como los arrozales, el Brazo del Este o la Dehesa de Abajo, dentro del parque no hay, el problema es gravísimo”, apostilla Carmona.

Águilas y milanos

Carlos Davila añade que todo esto provoca el empeoramiento de especies en peligro, como la focha moruna, la cerceta pardilla o el porrón pardo. A esto se une la preocupación por el águila imperial ibérica y el milano real en Doñana, aunque en este caso el motivo no es otro que la falta de conejos, que son la base de su alimentación. La acumulación de plagas y enfermedades desde 2012 ha propiciado esta situación, agravada por la caída en picado de las aves acuáticas, que son su plan B. Esto obliga a alimentar artificialmente a las rapaces, soltando conejos en espacios cercados.

Doñana concentra el 90% de la población de milanos reales de Andalucía, mientras que la población de águila imperial no es muy importante numéricamente hablando pero sí muy singular porque “vive aislada y es la única conocida en un ámbito de marismas”. En la actualidad hay ocho parejas reproductivas, de las que tres han logrado tener crías y encima se les han muerto algunas, por lo que en Doñana sólo hay cinco pollos más otros dos que se han introducido desde otras zonas. Algunos de estos registros suponen los peores que se dan desde 2005.

Doñana sufre en la actualidad el decenio más seco desde que en 1970 se empezaron a registrar estos datos, la peor situación en medio siglo que tiene su reflejo en cuestiones como la pérdida de hasta el 60% de las lagunas o el hundimiento de la población de anfibios. A estas evidencias se une ahora una más: la presencia de aves acuáticas se ha reducido a menos de la mitad en la última invernada, que se ha calculado en 226.000 ejemplares frente a los más de 500.000 del anterior ejercicio. Todo ello, reflejo de un otoño y una primavera secas y un verano muy largo, se ha traducido en una falta de agua reforzada además por la sobreexplotación agrícola del recurso.

Las águilas imperiales de Doñana no tienen qué comer y sobreviven con "supermercados" de conejos

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Los datos los ha aportado la Estación Biológica de Doñana, organismo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la última reunión del grupo de trabajo de biodiversidad del parque, en la que se puso de manifiesto que es la peor situación registrada en las dos últimas décadas. Desde 2017 la cifra de aves acuáticas que pasan el invierno en el paraje viene alternando un año bueno con otro malo, aunque la tendencia se encamina a números cada vez peores en los periodos negativos.

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