El nacimiento costumbrista de la parroquia de San Andrés: aportaciones a la vestimenta tradicional palmera
En 1996, hace 30 años, se publicaba un folleto desplegable bajo el título: El nacimiento costumbrista de la parroquia de San Andrés: aportaciones a la vestimenta tradicional palmera. Lo publicaba el Ayuntamiento de San Andrés y Sauces con texto y fotografías de mi persona.
Han pasado tres largas décadas y la satisfacción personal, recompensa interior, de haber aportado algo novedosos y desconocidos en el correcto vestir de la indumentaria tradicional palmera ha merecido la pena. Ahí queda, ahí está, para continuar profundizando en la indumentaria del campesinado de la isla de La Palma en el siglo XIX.
Según han trascurrido los años hemos comprobado que esta pionera divulgación, digna y sencilla, de la indumentaria costumbristas del nacimiento de San Andrés se ha ido extendiendo en su estudio y hoy se reproduce en grupos folclóricos y particulares que valoran el antiguo vestir cotidiano de nuestros antepasados.
Aportaciones a la vestimenta tradicional palmera del nacimiento costumbrista de la parroquia de San Andrés
Las corrientes del Romanticismo del siglo XIX se contraponen directamente con las de la ilustración y llegan como una corriente universal también a la isla canaria de La Palma.
El costumbrismo y el saber popular lo reflejan los románticos en la literatura de viajes, en la música, en las fiestas, la pintura, la museística y en las costumbres y tradiciones populares.
En La Palma se da el mismo fenómeno y, gracias a toda esta información, unida a la que dejó la entonces incipiente fotografía, cada día va aumentando el estudio de la indumentaria tradicional de la isla.
Como aportación valiosa, para un mejor estudio, son las figuras del nacimiento costumbrista de la parroquia de San Andrés, en el municipio de San Andrés y Sauces.
Estas figuras, unas cincuenta, son de diferentes tamaños que oscilan entre los 20 cm y 30 cm. El valor testimonial de este patrimonio cultural aumenta dado que además de presentar diferente indumentaria, cada figura representa una labor campesina del campo palmero, toneleros, hilanderas, agricultores con diferentes útiles, yuntas, telares, aguadoras, pastores con lanzas, alforjas, monteras, gasas, fajas, chalecos, mantilla y otros elementos y complementos.
En este nacimiento, que por los datos que obran en el archivo parroquial data de finales del siglo XIX, (en pleno Romanticismo) se conservan dos clases de figuras, unas hechas con una tela encolada y otras de vestir, a estas últimas se les ha renovado la vestimenta y afortunadamente se conservan las originales, a las que le son fieles las reproducciones.
En esa decimonónica indumentaria reproducida se aprecian, aún en su diminuto tamaño, bordados, pliegues y cortes de camisas muy interesantes en puños, mangas y cuellos.
La indumentaria del varón está formada por calzón hasta las rodillas, abierto por el lateral, asomando el calzoncillo. Camisa blanca remangada hasta el codo, holgadas y con pliegues en hombros y espalda. Predomina el cuello en pico, aunque también los hay cerrados en cuadrado. Faja a rayas verticales, de diferentes colores, con las puntas entrelazadas en la espalda (paralelas o cruzadas), sin maraña, macramé o flecos que se aprecien, montera cerrada (tipo pasamontaña) y polainas (en algún caso). Otros, también llevan la faja de color entero (rojo).
La pieza más interesante, y que aporta gran novedad, es el chaleco que visten concretamente dos de las figuras: es de color oscuro cerrado por delante y forrado en color rojo, sólo hay una costura en un lateral, que también aparece ribeteada, el hombro derecho lo llevaban suelto sobre el pecho y la espalda. Suponemos que tendría algún sistema para cerrarlo totalmente.
Hay también un chaleco abierto por delante en azul oscuro, con la parte trasera en blanco, formando un octógono irregular, asomando por los lados una parte de la tela de la pieza delantera de color azul, ayudando con este corte a un mejor entallamiento. En otro de los chalecos, blanco y azul, destaca el recortable de la tela en la espalda en forma “sierra”, picos, en la espalda.
