Ojalá (A los padres e hijos de la crisis) por José Carlos Martín Puig
Decía un patricio romano, aquel que terminó por conmoverse por la coherencia de los primeros cristianos, que sólo aquel que no ha hecho nada por nadie le es difícil entender que haya gente que quiera entregar incluso su vida por ayudar a los demás. Probablemente hoy a ese mismo personaje, le entrarían ganas de mandar a los leones a más de uno de esos que olvidó lo importante que es la coherencia, la entrega por un noble ideal, el luchar contra las injusticias. Pero no sólo mandaría a más de un católico apostólico romano, también haría igual con algunos que presumen de rojos o de padres de cualquier patria, con algunos que se llaman así mismos servidores públicos, con miles que están tras la cara mesa de gerencia de un banco o del staff directivo de una multinacional. Sencillamente porque, si algún día quisieron ser personas de principios, hoy ya están en otro plan, en otra clave, en otro mundo que no es el que viven y padecen miles de personas de aquí y de allá.
Uno oyendo a Silvio y su Ojalá en directo, se pregunta cómo ante lo que está cayendo la gente sólo sale a la calle a festejar el título de un equipo de fútbol, para participar de la comparsa colectiva en que han convertido esta sociedad, para Operaciones que no son de Triunfo sino de fracaso cultural, para Famas efímeras que sólo sirven para atontar a quienes tienen edad ya de otras cosas. Ojalá, como dice Silvio en su canción de amor, la tierra no le bese los pasos, a tanto impresentable añadiría; ojalá pase algo que los borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve, para no verlos tanto, para no verlos siempre, en todos los segundos, en todas las visiones. Ojalá pase algo de eso, para que definitivamente supuren las ganas que tenemos por dentro, para que emerja la capacidad de reacción que le debe quedar, aunque sea en migajas, a esta sociedad nuestra.
Ojalá, esa misma energía que hacía levantar a miles de personas en aquellos conciertos de Silvio, que llenaba de humanidad rebelde a cualquiera que oyese sus estrofas, empiece a calar de nuevo en esta sociedad porque, sinceramente, es la única salida que le queda a su mayoría social. Porque mientras Juan, Isabel, Andrés o Sofía lo están pasando rematadamente mal, han perdido su trabajo, corren peligro de perder su hogar, comen gracias a la familia o gastan los últimos euros de su paga de desempleo, otros, se dedican a pelear pero sólo por unos votos que no tienen intención trasformadora detrás o se empeñan en cargarse unas estructuras básicas de convivencia que al menos nos reconocen como sociedad, a jugar a policías y ladrones, a ir de jueces malos y buenos, a escribir mentiras o a silenciar, a vociferar para ver quien avergüenza más. Pero nada más.
Ojalá se entrara por una vez en razón, llegara la empatía a donde hoy sólo anida la avaricia o la sinrazón, e incluso, porqué no, ojalá les entrara un miedo real de explosión social en el cuerpo a quienes, incluso ahora, sólo verán esta crisis por la televisión, en su gran chalet, en mitad de un refrigerio de su partida de golf o fumándose un puro de marca.
Ojalá recuperemos las ganas de luchar por la utopía y callemos a los que hablan de que “esto es lo que hay” o que habrá siempre un paro estructural, un sistema donde unos vivan muy bien y otros, aquí cerca y allá lejos, lo tengan que hacer rematadamente mal. Ojalá entendiéramos que una sociedad así nos conduce a la barbarie y no al progreso real, al desarrollo o a la civilización. Ojalá asumiéramos que no debemos esperar sólo que pase esta crisis sino que cambie este sistema de raíz ya, porque lo que hoy es una fuerte gripe para esta humanidad, mañana, reproducida de nuevo, será una neumonía fatal para el conjunto del planeta y la población mundial.
Ojalá dejara de pasar nada y pasara lo que de verdad tiene que pasar.
Ojalá (http://www.youtube.com/watch?v=u80ocuvZxmY)
José Carlos MartÃn Puig
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