Denunciado un “atentado patrimonial” en un barranco protegido de Tenerife donde se quería hacer funambulismo

Los cables para realizar funambulismo, colocados en un barranco protegido en el sur de Tenerife.

Álvaro Morales

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El colectivo Imastanen informó este lunes, víspera de Reyes, de los hechos ocurridos el primer día de este 2026 en el municipio tinerfeño y de la comarca del Sur de Guía de Isora, donde un presidente de una asociación vecinal les informó del atentado patrimonial que se estaba cometiendo en una zona de un barranco local declarada Bien de Interés Cultural (BIC). En este sitio, con numerosos grabados guanches, un grupo de personas había colocado amarres y cuerdas, “en cientos de metros”, para atravesar un barranco protegido con el fin de usarlo para actividades de funambulismo. 

El grupo, desde que supo de lo ocurrido, se puso en contacto con el área de Medio Ambiente del Cabildo tinerfeño y, al día siguiente (2 de enero), se personaron en el lugar un agente de la Administración insular (de la Unidad de Gestión Territorial Oeste) y un miembro de Imastanen, que comprobaron y ratificaron la denuncia del presidente vecinal. Luego, miembros de la Guardia Civil y de la Policía Local de Guía de Isora también acudieron y levantaron el correspondiente acta y expediente, aparte de tomar nota de los datos de las personas a priori responsables de estas cuerdas y amarres.    

El representante vecinal estaba preocupado por si los anclajes habían afectado a algunos de los muchos grabados rupestres y, tras personarse, tanto el agente insular como el miembro del colectivo de arqueología social comprobaron que los amarres estaban instalados “en piedras situadas a escasos metros de los paneles de grabados rupestres sin que, por fortuna, hubieran sufrido daños aparentes. No obstante el tránsito de las personas que decidieron elegir ese punto para la práctica del funambulismo (o Highline) en altura pudo haber puesto en riesgo este BIC, que además se encuentra dentro de la corona forestal. Por descontado, no contaban con ningún tipo de permiso que autorizase la realización de actividad alguna en la zona”, censura el grupo. 

Los cables, tendido sobre el barranco.

Para Imastanen, se trata de un “nuevo acto de irresponsabilidad para con el patrimonio cultural y natural. Gracias a la veloz actuación de los cuerpos de Seguridad y de los agentes de Medio Ambiente personados en el lugar, se retiran las cuerdas y aparejos asociados a esta actividad”, resaltan, al tiempo que recuerdan que denunciaron en el pasado “los daños sufridos por este mismo yacimiento en uno de los paneles de grabados a causa de un disparo de perdigones, que causó daños irreparables. Si bien estos bienes patrimoniales se encuentran catalogados y protegidos sobre el papel en virtud de su figura de protección legal, en la práctica no poseen ningún tipo de señalización o de medida de prevención que alerte de su presencia y que, por tanto, advierta de su valor, evitando este tipo de actividades ilegales que pueden afectarles”.

Traslado del agente desde el norte de la Isla

El grupo resalta la rápida actuación de los agentes de Medio Ambient ante unos practicantes de deportes de aventura “que decidieron convertir este barranco de suroeste de la Isla en su particular espacio de recreo”. Sin embargo, “y pese a la pronta colaboración de los técnicos y agentes responsables de la custodia del patrimonio y de la protección del medio natural”, denuncian que “el hecho de que este agente debiera trasladarse desde el municipio de Icod de los Vinos (en el norte de la Isla) hasta Guía de Isora habla, una vez más, de las limitaciones que afectan a quienes intentan cumplir con su trabajo, precisamente a causa de la escasez de personal desplegado y de las muchas carencias técnicas bajo las que deben desenvolverse en el ejercicio de su deber. La limitación de efectivos humanos y de recursos técnicos en áreas tan sensibles como estas supone que, en muchos otros casos, las denuncias ciudadanas queden sin resolución debido a la imposibilidad de intervenir antes de que los daños se produzcan y de que los autores de estos delitos puedan ser identificados y, por tanto, sancionados en base a su responsabilidad jurídica”.

Uno de los funambulistas, en el sur de Tenerife.
Los jóvenes, acampados en una zona protegida.

Imastanen critica también que, “incluso cuando llegan a ser sancionados, las multas quedan en muchas ocasiones sin efectividad, al tratarse de ciudadanos extranjeros sobre los que se hace imposible garantizar los mecanismos fiscales para el cobro de las sanciones. Por si fuera poco, los responsables de esta actividad ilegal se encontraban acampados dentro de una era que también está catalogada como bien etnográfico protegido. El grupo de practicantes de esta modalidad deportiva recientemente puesta de moda y que ha proliferado en barrancos de todo el Archipiélago, las más de las veces de manera furtiva, alegaron desconocer la presencia de estos valores, al tratarse de personas procedentes de la Península y de otros puntos de Europa en su gran mayoría y al no existir ninguna señalización, cartelería o medida de protección que alerte sobre la presencia de estos bienes”. 

Asimismo, censuran “la aparente contradicción entre la imposición (por parte del gobierno insular) del polémico céntimo forestal y la disminución efectiva del presupuesto para el área de Medio Ambiente, con recortes específicos en programas clave del sector ambiental, poniendo en duda la prioridad real de estas políticas frente a otras inversiones”. 

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