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Una alcaldesa que no escucha

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Hay veces que un gesto explica mejor una forma de gobernar que tres años de propaganda.

Lo que pasó en el pleno del jueves 26 de junio fue una de esas veces.

La alcaldesa decidió suspender el pleno durante media hora porque vecinas y vecinos mostraban unos carteles en defensa de los Pinares de Venecia para acompañar al ciudadano que estaba interviniendo. Muy airada, convocó una Junta de Portavoces extraordinaria y, al final, acabó reconociendo que había reaccionado de manera excesiva.

Pero el problema no son solo esos treinta minutos.

El problema es que quienes llevamos tres años sentados en ese salón ya sabemos que no fue un hecho aislado. Es una forma de entender las instituciones.

Nos hemos acostumbrado demasiado rápido a que, cuando la ciudadanía viene al pleno a hablar de sus barrios, de sus derechos o de sus problemas, la alcaldesa desaparezca. O esté hablando con un compañero. O mirando el móvil. O haciendo cualquier otra cosa menos escuchar.

Y eso no debería parecernos normal.

El pleno es el máximo órgano de representación de la ciudad. Es el único momento en el que cualquier vecino o vecina puede dirigirse directamente a quienes gobiernan para contar qué está pasando en Zaragoza.

No hace falta estar de acuerdo con quien interviene. Pero sí hace falta escuchar. Escuchar también es gobernar.

Y el respeto no se demuestra solo dejando hablar. También se demuestra en cómo tratas a quien viene a participar.

Llevamos tiempo pidiendo algo tan sencillo como un atril para que la ciudadanía pueda apoyar sus papeles y hacer su intervención con un mínimo de comodidad. Lo hemos pedido los grupos municipales en Junta de Portavoces y lo han pedido las propias personas que intervienen en el pleno. Nunca llega.

Puede parecer una tontería. Pero no lo es.

La alcaldesa tiene un atril en cada rueda de prensa, en cada comparecencia y en cada acto institucional. ¿De verdad la ciudadanía merece menos respeto que quien ostenta el cargo? Si queremos que la gente participe, habrá que empezar por facilitar esa participación y tratarla con la dignidad que merece. Porque la participación no consiste solo en dejar hablar; también consiste en hacer sentir a quien interviene que esa institución también es suya.

Lo del último pleno fue la gota que colmó el vaso.

Porque no hablamos de insultos, ni de amenazas, ni de una alteración del orden. Hablamos de unos carteles. De personas que querían expresar una opinión sobre una decisión del Gobierno municipal. Y la respuesta fue parar un pleno.

La alcaldesa confunde el respeto a la institución con el respeto a su propia autoridad. Lleva tres años como alcaldesa y todavía no ha entendido algo muy básico: el Ayuntamiento no es suyo.

Ella ocupa temporalmente un cargo que pertenece a la ciudadanía. Y quien ocupa ese cargo tiene la obligación de escuchar, también cuando lo que escucha no le gusta.

Especialmente cuando no le gusta.

Gobernar no es rodearse solo de quienes te aplauden. Gobernar es escuchar también a quien discrepa, a quien protesta y a quien viene a decirte que te estás equivocando.

Porque eso también es Zaragoza.