Rajoy: drama en tres actos
El Gobierno de Rajoy ha puesto fin al teatrillo de la campaña electoral. Ha pasado ya un tiempo desde el 20-N, pero ha habido que esperar hasta ahora para que cayera el telón. Entre bambalinas, los actores recogen el vestuario y los saltimbanquis empacan sus artilugios. Ya no hay que fingir.
Soraya Sáenz de Santamaría lo llamó “el inicio del inicio”. La obra que comienza ahora no es una comedia, sino un drama basado en hechos reales. El primer acto se ha producido hoy. Ha sido de alguna manera el día en que el Partido Popular ha comenzado a gobernar. Lo ha hecho anunciando recortes de gasto por valor de 8.900 millones y aumentos de impuestos para recaudar 6.200 millones más. Perdón, ya no se les llama subidas fiscales. Ahora son “recargo temporal de solidaridad”. Y nos quejábamos de la desaceleración de Zapatero.
En total, 15.000 millones de reducción del déficit, la misma cantidad que adoptó Zapatero pero esta vez para aplicarla en un año, y no en dos.
Se acabaron los furibundos compromisos de no subir impuestos, como los que hizo Rajoy en varias ocasiones. La declaración de arriba es de agosto de 2009, muy lejana ya en el tiempo. La confirmó hace 10 días en el debate de investidura.
La razón está en la herencia recibida (estaba claro, el drama iba a comenzar así). El déficit presupuestario este año no será del 6%, como se comprometió Zapatero ante la UE, sino que estará en “el entorno del 8%”. ¿Es una sorpresa? En absoluto (tampoco para el PP). Desde hace un par de meses, ya se hablaba en España y fuera de que era muy probable que se superara la cifra del 6%. El Gobierno anterior no había querido confirmarlo, pero no engañaba a nadie. Era una más de esas extrañas estrategias que consisten en negar la realidad hasta que te da en toda la cara. Lo mismo que ocurrió con la previsión de crecimiento del PIB.
Todo lo que se nos contó en la campaña electoral --incluidas las difusas promesas de Rajoy-- era una ópera bufa. Nadie sentía ninguna necesidad de comenzar el drama antes de tiempo. No había que asustar al público que participaba en el espectáculo.
No hablamos ya de los cánticos de victoria de enero de 2011 cuando Rajoy decía que iba a arreglar la economía en dos años. La precuela estaba claramente incluida en el género de ciencia ficción.
Con la boca pequeña, Montoro ha dicho que la desviación ha sido de sólo unas décimas en el caso del déficit del Estado. La mayor parte del problema viene por el déficit de los gobiernos autonómicos, varios de los cuales están en manos del PP desde hace muchos años. Ese percance autonómico no resta responsabilidad al Gobierno central, aunque ayuda a colocar el problema en perspectiva. Si ha habido despilfarro, el PP es tan responsable como el PSOE, al menos en el tramo autonómico. Por cada Cataluña ha habido una Valencia. Por cada Castilla La Mancha ha habido una Murcia.
El PSOE, por cierto, queda retratado. No había margen para subir los impuestos a las rentas más altas, nos decían. No se iba a poder recaudar una cantidad significativa, afirmaba Salgado. Será que como Zapatero dijo que bajar impuestos era de izquierdas, su Gobierno estaba dando una lección de ortodoxia ideológica. O que no tuvo valor para tomar esa decisión.
El segundo acto del drama vendrá después de marzo (elecciones andaluzas). Para llegar a un déficit del 4,4% por orden de la nueva Prusia imperial (Alemania + BCE), falta otro ajuste de no menos de 20.000 millones. Es probable que la mayor parte de ese tijeretazo venga de la reducción del gasto público. Cabe la posibilidad de que sea entonces cuando entre en escena la opción de subir el IVA, un impuesto que incide directamente en el consumo. No hay que tener mucha imaginación para saber qué ocurre cuando se aumenta el IVA en una economía en recesión. En Grecia están probando las consecuencias.
El tercer acto es el futuro, la hipotética salida de la crisis, que en realidad ha comenzado ya. ¿Cómo salir de una recesión aplicando esta sangría a la economía?
El hundimiento de la actividad económica a causa de la recesión y el estancamiento posterior es también una razón poderosa del fracaso en alcanzar el 6% de déficit. Las cuentas públicas de la era de la austeridad en la UE están condenadas. Caen los ingresos fiscales, se aplican recortes de gasto para revertir la tendencia, caen el consumo y la inversión, caen aún más los ingresos fiscales... Este círculo no se detiene nunca.
Montoro decía esta mañana que volveremos al crecimiento a través de la senda del equilibrio presupuestario. Seguro que sí. De repente, el círculo se interrumpirá y la línea saltará hacia arriba. El ministro de Hacienda aplica aquí los mandamientos que proceden de Berlín y el BCE. Los austeros protestantes del norte imponen la penitencia que se merecen los derrochadores católicos de la periferia de Europa. Españoles e italianos han perdido toda capacidad de maniobra y se inclinan ante los cuentos que llegan del norte.
Y aún queda por computar lo que nos costará sacar al sector financiero del agujero de avaricia y especulación en el que se metió durante la burbuja inmobiliaria.
El tercer acto va a ser tan terrorífico como los anteriores.
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El protagonista de la obra está desaparecido. Ni está ni se le espera. Rajoy continúa escondido desde que ganó las elecciones. El valor político se mide precisamente en estas situaciones.