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El peso muerto de la economía de Ucrania

Peter Spiegel, del FT, pasa revista a los números del paquete de ayudas a Ucrania anunciados por la Comisión Europea, y que confirmarán el jueves los líderes de la UE en la cumbre de Bruselas. Como es habitual con estos grandes números (11.000 millones de euros), no todo es dinero del que pueda disponer ya el nuevo Gobierno ucraniano. Curiosamente, la cantidad es similar a los 15.000 millones de dólares que Putin ofreció a Yanukóvich unos meses antes de su destitución.

La mayor parte de la ayuda (8.000 millones) son créditos del Banco Europeo de Inversiones y del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, que en su mayoría servirá para financiar programas de infraestructuras que podría utilizar en los próximos años el Gobierno que saldrá de las próximas elecciones.

La cantidad inmediata accesible a las autoridades de Kiev serían 1.600 millones, a los que se podrían sumar otros 1.000 millones de ayuda de emergencia del FMI (aún por aprobar) y los créditos por 1.000 millones que el Gobierno puede obtener con el aval de EEUU (pendiente de aprobar por el Congreso de EEUU). No parece que eso sea suficiente para un país fuertemente endeudado y que de entrada tiene pagos atrasados a Rusia por la importación de gas por valor de 1.500 millones.

El país tiene que pagar 13.000 millones este año en devolución de su deuda y 16.000 millones antes del fin de 2015.

A menos que las reservas ucranianas sean las que dicen que son (unos 15.000 millones, según algunas estimaciones, las más pesimistas no pasan de 12.000 millones), una buena parte de la ayuda internacional terminará engrosando las cuentas rusas por el pago del gas o de la deuda.

En su artículo, Spiegel destaca que los subsidios públicos al gas suponen nada menos que el 7,5% del PIB, según una estimación del FMI (eso supondría un gasto anual superior a 9.500 millones de euros). No hay que ser un genio para saber que cuando el Gobierno negocie con el Fondo la ayuda que en Kiev esperan de forma desesperada, recibirá el mensaje de recortar esos subsidios.

Cargarse un Gobierno puede llegar a salir condenadamente caro.

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Como ya habrán leído en algunos artículos, la zona rica de Ucrania es la oriental (la que se suele llamar prorrusa), además de la capital. El mapa divide al país por el salario medio de sus habitantes. Aquí otros dos mapas.

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Ayer decía que es muy poco probable que Europa esté interesada en una cadena de represalias económicas contra Rusia. Hoy algunos países no han escondido su escasa pasión en seguir los pasos que EEUU dice estar dispuesto a dar. “No queremos sanciones”, ha dicho el ministro griego de Exteriores. “No hay mucho que podamos hacer al respecto. Y los rusos lo saben”, ha comentado un ministro finlandés. No se espera que Italia, España y Holanda tengan tampoco muchas ganas.

Los empresarios no tienen razones para ser diplomáticos en estas reticencias. “Quizá el pueblo norteamericano o su Gobierno o cualquiera que se sorprenda pueda decir ¿cómo es posible que los europeos sean tan moderados en el debate sobre las sanciones? ¿Saben por qué? No quieres sancionar a alguien del que dependes”, dice el presidente de Siemens, Joe Kaeser.