Puerto Naos diseña su segunda vida entre hoteles, plataneras y memoria volcánica

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Recreación de la ordenación de Puerto Naos.

Puerto Naos no parte de cero. Parte de una herida. Durante años fue uno de los nombres propios del turismo palmero, una franja costera donde se mezclaban apartamentos, un hotel, restaurantes, playa, agricultura y vida cotidiana. Después llegó el volcán, llegaron los gases, llegaron los cierres y la incertidumbre. La zona dejó de ser solo un destino turístico para convertirse también en símbolo de una recuperación difícil.

Ahora, el Instrumento de Planificación Singular Turística (IPST) de Puerto Naos y Charco Verde pretende abrir una nueva etapa. A finales de abril de 2026, la Comisión de Evaluación Ambiental del Cabildo de La Palma dio el visto bueno al inicio del expediente. Conviene subrayarlo: no se han aprobado hoteles ni se han concedido licencias de obra. Lo que se ha activado es el procedimiento que permitirá estudiar, ordenar y someter a consulta pública un plan llamado a redefinir una de las zonas costeras más sensibles de la isla.

El proyecto plantea ordenar 27,7 hectáreas entre Puerto Naos y Charco Verde, con un límite máximo de 2.100 plazas alojativas. La propuesta no invade la playa y reserva más del 55% del suelo a zonas verdes, espacios libres y plataneras. Esa combinación, turismo y agricultura, es una de las claves del relato: no se trataría de sustituir por completo el paisaje agrario, sino de insertar la nueva actividad turística dentro de él.

La cifra de 2.100 plazas tampoco es menor. El plan no se presenta como una expansión ilimitada, sino como una recuperación parcial de la capacidad perdida tras la erupción. Puerto Naos y su entorno llegó a concentrar en torno a 3.000 camas turísticas antes del volcán. El IPST, por tanto, aspira a devolver parte de esa fuerza económica, pero bajo un modelo más ordenado, compacto y sometido a nuevas exigencias ambientales.

El diseño previsto apuesta por concentrar la edificación en lugar de dispersarla. En la práctica, esto significa crecer más en vertical que en extensión, dejando más suelo libre para jardines, caminos, cultivos y espacios abiertos. Es una solución con ventajas claras: reduce la ocupación del territorio, permite concentrar redes de agua, saneamiento y energía, y facilita la gestión de servicios. Pero también plantea una de las inquietudes de vecinos y grupos ecologistas: que la altura de los edificios pueda alterar el paisaje o generar un efecto de barrera en una costa que no admite errores estéticos ni ambientales.

El expediente entra ahora en una fase delicada. Tras el inicio de la tramitación ambiental, deberá abrirse un periodo de consulta pública. Después llegarán los informes sectoriales (agua, costas, carreteras, seguridad, medio ambiente), las posibles alegaciones, la aprobación plenaria, la publicación definitiva en el Boletín Oficial de Canarias, los convenios urbanísticos con los propietarios y, finalmente, las licencias municipales. Solo al final de ese recorrido podrían empezar las obras.

Planificación Singular Turística de Puerto Naos y Charco Verde.

Ese calendario explica por qué el IPST es, de momento, más una promesa ordenada que una realidad material. El Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane promueve el plan, pero la inversión en hoteles y equipamientos correspondería a promotores privados. La administración ordena el suelo; los inversores decidirán si entran, con qué proyectos y bajo qué condiciones. Ese detalle resulta fundamental para entender el alcance de lo aprobado: no se ha construido nada, pero se está preparando el marco para que pueda construirse.

Las oportunidades son evidentes. La Palma necesita actividad económica capaz de sostenerse más allá de la subvención, del parche y de la emergencia. Necesita empleo, inversión y razones para que la población joven no vea la salida de la isla como único horizonte razonable. Un Puerto Naos reactivado podría generar trabajo en construcción, hostelería, mantenimiento, transporte, restauración, comercio, ocio, agricultura vinculada al turismo y servicios profesionales. No sería una solución mágica, pero sí un motor posible para una comarca que ha visto demasiado tiempo cómo la normalidad se aplazaba.

También podría ayudar a reforzar la conectividad turística de la isla. Más plazas alojativas significan más capacidad para atraer visitantes, sostener rutas y dar estabilidad a una oferta turística que en La Palma siempre ha sido más frágil que en otras islas del Archipiélago. La cuestión, sin embargo, no es solo traer más turistas. Es decidir qué tipo de turismo se quiere y qué deja realmente en el territorio.

Ahí aparecen los riesgos. Los grupos ecologistas pueden cuestionar el impacto territorial, el consumo de agua, la presión energética, el aumento de residuos o la posible pérdida de paisaje agrícola. Algunos vecinos, especialmente en una zona marcada por evacuaciones y restricciones, reclaman seguridad, información y garantías. La presencia de gases volcánicos sigue siendo un elemento que obliga a extremar la prudencia. Cualquier desarrollo en Puerto Naos tendrá que convivir con esa realidad y prever protocolos claros.

