Como comentarista satírico me interesa mucho el Nobel de Economía, más que nada por la jerga que suelen utilizar, fascinante por misteriosa e incomprensible, tipo “el premio se les ha concedido por investigar la conexión indeleble entre los márgenes exponenciales de la plusvalía referencial y los números primos no computables como referencia estructural”, bueno, cito de memoria, pero he leído cosas muy parecidas. En cambio, el Nobel de Economía concedido este año está clarito, clarito, y es que a tres eminencias se les ha concedido el premio por lo que ellos llaman destrucción creativa, hablando en plata, jeje, se podría decir que cada avance significa la destrucción del anterior. La aparición de un nuevo móvil significa la destrucción a corto o medio plazo del modelo anterior, y así con autos, neveras, y sobre todo el amplio campo informático y robótico. Y todos somos cómplices de esta destrucción creativa en cuanto consumidores, yo me confieso destructor creativo de docenas de aparatos y vehículos a lo largo de mí ya prolongada existencia. Incluso he sido testigo privilegiado de la evolución creativa del papel higiénico, por bajarme a un terreno más pedestre. Aunque yo me apunto al lema de un amigo muy cercano de “no me seas creativo”, “hazlo como te digo y no inventes cosas raras que llevo chanclas”, creo también que hacen falta altas dosis de creatividad e innovación para remontar la destrucción del volcán. Innovación, ladies and gentlemen, innovación,que de destrucción vamos bien servidos, ánimo pues.