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Desde jubilados que quieren ver el volcán de La Palma a residentes: la vida en un aeropuerto siempre pendiente de la ceniza

Masao junto a familiares y amigas en el aeropuerto de La Palma. (ALEJANDRO RAMOS)

“No pensé que fuera a llegar hoy a La Palma”, afirma una grancanaria residente en esta isla mientras sujeta a su pequeño en brazos. Lo mismo manifiesta Manolo, un maestro jubilado que tenía muchas ganas de regresar a esta isla y apreciar además el volcán. “No me lo creo”, señala desde el avión mientras se vislumbra desde las alturas la silueta de la isla y una columna de ceniza al fondo. Iba a venir a pasar unos días con un amigo de Tenerife, que finalmente decidió no viajar por miedo a la erupción. “Yo he escuchado a los científicos insistir en que la isla es segura”, apunta Manolo, que cree que también se puede contribuir consumiendo en  los negocios de los municipios que ahora peor lo están pasando. Se confiesa un apasionado de los viajes y de la fotografía, pero debido a la pandemia lleva mucho tiempo sin hacerlo. “Tengo 67 años y la mente muy joven”, asegura. Su intención es reencontrarse con la isla, que no visita desde hace muchos años cuando hizo la ruta de los volcanes. 

Masao y sus familiares y amigas también han llegado al aeropuerto animados por una amiga que reside en La Palma, que les ha remarcado que es un lugar seguro para poder hacer turismo por otras zonas, pero también ver el volcán. Masao es de origen japonés pero lleva gran parte de su vida viviendo en Las Palmas de Gran Canaria, donde se dedicaba a arreglar cámaras de fotos. Ahora está jubilado y ha querido visitar la isla. “Hay también mucho miedo aún”, afirma una trabajadora de una de las empresas de alquiler de vehículos que se encuentran en el aeropuerto de La Palma. Señala que sí que hay reservas y que quien quiere o tiene que viajar suele cambiar la opción del avión por el barco, pero “es una incertidumbre constante”. El volcán, la cantidad de ceniza que emite y los vientos varían y otra vez la pista del aeropuerto se impregna de ceniza y es imposible mantener la actividad aérea. 

Durante todo el fin de semana el aeropuerto ha estado inoperativo, una situación que deja al mar como única vía para salir o entrar de La Palma. La ceniza además ha afectado este domingo al aeropuerto de Tenerife Norte, donde la visibilidad era complicada. Los controladores explicaban que tanto las salidas como las llegadas se han encaminado al este del aeropuerto, lo que ha producido demoras. Este lunes por la mañana todas las miradas estaban puestas en los monitores.

La compañía aérea local Binter, por ejemplo, preveía que este inicio de semana sí que pudiese reanudar sus conexiones al completo y así sucedió al comienzo de la jornada, pero no sin retrasos. “¿El vuelo de La Palma, se mantiene o se ha cancelado?”, eran la pregunta constante en el mostrador del aeropuerto de Gran Canaria, donde a primera hora también se producían retrasos con Tenerife Norte. En la tarde de este lunes la compañía canaria se veía obligada a cancelar los últimos cuatro vuelos previstos debido, de nuevo, a la presencia de ceniza. "Seguimos evaluando la situación para retomarla cuando se pueda operar con seguridad", explica en sus redes sociales.

Todos los días limpiando ceniza

María Jesús, Conchi y Rosi se pasan los días limpiando cenizas en el aeropuerto de La Palma. Son miembros de la plantilla de limpieza y afirman que ahora el trabajo es mucho más duro. “Se trabaja con mucho calor y no paramos de limpiar ceniza”, afirman. Ataviadas con gafas, mascarillas y un uniforme de protección especial señalan que este fin de semana la cantidad recogida ha sido mucho mayor. Las tres se han convertido en las trabajadoras más esenciales desde que comenzara la erupción volcánica el pasado 19 de septiembre. Por su parte, la limpieza a pie de pista también es imprescindible. Esa mañana un helicóptero ayudaba en estas labores.

El director técnico del Pevolca, Miguel Ángel Morcuende ha hecho mención durante la rueda de prensa de este mediodía precisamente a la operatividad del aeropuerto de La Palma, que entonces funcionaba con normalidad, y a la calidad del aire, ya que hay un problema "obvio" relacionado con las partículas en suspensión de la erupción y la calima. Por ello, se recomienda el uso de la mascarilla y si es posible una FFP2. La colada que más preocupa en estos momentos es la que se dirige a la costa aunque se ha ralentizado. La altura de la columna de cenizas y gases a primeras horas de la mañana eran de 4.000 metros.

De alcanzar el mar, se producirá el confinamiento de más núcleos del municipio de Tazacorte que los que ya obligó la colada primigenia. Este mismo lunes volvía a clase el alumnado, pero este martes se realizará de forma online en Tazacorte, debido a esa alerta de que pueda llegar la lava al mar y afecte a la calidad del aire. 

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