Moncho Monsalve en La Palma, mucho más que una temporada
Moncho Monsalve (1945-2026), mítico entrenador vallisoletano recientemente fallecido, dejó una huella profunda en el baloncesto español tanto por su trayectoria en la élite como por su capacidad formativa y su visión innovadora del juego. Una de sus etapas más significativas, aunque menos conocida a nivel nacional, fue su paso por la isla de La Palma durante la temporada 1974-1975, al frente del C.B. La Palma.
Monsalve llegó a la isla por motivos personales con la intención inicial de permanecer solo quince días. Sin embargo, su estancia se demoró una temporada y terminaría dejando una huella mucho más profunda de la prevista. Antes de su llegada, ya había dirigido al Mataró y al San José Irpen de Primera División, siendo este apenas su tercer equipo como técnico (tras cuatro años como jugador en el Real Madrid y otros tantos en el Kas de Vitoria y en la selección nacional). En el club palmero, bajo la presidencia efectiva de Pancho Martín, los resultados deportivos no fueron especialmente destacados, pero su verdadera aportación trascendió lo competitivo. El técnico de Medina del Campo introdujo innovadores conceptos de dirección de equipo, modernizó las técnicas de entrenamiento y aportó nuevos fundamentos técnico-tácticos, incluyendo los sistemas como formas organizadas del juego colectivo.
Aquel trabajo sentó las bases del crecimiento inmediato del baloncesto palmero. Apenas una temporada después, con ese mismo bloque y el refuerzo del jugador estadounidense David Kundla (cuya incorporación se logró gracias a la mediación del propio Monsalve), el equipo conquistó el Campeonato de Canarias de Tercera División, lo que le permitió participar en Valladolid en la fase de ascenso a la nueva Segunda División, ahora de ámbito nacional. Curiosamente, durante su permanencia en la isla, Monsalve también intentó fichar a un pívot de 2,11 metros procedente de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA), aunque la operación al final no llegó a concretarse.
La Segunda División canaria que él conoció (la última de ámbito estrictamente regional) destacó por un nivel competitivo excepcional, probablemente uno de los más altos que se recuerdan. La categoría contaba con una Náutico recién descendido de Primera División y con varios equipos reforzados por jugadores americanos de calidad, como Greg Jurcisin en el propio Náutico, John Lowe en el Káiser o Jeff Overhause en el Canarias. En ese exigente contexto, el C.B. La Palmaafrontó además importantes contratiempos, como la baja de su jugador más prometedor, Manolo de las Casas, y la ausencia de dos veteranos de gran peso, Julio Plata y Manolo Jaubert. Estas circunstancias hacen aún más meritorio el proceso de reconstrucción del equipo, especialmente teniendo en cuenta que buena parte de la plantilla residía en Tenerife por motivos de estudios, lo que dificultaba enormemente que todos coincidieran en los entrenamientos. Formaban parte del equipo jugadores como Carlos Valcárcel, que regresaba tras dos años en el Canarias, Emiliano Navarro, Quique Álvarez, Guillermo Hernández, Carlos Colomer, Víctor Acosta Donato, Alejo Cabrera, Roberto Estrello, Paco Pérez Pemoro, Emilio H. Guardia, Pacucho Arrocha, Isidro Castro o Miguel Ángel Martín, entre algunos otros.
Paralelamente, Monsalve desarrolló una destacada labor formativa en el baloncesto base del club, supervisando equipos juveniles, como el Juventud OJE (luego Juventud Play Boy), dirigido por jóvenes entrenadores como Pepe Arroyo o Facundo Daranas. Aquel conjunto contaba con jugadores como Francis Sánchez, Manolo R. Calderón, Javi Pérez, Ramón Aciego, Chicho Sánchez, Isidro Acosta, Simón Barella, Juan Carlos Lozano, Ignacio Negrín, Toño Fernández Venta, Carlos San Blas, Toño Gómez o Paco Feliciano. Este equipo logró durante dos años consecutivos el subcampeonato provincial (solo superado por el Caja Rural, primero, y por el Wong, el año siguiente) y posteriormente el campeonato provincial escolar. Destacaba sobre todo por su intensidad defensiva, basada en una zona-press a toda la cancha que les había inculcado el propio técnico vallisoletano.
Durante su estancia en la isla, su relación con Pancho Martín, alma mater del C.B. La Palmaentre 1967 y 1977, fue siempre especialmente cercana. Monsalve, entrenador vehemente donde los haya, evocaba ese vínculo con afecto, como una conexión humana y deportiva marcada por la complicidad y la pasión compartida por el baloncesto. En una ocasión, pude comprobar como expresaba esa gratitud con palabras sencillas pero elocuentes: “Dile a Pancho y a su familia que siempre están conmigo. Espero poder verlo pronto y llevarle la prenda que tanto le gustaba”.
En este tiempo, Moncho Monsalve también dirigió, junto a Hernández Rizo, al equipo de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, que acabaría proclamándose campeón de España con la presencia del palmero Carlos Valcárcel. Asimismo, codirigió un combinado provincial, junto al padre Montenegro, con jugadores de la isla como Eduardo Aciego o Simón Martín, entonces en el Canarias de La Laguna, o Guillermo Hernández, del C.B. La Palma.
Muchos años después, en las eliminatorias de ascenso a LEB de la temporada 1998-1999(temporada en la que la U.B. La Palma se proclamaría campeón de la Liga EBA), Monsalve regresó de forma puntual a la isla como entrenador del Balneario Archena de Murcia. Aquel retorno no fue uno más en su trayectoria, sino un reencuentro cargado de significado con una tierra que siempre consideró en parte suya. En realidad, su etapa en La Palma había trascendido lo meramente circunstancial para convertirse en un verdadero punto de inflexión en el desarrollo del baloncesto insular. Su experiencia, su metodología y su visión del juego, tan adelantada a su tiempo, contribuyeron decisivamente a abrir de manera definitiva la isla al baloncesto moderno.
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