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Una ciudad para las personas y no para los coches: cómo aplicar en Tenerife el modelo de las supermanzanas

El ecólogo urbano Salvador Rueda durante el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias, celebrado en Tenerife

Natalia G. Vargas

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Devolver las ciudades a las personas. Esto es lo que persigue, a grandes rasgos, el modelo de las supermanzanas. El concepto fue creado por el ecólogo urbano Salvador Rueda y hace referencia a un tipo de ciudad seguro y sostenible, donde el peatón tiene prioridad frente a los vehículos privados. Aunque Canarias podría ser un laboratorio perfecto para su aplicación, su puesta en práctica en territorios insulares es aún incipiente. Las supermanzanas construyen dentro de las ciudades una suerte de burbuja de hasta 20 hectáreas. En su interior, se libera el espacio para que la población “pueda desarrollar todos sus derechos, no solo el del movimiento”. “Los niños tienen que poder jugar, la gente tiene que poder hacer deporte, desarrollar la fiesta, el intercambio, la cultura, el arte… Todo ahí dentro es posible”, explica Rueda en una entrevista concedida a Canarias Ahora

El diplomado en Ingeniería Ambiental y en Gestión Energética ha recibido en Tenerife el premio Brote Especial del Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC) por sus aportaciones a la movilidad sostenible en España. En la actualidad, asesora al Ayuntamiento de La Laguna en materia de desarrollo sostenible y aprovechamiento eficiente de los recursos. El fin es transformar esta ciudad en un espacio “compacto y diverso”, abordando la movilidad, su accesibilidad, la cohesión social y la actividad económica y comercial que se desarrolla en sus calles. 

Diseñar ciudades pensadas para las personas requiere sacrificar un 15% de los vehículos. “Es un porcentaje perfectamente asumible porque es el que se redujo con motivo de la propia crisis económica de 2008 y no pasó nada”, recuerda Salvador Rueda. El modelo de las supermanzanas se aplicó por primera vez en Barcelona, pero se está expandiendo a Berlín, Bruselas, Viena y Latinoamérica hasta llegar a las 144 ciudades. Las islas aún se resisten. “Si no se va más rápido es por un tema cultural, que hace que el uso del coche (y del tipo de coche) sea una distinción de estatus. Es un concepto de libertad mal entendida, fruto de campañas que se han desarrollado alrededor del vehículo privado y que hacen que sea como una parte más de nuestro cuerpo”, apunta. 

La creación del modelo de las supermanzanas nace de la necesidad de evaluar las ciudades, “el sistema más complejo que ha creado la especie humana”. En el caso de Barcelona, tal y como relata el ecólogo urbano, la implantación de esta red permitiría liberar el 70% del espacio de la ciudad, lo que se traduce en más de 2.500 calles que pasarían de ser calles rodadas a calles con prioridad peatonal. 

Aliviar el colapso de las carreteras 

Limitar el vehículo privado en las urbes permite luchar contra una de sus principales amenazas: la contaminación atmosférica. “Tenemos una gran cantidad de problemas relacionados con el cambio climático, porque este modelo de movilidad consume una cantidad de energía tremenda”, indica el experto. Las supermanzanas pretenden revertirlo. “En ellas la calidad del aire es magnífica. Se reducen las emisiones, el ruido entra dentro de límites adecuados y conseguimos que los accidentes se reduzcan de forma drástica, porque la velocidad en el interior de las supermanzanas es de 10 kilómetros por hora”, asegura. 

Mientras tanto, los atascos son ya un problema crónico en Tenerife. “Es una congestión que hace que las personas pierdan mucho tiempo. Es un problema económico de primera magnitud”, indica Rueda. Para él, no hay otra alternativa que mejorar y preparar el transporte público para movimientos masivos y reducir al menos en un 25% el número de vehículos que circulan por las principales arterias de la isla. “Hay que buscar soluciones diferentes y no hacer más de lo mismo. Consumir recursos ocupando el suelo es ya algo antiguo”, apostilla. 

Según el experto, la respuesta al colapso de las carreteras pasa por la creación de un carril BUS-VAO que conecte los pueblos del norte de la isla con La Laguna y Santa Cruz de Tenerife a través de guaguas exprés de dimensiones adecuadas. Estas líneas rápidas deberán complementarse con otras que atraviesen los puntos neurálgicos de la isla y otras que paren en zonas más locales. “De esta manera tendríamos tres redes que permitirían que la gente pudiera moverse en tiempo récord y hacer de la guagua un medio competitivo”, asevera. “El hartazgo que hay es lógico, porque hay una sobredimensión de la ocupación, de la demografía. Por eso la isla de Tenerife ha dicho que hemos pasado los límites”, opina.

Refugios climáticos 

El calentamiento global y la crisis climática han hecho que las olas de calor sean cada vez más intensas y frecuentes en Canarias. En las ciudades de las islas, los refugios climáticos suelen estar ligados al consumo. Los centros comerciales o los bares son algunos de los recintos en los que la población suele resguardarse de las altas temperaturas. Sin embargo, tal y como explica Salvador Rueda, la propia naturaleza suele ser “la aliada número uno” para preparar los núcleos urbanos para el calor.

La propuesta que el experto ha preparado para La Laguna “toca todas las piezas clave para reducir la temperatura entre 2 y 3 grados en las áreas urbanas”. “La medida más eficiente que existe nos la proporcionan los árboles. Son máquinas de refrigerar, porque evaporan el agua y el agua, al evaporarse, coge el calor del proceso de evaporación y refrigera el ambiente”, explica. Para Rueda, el camino a seguir consiste en plantar árboles que, además, proyectan sombra. 

“Si incorporamos pavimentos permeables donde la evaporación también se produzca, conseguimos que el territorio urbano se convierta en un lugar que se acerque a la idea de refugio climático”, añade. “Este es el mecanismo que la naturaleza nos brinda y que, si somos inteligentes, lo utilizaremos”, concluye.

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