En varias figuras el varón aparece con pantalón y con camisa de color blanco, sin chaleco. En uno el autor, minucioso con los detalles, deja adivinar en el vuelto del pantalón que va cosido con una bastardilla, como varias de las enaguas en tela que se conservan, lo que da una sensación de calados. Como complemento aparecen lanzas, alforja, útiles de labranza, toneles, tamboriles, podonas.
La vestimenta de la mujer la forman faldas hasta los pies, rematadas con barredera de diferentes colores, predominando el color rojo. Camisas blancas, siempre remangadas a los codos, con cuellos cerrados o corte bandeja.
Predominan los justillos rojos muy abiertos en el trenzado del pecho. Una de las figuras lo lleva de tela, como un brocado azul en vertical.
La tradicional gasa la llevan prácticamente todas las figuras y puesta de diferentes maneras, muy elegantes y coquetas. Va tanto ajustada a la cara, como suelta. Aunque se conservan en muy mal estado, se aprecia que casi todas llevaban montera. En las que están destocadas, aunque la llevan sobre los hombros, se reproducen diferentes maneras de recogerse el cabello. En nuestra opinión algunas debieron llevar sombreros de paja aunque no localizamos ninguno.
Una figura que destaca entre las de las mujeres es una que lleva mantilla. Va vestida con falda oscura, blusa verde, pañuelo blanco anulado a la barbilla y una mantilla que por delante le cae en dos picos y por detrás es recta y a la altura de la cintura. Se aprecia que las orillas van ribeteadas en color amarrillo.
El uso de la llamada mantilla se había recogido en abundante documentación en las otras islas, pero en La Palma es el único ejemplo que conocemos y pasados 30 años no conocemos otro ejemplo como este.
El rico legado cultural de la indumentaria tradicional palmera se sigue respetando al máximo por los grupos folclóricos y mucho menos en las parrandas incontroladas que asisten a eventos tradicionales y se dejan, olvidado en casa, montera y gasa y calzan zapatillas deportivas.
Hace 30 años
Ha llegado, pasados tantos años, el recordar nombres propios con gratitud por parte de mi persona para la consecución de esta pionera monográfica publicación de la vestimenta.
En primer lugar, la del folclorista, estudioso de la indumentaria tradicional, José Luis Lorenzo Barreto, quien me acompañó en un destartalado Renault 12 (R12) a fotografiar y estudiar, una a una, las figuritas del nacimiento de San Andrés.
A la siempre colaboradora y “sacristana” del templo de San Andrés Tomasa Martín, quien con generosidad nos fue mostrando, ante nuestro asombro, las diminutas figuritas y sus complementos.
Y al recientemente designado cronista oficial de San Andrés y Sauces, por ese entonces alcalde de la “villa y ciudad”, Manuel Marcos Pérez Hernández quien tuvo la sensibilidad, cosa no usual por esos años, de publicar El nacimiento costumbrista de la parroquia de San Andrés: aportaciones a la vestimenta tradicional palmera, con el cual el Ayuntamiento abría una serie de publicaciones patrimoniales locales bajo el título de Cuadernos de Cultura. Además, Pérez Hernández tuvo la iniciativa de proponer al plenario municipal, aprobado por unanimidad, el dirigirse al Cabildo para que asumiera la restauración del conjunto de figuras que componía el nacimiento de San Andrés (Diario de avisos, 17 de diciembre de 1996).
BIBLIOGRAFIA
Hernández [Pérez], María Victoria, El nacimiento costumbrista de la parroquia de San Andrés: aportaciones a la vestimenta tradicional palmera: Ayuntamiento de San Andrés y Sauces, 1996.
Diario de avisos, El número uno de “Cuadernos de Cultura”trata el nacimiento costumbrista. San Andrés y Sauces (C O), 17 de diciembre de 1996, pág. 22.
Hernández Pérez, María Victoria, La isla de La Palma: las fiestas y tradiciones, [Tenerife; Gran Canaria: Centro de la Cultura Popular Canaria], d. l. 2001. 304 pp. isbn: 84-7926-352-0.
*María Victoria Hernández es cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)
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