El agua será otro examen. El propio planteamiento del IPST incorpora reutilización de aguas regeneradas, drenaje sostenible y energías renovables. Sobre el papel, son medidas necesarias y coherentes. En la práctica, exigirán inversión, mantenimiento y control. Un hotel eficiente no lo es porque lo diga una memoria, sino porque sus instalaciones funcionan, se auditan y no compiten de forma injusta con las necesidades de la población residente y del sector agrícola.

Tampoco puede ignorarse el efecto sobre la vivienda. Un desarrollo turístico de alta gama, de cinco estrellas, puede generar empleo e ingresos, pero también tensar precios, atraer especulación y cambiar el equilibrio social de la zona. La oportunidad económica debe ir acompañada de políticas que eviten que quienes trabajen en ese nuevo Puerto Naos no puedan vivir cerca de él.

Recreación de la ordenación turística de Puerto Naos.

Qué queda ahora: las fases del IPST

A Puerto Naos aún no han llegado las grúas. Antes queda un recorrido largo: consulta pública, informes sectoriales, respuesta a alegaciones, aprobación definitiva, convenios con propietarios y promotores, proyectos técnicos y licencias municipales. Solo entonces el IPST pasará del papel al terreno. Esa temporalización será decisiva, porque permitirá comprobar si el proyecto mantiene el equilibrio prometido entre inversión turística, paisaje agrícola, seguridad volcánica y participación ciudadana.

Lo aprobado hasta ahora es el arranque de la tramitación ambiental y administrativa. A partir de este punto, el camino previsto incluye varias fases:

1. Consulta pública y alegaciones

Tras el inicio del expediente, se abre un periodo de consulta en el que podrán pronunciarse administraciones, vecinos, propietarios, colectivos y personas interesadas. Esta fase será clave para medir el grado de aceptación social del proyecto y para introducir posibles correcciones.

2. Informes sectoriales

El expediente deberá recabar informes de las áreas competentes: agua, costas, carreteras, seguridad, medio ambiente, energía y otros servicios afectados. Estos informes determinarán si el plan necesita ajustes técnicos antes de seguir avanzando.

3. Revisión de alegaciones y ajustes del documento

Con las aportaciones recibidas, la administración tendrá que estudiar las alegaciones y decidir cuáles incorpora. Aquí podrían modificarse aspectos como accesos, integración paisajística, medidas ambientales, garantías sobre el agua o condiciones de seguridad volcánica.

4. Aprobación provisional o plenaria

Una vez revisado el documento, el IPST deberá someterse a aprobación por el órgano competente. Esta fase servirá para fijar políticamente el modelo de ordenación que se quiere para Puerto Naos y Charco Verde.

5. Aprobación definitiva y publicación oficial

Si supera los trámites anteriores, el plan deberá aprobarse definitivamente y publicarse en el boletín oficial correspondiente. Solo a partir de ese momento el IPST tendría plena eficacia jurídica.

6. Convenios urbanísticos con propietarios y promotores

Después será necesario concretar los acuerdos con los propietarios del suelo y con los promotores interesados. Estos convenios deberán fijar cesiones, obligaciones, garantías, compromisos de ejecución, conservación del paisaje agrario e infraestructuras necesarias.

7. Proyectos concretos y licencias municipales

El IPST ordena el ámbito, pero no construye por sí mismo. Cada hotel, equipamiento o actuación deberá presentar su proyecto específico y obtener las licencias municipales correspondientes.

8. Inicio de las obras

Recorrido administrativo de la Planificación Singular Turística de Puerto Naos y Charco Verde.

Solo cuando estén aprobados el planeamiento, los convenios, los proyectos técnicos y las licencias podrán comenzar las obras de urbanización y edificación.

El IPST llega, por tanto, con una doble condición: puede ser una gran oportunidad para La Palma, pero solo si se hace bien. Si el proceso es transparente, si las alegaciones se escuchan de verdad, si los compromisos ambientales se convierten en obligaciones verificables y si la riqueza generada se reparte en empleo, actividad local y servicios, Puerto Naos podría convertirse en un ejemplo de recuperación inteligente después de una catástrofe.

Si el expediente avanza sin grandes tropiezos, el primer hotel podría inaugurarse en torno a 2029 o 2030. En un escenario más lento, con alegaciones, ajustes técnicos o litigios, la apertura podría demorarse hasta 2031 o más. Esa horquilla resume bien la naturaleza del IPST: no es una obra inmediata, sino una carrera de fondo administrativa, urbanística y ambiental.

La isla no necesita elegir entre economía y paisaje, ni entre turismo y agricultura, ni entre inversión y prudencia. Necesita demostrar que puede combinarlos sin engañarse. Puerto Naos tiene ahora una segunda oportunidad. El IPST no es todavía el renacimiento, pero sí el plano sobre el que ese renacimiento podría empezar a dibujarse.

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