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Sobre el pretendido teleférico a La Isleta

Luis Ibarra, Augusto Hidalgo y Rafael Cabrera en la presentación del proyecto del Teleférico a La Isleta

Luis Ibarra, Augusto Hidalgo y Rafael Cabrera en la presentación del proyecto del Teleférico a La Isleta Canarias Ahora

El ingeniero y autor del proyecto del pretendido funicular hasta la montaña de El Vigía en La Isleta, don Rafael Cabrera Rodríguez, ha respondido a un anterior artículo mío en el que criticaba ese proyecto.

Antes que nada, celebrar que este relevante asunto pueda ser discutido ante la opinión pública. Porque, en mi opinión, lo peor que pudiera ocurrir es que, aprovechando la canícula y el correspondiente despiste de los equipos municipales, el teleférico pudiera llegar algún día a elevarse en el aire. De ahí que agradezca esta posibilidad que, generosamente, brinda don Rafael Cabrera.

1). Ni por asomo he calificado de “malvada clase empresarial” (sic entrecomillado) al empresariado en general ni al canario en particular, como escribe don Rafael. Lo que critiqué y critico es su proyecto. Por eso, don Rafael, no pretenda desviar ni tergiversar el debate. Porque, aunque usted se emperre, no se trata de ninguna polémica ideológica entre la clase empresarial y una persona de izquierdas. ¡No! Y nadie está maltratando al empresariado para que usted, una vez establecida esa falsa premisa, se constituya en su adalid y defensor. No haga trampas. Aquí no se trata de lo que usted piense y defienda. Aquí se trata de criticar lo que usted pretende hacer. Y de sus proyectos y obsesiones, constatadas y documentadas, para hincar un funicular en alguno de los principales hitos geográficos y simbólicos de Gran Canaria.

2). Le critico que su proyecto pretenda que su artilugio sobrevuele el Istmo, sin tener en cuenta el carácter ultrasensible de este fenómeno geográfico, único en Canarias y ya bastante machacado. Y eso que, hace algunos años, pudimos liberarlo del proyecto de la Gran Marina. El mismo espacio sobre el que usted, ahora, propone edificar otro “edificio icónico” como pórtico de entrada para su invento.

3). Donde usted se luce, don Rafael, es cuando intenta justificar su vuelo rasante sobre las azoteas del barrio de La Isleta. Según usted eso supone “la puesta en valor del barrio” ¿No le da reparo escribir eso? Porque a nadie le gusta que esos artilugios aerotransportados y llenos de gente les pasen por encima de la liña donde están tendiendo la ropa recién lavada. Porque a nadie le apetece oír cómo se acerca el cachivache cada x tiempo, y no una ni mil veces, sino de por vida. Porque usted sabe, don Rafael, que su artefacto sobrevolará el barrio para que sus viajeros lleguen a El Vigía y vuelvan de retorno al lado del Acuario. Su pretendida puesta en valor del barrio de La Isleta es pura campaña publicitaria.

4). Dice mi amigo Faustino García Márquez que el mejor negocio que alguien pueda proyectar, es el de “hacer lo que no se puede hacer, donde no puede hacerse”. Usted lo borda. El Paisaje Protegido de La Isleta está protegido no porque esté limpito como una patena (esa es otra). Está protegido, precisamente, para defenderse de inventos como el suyo.

5). Usted dice que el planeamiento urbanístico de La Isleta no le concierne. ¿Usted sabe lo que está escribiendo? Porque, a mi juicio, la razón más importante para descalificar su propuesta es que entra como una fuerza aerotransportada en un espacio emblemático para toda Gran Canaria, sin importarle lo más mínimo (“no me concierne”) lo que su proyecto pueda suponer pare el conjunto de la pequeña Península. Le reitero que hace más de 50 años está pendiente su reconquista para toda la ciudadanía isleña. Con el objetivo de convertirla en un formidable espacio de desahogo y esparcimiento. El pulmón de la ciudad de Las Palmas. Con senderos diseñados no solo para disfrutar del aire y de sus paisajes, sino para aprender a entender nuestro nacimiento volcánico, su flora y fauna, sus huellas y enterramientos aborígenes, su significado histórico en la defensa militar de la Isla, etc. Y entreverado de espacios para el descanso, los deportes en mar y tierra, los encuentros y las fiestas…

Para todo eso hace falta estudiar y pensar mucho, patear lo que no está escrito, hacer y recibir propuestas de los ciudadanos. Y, al final, acordar la estrategia de planeamiento que haya parecido a la gran mayoría como la más inteligente y adecuada.

Y viene usted, don Rafael, para decir que lo suyo es poner en funcionamiento el teleférico y que lo demás “no le concierne”.

Y si a usted no le concierne, a muchos ciudadanos de Las Palmas sí nos concierne. Porque su proyecto es un negocio que mira al beneficio empresarial. Y eso, que es lo normal en cualquier sitio, no lo es en el caso particular de su artilugio en La Isleta.

Usted insiste en la existencia de un montón de importantes ciudades en el mundo que tienen teleféricos. Y nos anima a que les preguntemos si se plantean su desmantelamiento. A estas alturas y en mi opinión, lo más acertado no sería irse tan lejos. ¿Por qué no preguntamos a los ciudadanos de La Isleta qué piensan sobre el particular?

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