El volcán sepulta yacimientos arqueológicos que podrían ser “fondos de cabañas”

El jefe de Patrimonio Histórico de Cabildo y doctor en Arqueología, Jorge Pais, dice que “las erupciones volcánicas engullen todo lo que se encuentran a su paso. Y este nuevo volcán de La Palma que, a nuestro juicio, debiera llamarse Tacande, desgraciadamente, no está siendo una excepción. Pero, al igual que este relato, palmeros y palmeras volveremos a levantarnos, con más fuerza, y no es la primera vez, de esta tragedia y, al igual que hace 50 años, resurgiremos de las cenizas y el granzón, al igual que recuperamos los petroglifos del Roque Teneguía”.

“En la zona que se ha visto afectada por este cataclismo se conocían algunos yacimientos arqueológicos superficiales que, en principio, podría tratarse de escondrijos pastoriles o, más probablemente, fondos de cabañas que serán, en su gran mayoría, literalmente, engullidos por la lava en su recorrido hasta el mar”, añade.

“En el Museo Arqueológico Benahoarita contamos con tres vasijas que, en dos casos, fueron descubiertas en la zona de Los Pelados, donde reventó el volcán (forman parte de la exposición permanente), y la otra pieza procede del cráter de la Montaña de Todoque, donde existió un poblado de cabañas que, en principio, quedará a salvo de las coladas lávicas”, señala.

“En el estado actual de la investigación no conocemos vestigios como grabados rupestres, canalillos-cazoletas, enterramientos, etc. Todo el cataclismo ha tenido lugar, hasta el momento, en el primitivo cantón de Tihuya”, apunta.

“En las fotos de este artículo, una auténtica joya documental del archivo de Luis Diego Cuscoy, propiedad del Museo Arqueológico del Puerto de La Cruz, tenemos un claro ejemplo de los daños que los volcanes pueden hacer en el Patrimonio Cultural de Canarias, en este caso el Arqueológico”, subraya.

“En una de las fotografías vemos el volcán de San Antonio-Fuencaliente, cuya erupción fue en 1677, el Roque Teneguía, sobre el cual los benahoaritas realizaron una de las estaciones de grabados rupestres más interesantes y con mayor número de paneles de la antigua Benahoare, y en medio una columna de humo y escorias volcánicas de la erupción del Teneguía en 1971”, explica.

“La mayor parte de los grabados, especialmente los situados en la base del roque, fueron sepultados por una capa de granzón procedente del Volcán de San Antonio. En 1970, se intentó volar con dinamita este pitón fonolítico con los grabados rupestres para dejar paso al canal de agua Barlovento-Fuencaliente. La presión popular consiguió que se hiciese un túnel por debajo del roque y se aprovechó, dirigidos por Luis Diego Cuscoy, para llevar a cabo los trabajos para desenterrar los petroglifos, tal y como se aprecia en las otras dos fotografías otra de las fotografías”, detalla.

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