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Carta de un votante de izquierdas

13 de abril de 2026 09:26 h

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He votado de todo: PSOE, IU, Podemos, Drago y hasta ERC-EH Bildu-BNG-Ara Més, a veces a dos o tres de los nombrados en elecciones que se celebraban simultáneamente. Eso me identifica como un veleta ¡y ojo! somos cerca de tres millones así. Gente que se ilusiona y se decepciona, gente que se flipa en definitiva. Pero no me abstengo y no concibo como un demócrata a quien lo hace, mucho menos lo veo como alguien de izquierdas. Los partidos lo saben y por eso se ríen en nuestra cara. Prueben a militar en uno para que encima les cobren por ello.

Esta semana pasada empezaba con dos artículos, uno de Carlos Sosa y otro de un bulero psicopático que no voy a nombrar. El primero ponía por primera vez negro sobre blanco fuera de la sentina de Twitter -todos sabemos que se sigue llamando así- lo que es un secreto a voces en los mentideros políticos: que Drago trabaja para Fernando Clavijo. El segundo, escrito al diktat como es habitual, nos resumía lo inteligente que era Alberto Rodríguez en no subirse al barco que se hunde de las izquierdas canarias. Ambos tienen razón. Cada minuto que pasa Drago fuera de la sopa de siglas más se desesperan los cien cargos orgánicos -aproximadamente pero sigue subiendo, ayer mismo con nueve más de la broma de Sumar Canarias- y los menos de cincuenta cargos públicos -y sigue bajando- de la confluencia no nata. Drago es el espejo del Pacto de las Flores, por eso casi le gana a la pata más endeble del tinglado: la coalición de Podemos, Izquierda Unida Canaria y Sí Se Puede.

Da igual que solo tenga dos concejales: el propio Alberto y quien se vaya turnando en aguantarlo. Cada vez que lo nombran lo hacen más grande. Y lo sabe todo el mundo: quién paga la encuesta de la UNED con respuestas sugeridas -lo que prácticamente impide que se nombre a otras opciones- y quién las publica, quién dice que su sede del partido en Madrid tiene otra encuesta -que no enseña- y que elucubra con que en Canarias se podría reeditar el Pacto de las Flores ¡y nada menos que con Ángel Víctor Torres al frente! pero también quien invierte en su exposición mediática porque los paralelismos con Adelante Andalucía son solo una pista de por donde va a ir la cosa.

Habrá votantes que se pregunten cuál es la ideología de Drago viendo la trayectoria de su fundador: de ganar las primarias de IUC al cabildo de Tenerife -y que le levantara la candidatura el aparato- a ser flamante diputado de Podemos cuando cinco minutos antes estaba rajando de la falta de concreción ideológica del invento de los politólogos de la Complutense -lo que coincidió con el momento en que le dieron perras a Rafa Mayoral para contratar gente- a su caída del caballo y conversión al soberanismo cuando el Estado -no tan- profundo intentó que Podemos saliese del Gobierno cargándose a uno de sus diputados, si bien no contaban con el hambre de sueldo público del matrimonio madrileño que llevaba entonces el partido y el ahora grupo de empresas conocido como Galapagar SL. En resumen, esa falta de claridad es su éxito como pata izquierda del clavijismo: lugares comunes del malestar urbano y juvenil -el artista anteriormente conocido como Choco sería su máxima expresión, como Sara Socas en el festival subvencionado lo sería para la pata derecha-, folclorismo barato en los vídeos para redes sociales y artículos -el caro es el de llevar arena palmera para hacer un terrero en la capital del Reino- y esa llantina de la versión canaria del “Madrid nos roba” que es el “Madrid no nos da lo suficiente”. Nada más... y nada menos.

Habrá visto que al principio del artículo hice la trampa de decir que había votado a varios partidos y usted -amable lector o lectora que ha llegado hasta aquí- pensó que yo afirmaba que esas organizaciones eran de izquierdas por el título que le había puesto. No es objeto de esta descarga de bilis entrar en ese debate, pero cuando Movimiento Sumar Canarias sumaba 130 militantes -ahora son la mitad y de ellos votan a su vez solo la mitad- se produjo un divertido debate sobre si Nueva Canarias es de izquierdas y debía entrar en la coalición futura. Huelga decir que a nadie le importaba en Madrid -otra vez Madrid- lo que se dijera en Canarias sobre el tema estando como estaba ya tan avanzado el abrazo del oso de Román Rodríguez a Noemí Santana. Para aclarar mi relación con ese mundo del llamado nacionalismo progresista valga la anécdota de cuando me tocó Antonio Morales en el amigo invisible que hicimos en el grupo de gobierno del Cabildo de Gran Canaria, le regalé el magnífico libro de Gonzalo Wilhelmi, Romper el consenso. La izquierda radical en la Transición española (1975-1982) y al entregárselo le señalé que el autor nombraba a Carmelo Ramírez (página 119) pero no a él... lo que no le gustó. Creo que con esto se entiende que es la praxis política la que te hace de izquierdas, no los golpes en el pecho. Por cierto, denle una vueltita a la tesis de que el 90% de los cargos públicos de Nueva Canarias son muy de derechas y por eso se han ido con Coalición Canaria -porque sí amigos, se han ido con lo que llamaban ATICC- que andan pregonando los que quedan al frente del Frente Amplio Canarista.

¿Qué hacer? ¿Votar al PSOE entonces? No importa, también lo tienen calculado los de la Operación Rufián-Tezanos: con la nariz tapada y víctimas de la matraca del voto útil, consolándonos con los memes del Perro psoeando a Trump y que los irredentos voten a lo que queda de Podemos en España menos en Cataluña, que sería a ERC con dos o tres incrustados en listas, porque de eso iba toda la estrategia desde que el empresario Pablo Iglesias le prohibió a su marca catalana Podem presentarse en las elecciones autonómicas de marzo de 2024 y que es coherente con la visión acomplejada sobre España de la izquierda madrileña: los catalanes son distintos, muy europeos y avanzados, merecen un partido propio, lo que se traduce en que gallegos y vascos podrían hacer lo mismo -pero son muy suyos y cerrados- y por supuesto, que andaluces, canarios y navarros no pueden... que esto no es “café para todos” y siempre ha habido clases. 

Queda por saber qué va a hacer IU, con esa capacidad que tiene de cagarla siempre hasta el punto de aburrir a Yolanda Diaz, de la que hablan en pasado como mejor ministra de Trabajo -una señora que sigue en el cargo y peleando con el eterno PSOE que las horas extras se puedan reclamar ya que de eso va el registro horario- pero a la que no tenían preparado el recambio. De verdad que no se puede ser más torpe o quizás sí, pero para eso hay que ser dirigente de Sí Se Puede.

Dice Enric Juliana que las escisiones duran 25 años, el tiempo cada vez más acelerado de la Historia que hace que en semanas pasen décadas le desmiente, y a lo mejor el papel que tenemos que adoptar es limitarnos a votar lo que nos ofrezcan “”las izquierdas canarias“” -dobles comillas, insisto- y, cuando vuelva la ola, ir a las asambleas a contarle a la muchachada que el PSOE es mucho PSOE mirándonos de reojo con los dirigentes de la sopa de siglas. O quizás y solo quizás, soñar que la alegre juventud de ceño fruncido de eso que se ha dado en llamar desacomplejadamente Confluencia Comunista arrase con todo -y con todos- porque ya soplaron durante años alisios de cambio pero no bastó, ahora tiene que llover a cántaros.

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