Circunstancias excepcionales

Cuando la cosa va mal, hay que buscar responsabilidades, ya sean propias o ajenas. Además, en esos momentos no deberíamos esperar a que el rumbo cambie por una acción externa, debido a que puede que nos coloque en una dirección no adecuada o no querida. Cuando eso pasa, lo primero que habría que hacer es un autodiagnóstico dirigido hacia el aprendizaje que se ha adquirido a lo largo y ancho de la historia, por corta o larga que parezca. La finalidad no es otra que conocer cuáles son las fortalezas que se poseen y las debilidades que nos amenazan. A su vez, hay que pensar dónde se tendría interés de pertenecer, a la vez de dónde se nos podría aceptar, a través de la reflexión sobre el conjunto de competencias adquiridas, que no son otras que las que generan las diferencias.

Por otro lado, no es malo pedir ayuda. Cuando se dice ayuda, hay que leer también información. Por ello es importante dotarse de estudios e informes, ya sean de mercado o de otra índole, sobre la confluencia de las vocaciones, capacidades y formación. En definitiva, analizar no solo la actualidad donde se va a desarrollar la actividad, sino también con prospectiva. Hay que ir al encuentro del futuro.

Del mismo modo, al vivir en la era de la hiperconectividad, es cierto que donde hay abundancia, puede haber despilfarro. Incluso mucha basura distorsionadora. Por eso, tener criterio para poseer buenas conexiones permite aumentar la visibilidad para aprovechar oportunidades ocultas, logrando una cierta ventaja competitiva frente al resto.

Así y todo, puede que la aventura no salga bien. Y, si así fuera, no se trata de reír y cantar, pero tampoco llorar. Vivir con normalidad incluye no estar limitado por una burbuja de felicidad incuestionable. En la variedad está el gusto. Incluso de lo malo. Por eso, hay que dotarse de estrategias para afrontar los inconvenientes. Es probable que no se sepa todo, pero poco a poco se va aprendiendo. De hecho, enfrentarse a las adversidades significa mirar más allá. Por esa razón, los objetivos hay que planificarlos hasta que se queden proyectados en el largo plazo.

Y, por último, no hay que parar de aprender. Hay que explotar nuestra capacidad para experimentar porque, para desarrollarse no hay nada mejor que pensar continuamente en alternativas, en doctrinas sobre las que nunca estaríamos de acuerdo. Se aprende sobre el disenso para luego llegar a un consenso. Sabiendo que nada es eterno, en algunas ocasiones de cambio se dispondrá de una red sobre la cual se pueda caer si los resultados no son los esperados, aunque otras puede que no se disponga de tanta suerte y el golpe experimentado será terrible. Pero ¿quién dijo miedo? Eso sí. Después de la meditación necesaria, de los pros y los contras o del coste de oportunidad, lo importante es tomar la decisión. Y, se haga lo que haga, no hay que mirar atrás porque se puede quedar la sensación que las malas decisiones son solo las que no se terminan por tomar.

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Publicado el
18 de febrero de 2021 - 10:27 h

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