Los aviones de Asad
Tropas sirias entraron el sábado en casas de la localidad de Daraya, en la zona suroeste de Damasco, en una operación contra los insurgentes. La oposición denuncia ahora que se han encontrado 200 cadáveres en la zona. Al igual que en otras ocasiones, es difícil a esta hora confirmar la información (imágenes de los cadáveres y de los heridos). Repite los acontecimientos ocurridos en otras localidades habitadas por suníes en las que los rebeldes se habían hecho fuertes o preparaban una ofensiva.
Lo que está ocurriendo estos días en Alepo no deja lugar a dudas. El Gobierno de Asad utiliza la Fuerza Aérea para atacar a los insurgentes. Las pruebas y las fotos son numerosas. Ni siquiera los hospitales se libran de los ataques --un crimen de guerra de manual--, como demuestran las crónicas de varios corresponsales extranjeros, entre los que está Ricard García Vilanova. Otros ataques van dirigidos directamente a zonas habitadas por civiles.
La gente lo sabe. Con los morteros, los carros de combate puedes sobrevivir si tienes buena suerte; con los aviones la suerte deja de existir. Las bombas arrasan seis plantas de un edificio a la vez. En el barrio de Al Shaar un grupo de unas 40 personas trabaja desde hace 16 horas en uno de esos esqueletos derruidos. Tratan de recuperar los cuerpos de dos niñas y una madre. Han quedado diseccionados por toneladas de hormigón. Van juntando las partes para después poder llorarlos. Un hombre lleva en su mano un manojo de pelo que perteneció a una de las pequeñas, mientras el padre, que sobrevivió porque no estaba en casa en ese momento, llora y grita de dolor y desesperación.
A diferencia de los primeros meses, el Gobierno ha optado por abandonar cualquier táctica de disimulo. Utilizar aviones y helicópteros eleva el riesgo de que EEUU y Europa apuesten por una intervención similar a la de Libia: ordenar una zona de exclusión aérea que en teoría impida a Asad utilizar su Fuerza Aérea y que en la práctica sea una forma de ayudar a la oposición para que haga posible el derrocamiento del régimen.
Las denuncias de crímenes de guerra cometidos por los rebeldes son numerosas y están confirmadas. Por mucho que sus dirigentes hayan prometido que no se torturará a los militares detenidos, los hechos indican lo contrario. Muchos soldados o civiles partidarios del régimen han sido asesinados a sangre fría. El Ejército Libre de Siria no es más que una constelación de grupos y la idea de que todos ellos vayan a respetar las órdenes que les llegan de arriba está muy alejada de la realidad de una guerra civil.
Pero hay una diferencia entre crímenes atroces, de los que son responsables ambos bandos, y la decisión del Gobierno de utilizar la Fuerza Aérea en zonas habitadas. En el segundo caso, estamos ante la determinación de convertir una ciudad entera en un cementerio antes de permitir que caiga en manos de los rebeldes. Como decía antes, un crimen de guerra bajo cualquier punto de vista.