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Qué lindo era mi guindo

Eduardo Serradilla Sanchis / Eduardo Serradilla Sanchis

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Al final, y por su mala cabeza, Gilito perderá una apuesta con la Bella Dorita, que aún vive en aquellas tierras, y todo por ahorrarse un mísero dólar. Cierto es que, como luego descubren sus sobrinos, Gilito no fue del todo transparente con su antiguo amor, ni tiene tan “mala cabeza”, pero su gesto final no supone que pierda su fama de tacaño redomado.

La verdad es que no conozco el nombre de las pastillas que tomaba el tío Gilito, pero si pudiera, se lo pediría para recomendárselas a quienes ahora andan llorando, clamando y rasgándose las vestiduras ante el recorte anunciado por el gobierno de Canarias en el área cultural.

Y digo que les vendría bien tomarse estas pastillas, porque me da a mí que su memoria les flaquea, si no recuerdan la política de acoso y derribo acometida por los sucesivos gobiernos nacionalistas ?apoyados por sus socios del partido conservador, en buena parte de los mandatos- para con la cultura en general.

¿Acaso ya se han olvidado de todo el dinero que se perdió por parte de la desidia del actual gobierno regional, y que estaba destinado a comprar libros para las bibliotecas? ¿Todavía no se han enterado de la reducción y/o desaparición de las ayudas del gobierno regional para con los museos, especialmente en Gran Canaria? ¿No han reparado, aún, en que este gobierno solamente está interesado en apoyar una cultural clientelar, folclórica, chabacana y populista, pero que no tiene el más mínimo interés en formar las mentes de las personas para que logren tener un criterio propio?

¿Hace falta que les recuerde la esperpéntica explicación con la que se desmarcaron desde el ejecutivo regional ante los desastrosos resultados plasmados en el informe PISA?

¿O será que han saltado las alarmas de quienes llevan décadas viviendo de subvenciones públicas y ahora ven peligrar su posición de privilegio frente a quienes se tienen que conformar con las migajas?

Cualquiera que haya trabajado en Cultura sabe que siempre se recortan los presupuestos en dicha área, salvo cuando se trata de pagar algún “favor político”. En ese caso, se dilapidan enormes suman comprando una obra de arte estrafalaria, patrocinando una o varias exposiciones a la que no acude nadie, o articulando algún tipo de evento que sólo sirve para vaciar las arcas públicas y engordar las cuentas de alguno de los muchos paniaguados que viven a costa de reírle la gracia a los mandatarios regionales.

Al final, lo que importa no es darle a la ciudadanía las herramientas para que logren articular un discurso propio frente a las manipulaciones y las mentiras vertidas, por ejemplo, en los medios afines al poder. Cuanto más embrutecidas estén las personas mejor absorberán los discursos de tal o cual botarate en el poder, y sin rechistar.

Tiene gracia el que, ahora, salgan con que, si se recorta aún más el presupuesto, la situación desembocará “en un erario”, como si ya no lo fuera. Con mirar atrás, sólo una década y hacer un poco de memoria, se pueden recordar todas aquellas actividades, encuentros, festivales, circuitos y demás eventos culturales que, de alguna u otra forma, han ido desapareciendo sin que nadie, o casi nadie, los haya echado en falta.

Si de verdad se reduce el presupuesto en un 65% será solamente una evolución lógica y calculada, tras todas las acciones que nos ha ido dejando huérfanos en el ámbito cultural mientras se ha potenciado un nacionalismo mediocre y partidista, y un folclorismo que no sirve ni para que las personas se formen, ni para que luego encuentren un trabajo.

Llegados a este punto siempre me acuerdo de un individuo con quien tuve la poca fortuna de trabajar y que nos llamaba, -ese “nos” se refiere a quienes trabajábamos en la sección de cultura de un medio de comunicación regional- “los culturetas”. Sinceramente creo que en vez de despreciarnos, dicha persona debería haber aprendido algo de educación, pero, claro está, para él, como para muchos otros papanatas isleños, un derbi insular es MUCHO más importante que tener una buena biblioteca.

Y a quienes ahora despiertan del sueño, les recomendaría que se miraran los efectos de la caída del guindo en el que han estado subidos, porque sus secuelas empiezan ser perniciosas para su salud mental.

Eduardo Serradilla Sanchis

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