¡A la vitrina! No más paseos del Pendón Real

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Economía de la conquista.

Un año más, muy a nuestro pesar, porque al parecer nuestro regidor hace oídos sordos, tenemos que volver a demandar públicamente al Sr. Alcalde de Santa Cruz de La Palma, a los ediles, y al Pleno de la Corporación Municipal, que el día 3 de Mayo, del tradicional desfile institucional, aniversario del final de la conquista, «evangelización» e «incorporación» de La Palma a la corona de Castilla, y de la celebración de la fundación de la Villa de Apurón, hagan el favor a la ciudadanía de dejar en su vitrina del Museo Insular al enojoso Pendón de la conquista imperial castellana, por constituir un símbolo feudal del Antiguo Régimen, preconstitucional, anacrónico, y aún manchado de la inocente sangre benahorita.

La Historia Universal y la inmensa mayoría de la población canaria conoce bien lo que simboliza y representa el estandarte, por mucho que nuestro regidor españolista, se empecine otro año más, en su tarea de blanqueamiento, ignorantación y negacionismo de la Historia de la conquista y colonización de Canarias, sus causas y consecuencias.

El Pendón actual de Carlos I de España y V de Alemania que sacan de procesión, con su águila imperial, sobre un campo bañado de la sangre de las víctimas de los pueblos indígenas aniquilados y esclavizados, es sustituto del originario pendón de la conquista que, supuestamente, quemó Pata de Palo en 1553 en el saqueo de la ciudad, y continúa simbolizando y representando para la ciudadanía exactamente lo mismo que el que bordó «con sus propias manos» la reina católica de Castilla, según nos quieren hacer creer, como si fuéramos ingenuos, los voceros de la leyenda blanca, para celebrar la conquista y colonización de La Palma, Gran Canaria, Tenerife (islas realengas), de México o de todas las ciudades coetáneas del Imperio americano.

Representa el inmenso negocio de la empresa de la guerra, también mercantil, española y europea, de la conquista y colonización atlántica; el robo de las materias primas, la venta de esclavos, la muerte y aculturación de los pueblos originarios, hasta conseguir su objetivo de resarcirse rápidamente de los gastos ocasionados en la empresa colonizadora. Es la misma historia y modus operandi en toda Canarias y América.

Ya deberían saber vuesas mercedes que hoy, en democracia y libertad, ningún pueblo con dignidad, orgulloso de sus raíces y su cultura celebra la humillación, el desprecio, el robo y la destrucción de su propia cultura originaria.

Por nuestra dignidad, como ciudadanía tolerante y madura, con más de 50 años de Democracia; finalmente libres de la ignorancia, de la opresión y el vasallaje colonial; por el respeto a la Historia y la memoria de Canarias y de nuestros antepasados benahoritas, SOLICITAMOS dejen el odioso pendón, el estandarte imperial, teñido de sangre awarita en la vitrina del ayuntamiento, o bien en el Museo Insular.

En todo caso, en su lugar, si estuvieran por celebrar con alegría el aniversario de la fundación de la ciudad, más aún, si como nuestro ilustrado regidor dice, con afán electoralista, que ya somos la kapital y «cuna de la democracia mundial», en consecuencia, dejen el sangriento pendón en la vitrina, y saquen a pasear en su lugar la bandera actual de la ciudad.

Así que, sugerimos que convoquen por esos días, algún festival para la juventud; que se ocupen de solucionar los gravísimos problemas de escasez de vivienda; de la mejora de la educación y de la salud públicas; de bregar por la paz y contra la guerra; de trabajar por conseguir avanzar significativamente en nuestra soberanía energética y alimentaria. Seguramente así habría mayor consenso y alegría en la ciudad. Déjense de tantos cantos de auto alabanza por las nostalgias y las viejas glorias del Imperio español, que nunca movieron ni mueven ya molino.

Sepan vuesas mercedes, nuestros ediles de gala, que hoy, en esta obra teatral medieval, los que portan el pendón y sus acompañantes, representan la amenaza del poder y la muerte por la fuerza de las armas con la bendición de la Iglesia oficial; el robo, el reparto entre los vencedores de las mejores tierras, aguas y rebaños de los inocentes indígenas vencidos y hechos vasallos de los «bandos de paces», por la fuerza de las armas europeas, y finalmente, evangelizados por la fuerza de “la espada al servicio de la Cruz”, o de «la Cruz al servicio de la espada» y la empresa colonial.

Sepan vuesas mercedes, nuestros democráticos ediles, que en pleno siglo XXI de la IA y la colonización del espacio sideral, la celebración y representación pomposa de este drama medieval ya no da miedo a nadie. Está fuera de lugar por antihistórica e indigna para los que somos y nos sentimos canarias y canarios.

En plena democracia, ahuyentados ya los demonios históricos inquisitoriales, no hay por qué exaltar pomposamente lealtades a la corona de Castilla, ni españolidades de pica medieval. Los ediles han sido elegidos democráticamente por todo el pueblo soberano mayor de edad, esta vez sin restricción alguna. A nadie, ni siquiera a su partido deben favores, para tener que asistir a esa farsa anacrónica, que ha desaparecido progresivamente de las ciudades canarias, como así ocurrió con la procesión civil y religiosa del pendón de Las Palmas de Gran Canaria, desde 1984, que luego se retiró de La Laguna, de Santa Cruz de Tenerife, y solo queda como el tarrito de las esencias colonialistas en nuestra ciudad, para pena y vergüenza de muchísimas palmeras y palmeros, tanto de dentro como de fuera de la isla.

Sin representaciones de dramas y pendones de guerra, o dejando el pendón en la vitrina, la vida en Santa Cruz de La Palma sería más natural y sincera, más alegre y participativa; más tolerante, justa y progresista. Una ciudad menos rígida y oficialista, abierta a sus barrios y no enquistada en la “calle Real”, al servicio de una minoría gobernante endogámica y auto complaciente, anclados en el pasado preconstitucional.

Hágannos el favor, señor regidor y concejales, dejen el pendón imperial de la conquista y colonización en la vitrina, porque además de lo dicho, da vergüenza ajena verlos, (sobre todo por la juventud), calle O’Daly arriba, vestidos con su frac de gala, ajenos a la realidad histórica y a la sociedad moderna, anclados en el medievo, y ensalzando por encargo el atropello, la aculturación y el exterminio del pueblo benahorita.

Por dignidad y el debido respeto a nuestra propia historia, tengan el coraje y la valentía suficiente para honrar la memoria de nuestros antepasados benahoritas.

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