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La política y la plaza: de la Puerta del Sol hasta San Telmo por David Veloso

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Pero cuando nadie se lo esperaba, o no lo quería ver, porque ya había repuntes de revueltas globales, y no me refiero a las árabes, que también, sino a las que se han producido en numerosas ciudades del suelo europeo, la plaza pública, espacio neurálgico de los orígenes de la democracia, se convierte de forma espontánea en el espacio político para reivindicar una democracia real.

En la Manifestación del 15 de Mayo, Madrid era una fiesta, y era tanta la alegría, que nadie se quería marchar, y eso a pesar de que los propios convocantes pidieron a la gente que se disolviera para que las otras personas que venían por la calle Alcalá pudieran acceder hasta la Puerta del Sol. Las ganas de cambio han hecho posible el resto, es decir: el debate en la calle, las acampadas, las asambleas, la llegada de una marea silenciosa de personas de todas las edades, las actividades, la solidaridad de los vecinos y de los comerciantes, y quién sabe cuantas cosas más nos deparará. Madrid es el epicentro, pero en el resto de las ciudades españolas, la cosa empieza igualmente a desbordarse. La multitud cobra por fin sentido en este país.

Este movimiento de ciudadanos reconstruye el concepto de ciudadanía hacia fórmulas participativas que reactivan el concepto de democracia, porque la democracia representativa está en crisis desde hace tiempo, y necesita reinventarse. De hecho, si tuviera que sintetizar las propuestas que se presentan desde el movimiento, creo (pues lo digo desde mi opinión particular) que serían justicia social y participación, dos conceptos necesarios para una democracia real.

Unos cuantos siglos después, las plazas vuelven a ser el centro donde miles de ciudadanos "indignados" se manifiestan para recuperar la confiscada democracia. Lugar simbólico para caminar hacía la verdadera política.

Las plazas, las plazas, las plazas de España,

Las grandes, las solas, desiertas llanuras.

Galopa caballo, caballo cuatralbo,

Jinete del pueblo,

de Sol hasta San Telmo.

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

David Veloso

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