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Un perro desvalido

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La diferencia entre un rebelde y una víctima es la motivación de su protagonista. Quienes agreden quieren que las personas damnificadas se comporten como perjudicados inertes. Pero muchas veces consiguen que la respuesta sea la de un activista, que pasa de ser un mero resistente a ponerse al frente de la gente. La batalla de los liderazgos no se dirime entre héroes y villanos sino entre activistas y conformados. Los poderosos nos causan admiración y rechazo en forma de envidia. Nos atrae el poder y, al mismo tiempo, disfrutamos viendo cómo alguien le planta cara. Los débiles despiertan la empatía de animar a los que son como nosotros, para que se impongan a los que son como ellos. Nos gusta David porque Goliat es demasiado fuerte para resultar simpático. El joven pastor no suscita simpatía solamente porque pueda perder contra el gigante. La provoca porque lucha contra alguien que percibimos como muy superior a él.

En psicología social conocemos el llamado efecto ‘underdog’. Se trata de un fenómeno que describe la tendencia de las personas a apoyar a quienes parten en desventaja. Este comportamiento no forma parte de nuestro instinto natural, sino que se aprende conforme se van adoptando valores éticos y morales. De hecho, los niños suelen asociarse en edades tempranas con los más fuertes de su entorno. Hasta que los principios de justicia social van impregnando la personalidad y conceptos como equilibrio, proporcionalidad e integridad se instalan en el comportamiento maduro. El psicólogo Joseph Vandello, de la Universidad de Florida, desarrolló junto a otros colegas la llamada teoría de la compensación justa. En el estudio que realizó ('The Appeal of the Underdog, Vandello, Goldschmied y Richards', 2007) demostró que entre el 66% y el 90% de las personas se inclinan de forma natural por el desfavorecido cuando actúan como observadores neutrales. Esta preferencia por los menos favoritos se justifica por dos motivos. Primero, por la necesidad aparente de realizar un mayor esfuerzo que sus competidores y, segundo, debido al anhelo primitivo de equidad que hace que ver ganar de forma habitual al de siempre, frustra nuestro sentido de justicia.

Los aficionados a los deportes lo practicamos asiduamente. Los socios del Real Zaragoza somos expertos en el efecto ‘underdog’. Nos hemos resistido históricamente a simpatizar con potencias como el Barça o el Real Madrid. Los centros de placer de nuestro cerebro recuerdan aquellas goleadas históricas con las que los zaragocistas sometimos a esos ricachones del fútbol. Y todavía seguimos sin poder evitar una sonrisa de diablillo cuando estas fortalezas económicas son derrotadas por meros conjuntos de modestos trabajadores del balompié

La publicación de encuestas favorables a un favorito persigue imponer el efecto arrastre hacia un posible ganador que desvelan antes de encender la luz. Pero una encuesta, con una muestra representativa, es una fotografía del presente, no el certificado de nacimiento del futuro. El peligro no está en que las encuestas se equivoquen. El riesgo es que confundamos sus pronósticos con nuestro destino. Porque los sondeos pueden tener margen de error. La soberbia, en cambio, suele presentarse sin decimales.

El Partido Popular ha anunciado el fin. El problema de anunciar el final antes de tiempo es que los protagonistas siguen vivos, tienen opiniones propias y pueden activarse para que el final de los derechos que anuncian las derechas sea sólo el acabose de Feijóo. Debemos recordar al gallego que hay victorias que se celebran demasiado pronto y derrotas que se entierran antes de que nazcan.

En Aragón, Azcón dice ahora que no será ministro en un futurible gobierno de los populares con Vox. Chueca sigue su estela, mientras aprovecha su traje de baturra para darnos la turra popular desde su televisión. Les falta decir que no lo serán porque no quieren. No porque no puedan. La alcaldesa disfruta cuando le sale la pose ultra, que contiene a duras penas, y se sumaría bien a gusto al 'facherío' que provocaba a los acampados en Sol buscando pelea. La cabra de la Legión es mucho más sensata que quienes la emulaban al terminar el desfile.

La izquierda puede ganar estas elecciones. Para lograrlo es necesario activación, motivación y colaboración. La presencia esta tarde en un acto público de Pedro Sánchez en Zaragoza tiene ese primer objetivo. La motivación es la defensa de los derechos básicos como el acceso a una vivienda digna y fortalecer servicios públicos como sanidad, educación y bienestar social. Finalmente, está la colaboración. Las conversaciones entre las izquierdas para intentar agruparse en una única papeleta son imprescindibles y la disposición para conformar candidaturas únicas al Senado en Aragón y en el resto del Estado avanza en silencio. A lo que se debe sumar la inteligencia de agrupar esfuerzos en aquellas circunscripciones pequeñas, como Huesca y Teruel, donde se debe concentrar el voto de la izquierda.  Con determinación podemos lograrlo. Porque somos más, aunque hoy se nos vea menos. Sobre todo, porque los que dibujan el escenario son los dueños del lienzo, los óleos y el caballete. Pero los colores siguen siendo de todas y todos los progresistas que tenemos mucho que pintar en cada voto.

La artista y activista norteamericana Alicia Keys nos recuerda a ese perro desvalido que se convierte, como en la película, en un can con poderes ('Underdog en Estados Unidos', Disney, 2007, y que se emitió en España con el título de 'Superdog').  Keys canta: “Una canción para los luchadores que se ganan la vida en la parada del autobús / Madres solteras esperando a que llegue el cheque / Jóvenes maestros, estudiantes de medicina/Hijos en primera línea sabiendo que no pueden huir / Esto va dedicado al que tiene todo en contra / Sigue adelante con lo que amas/Verás que algún día, muy pronto / Te alzarás, te alzarás, sí (Underdog, 2020, álbum Alicia, RCA Records). Resulta curiosa la coincidencia de que todo un perro desvalido, sin amo ni dueños, sea nuestro 'underdog' Perro Sanxe.