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Cegados por lo barato

La irrupción de superficies comerciales con variadas ofertas y sugerentes precios, nos invitan a discernir al menos entre cuatro opciones: 1) Los comerciantes de la Isla nos imponían precios altos para aumentar sus márgenes. 2) Los precios que tienen los comerciantes locales son los que realmente pueden tener en función de su volumen de ventas. 3) La calidad de los productos que nos ofertan algunas superficies de relativa nueva implantación es la Isla es tan baja, que se pueden permitir bajar los precios. 4) Las subvenciones que reciben esas superficies para el transporte de sus productos, como ocurre con el pan congelado, les permite ser altamente competitivos; aunque no sólo venden pan congelado esas nuevas superficies, ni me refiero a empresas de alimentación.

Se podrá discutir sobre las opciones anteriormente planteadas, pero sean ciertas unas opciones u otras, tengamos ejemplos donde se den unas opciones u otras, dejarse llevar sólo por los precios, de entrada lo que provoca es un cambio en el flujo de dinero, desde unos establecimientos comerciales liderados por locales en su mayoría, a otros cuyos máximos responsables se encuentran fuera de la Isla. Esto se traduce, pasado el tiempo, en el cierre de algunos comercios locales y la permanencia de los comercios gestionados por los foráneos, o en el cierre o dejadez por parte de los comercios con excelentes precios, que hicieron su agosto, gracias a los buenos precios. La pérdida de empleo en los comercios locales, en un principio se pudiera ver compensada por el empleo creado por las denominadas superficies de bajo precio, pero sus ganancias rara vez se ven reinvertidas en las Isla, perjudicándonos todos. Tiene que quedar claro, que no pretendo fomentar un proteccionismo o cierre a todo lo que venga del exterior, pretendo fomentar una reflexión colectiva.

Yo entiendo, a riesgo de estar equivocado, que estamos cegados por lo barato. Allí donde sea más barato, allí es donde voy a comprar. Porque estamos en una situación de precariedad tal, que lo que me importa son los precios. Pero no en todos los casos, lo barato es lo mejor, y todo el mundo es conocedor de esa realidad. Por tanto debemos de comprobar calidades, cantidades, niveles de agua, añadidos varios, uso y disfrute del producto, etc., para comenzar a determinar que nos merece más la pena, si lo barato sin más, o aquello un poco más caro que nos reporte mayores beneficios. Escrito en otro sentido, ¿nos merece más lo vendido por superficies de nueva implantación o lo vendido por los locales?. Los comerciantes, bien sean de fuera o no, espero que me permitan dos pequeños ejemplos: Un solomillo congelado, que en su envase no ponía solomillo, ponía preparado cárnico, y unos polvos talcos comprados para los indianos, con dos enormes símbolos uno de tóxico y otro de nocivo. Si estos dos ejemplos no nos hacen reflexionar sobre la calidad de lo que estamos consumiendo, es que irremediablemente estamos cegados por lo barato.

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Publicado el
31 de octubre de 2014 - 17:46 h

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