Tenerife se resiste a quitarse la mascarilla: “Aunque esté inmunizada hay muchas personas que no lo están”

Varios músicos actúan en la calle Castillo este sábado, en Santa Cruz de Tenerife, donde pasean ciudadanos con mascarilla. (Andrea Domínguez).

Esther Tallado tiene 92 años y pasea por Santa Cruz de Tenerife con la mascarilla puesta. A pesar de que a partir de este sábado su uso no es obligatorio en exteriores y de que ella está inmunizada contra la COVID, se resiste a quitársela por el momento: “Tengo las dos dosis de la vacuna pero Tenerife está muy mal, la variante Delta está golpeando muy fuerte”. Tallado se dirige a pie desde el centro de la capital hasta el mar para darse un baño. “Ahora que puede no llevarse la mascarilla todo el mundo decide llevarla”, reflexiona mientras continúa su camino. A su alrededor, pero con distancia, decenas de personas hacen deporte, pasean en familia o disfrutan de las buenas temperaturas en la capital. Santa Cruz es la ciudad canaria más afectada por el avance de la COVID en este momento. Con cifras de este sábado, 1.233 casos de COVID permanecen activos en la capital. Además, concentra el 58% de los positivos activos informados en Tenerife y el 45% de los registrados en todo el archipiélago.

En la Avenida de Anaga, una de las arterias de la ciudad, se encuentra Jesús Norberto, un sectagenario vecino de Santa Cruz que también sigue llevando la mascarilla en el exterior por precaución, pero que ha decidido no vacunarse por “desidia”. “Ese es mi motivo, no soy un antivacunas, pero esta pandemia y el miedo que se ha gestado alrededor me ha generado esa sensación”. Por el momento, el santacrucero garabatea algo en una libreta con vistas al puerto marítimo de la ciudad y reflexiona sobre la repercusión real que la pandemia ha tenido en la isla. “Hay que tener precaución, pero no se puede vivir con miedo”, asegura. Tenerife es la isla canaria más afectada en este momento por la pandemia del coronavirus. Permanece con 2.140 casos activos, frente a 376 casos notificados en Gran Canaria, en segunda posición en el ranking. Solo en el área metropolitana, entre Santa Cruz y La Laguna se registran ocho de cada diez positivos detectados en Tenerife, según datos del Gobierno de Canarias. En el mismo día que el Ejecutivo dirigido por Ángel Victor Torres endurece las restricciones en Tenerife, el Gobierno de España ha levantado la obligatoriedad del uso de las mascarillas en exteriores. Los tinerfeños reciben esta noticia como incoherente, mientras que algunos otros todavía no se han percatado de que pueden retirarse la mascarilla en el exterior.

De los que conocen que pueden ir con el rostro al aire sin ser multados, como antes de la irrupción del virus, 15 meses atrás, el miedo al contagio y la precaución empujan a seguir usando la mascarilla. En una cafetería frente a la plaza de España trabaja Mónica desde hace tres años. Con la entrada en vigor del nivel tres en la isla, los comercios de hostelería no pueden servir comida en el interior y eso ha hecho que las ventas en este establecimiento caigan un 50% con respecto al día anterior. Así lo narra la dependienta a este periódico, quien asegura que, las personas que llegan desde el exterior sin mascarilla, al percatarse de que están en un recinto cerrado, se la colocan sin mayor problema. Mónica ve la retirada de las mascarillas en exterior como algo precipitado mientras que cree que las restricciones a la hostelería son demasiado estrictas. 

Por fuera de su local, por la calle de La Marina, pasea una vecina santacrucera de 28 años sin mascarilla. Una de las pocas personas que deambulan por Santa Cruz sin ella. Lola ha decidido retirarse esta medida de protección siguiendo la pauta del Gobierno de España. “Camino sin mascarilla porque no hay nadie alrededor y puedo mantener la distancia”, confiesa. A escasos minutos de la Plaza de España, siete agentes de la policía nacional se reparten por la Plaza de la Candelaria. Tenerife está en el nivel tres, la mascarilla deja de ser obligatoria en exterior y una decena de personas preparan una manifestación feminista en la zona. Los agentes afirman a esta redacción que no han encontrado a muchos transeúntes sin mascarilla, a pesar de que la ley se los permite. Basta un paseo por las principales zonas de la capital para ver que son pocos los que se atreven a retirarse la mascarilla. 

Mientras tanto, Maricielo, que regenta un kiosko en la Plaza de España prefiere optar por la prudencia. Durante la mañana de este sábado no ha detectado a muchas personas sin mascarillas, pero sí alguna que otra vecina perdida con el cambio de las medidas. A la espera de la segunda dosis, Maricielo afirma que seguirá protegiéndose, salvo en zonas de campo donde pueda mantener la distancia. En el parque donde Maricielo vende golosinas y agua para los paseantes, una pareja de abuelos juega con su nieto. Julia y Cisto, ambos inmunizados contra la COVID disfrutan de la mañana en un banco y abogan por la prudencia: “Nosotros estamos vacunados, pero mis hijos no y las personas más perjudicadas ahora son las menores de 40 años”. “No se trata de pensar en ti mismo, sino también en los demás”, reprocha Julia. Cisto mira con orgullo como su nieto aprende a contar con los dedos, mientras piden calma ante la llegada inminente de las personas que pasean sin mascarillas por la calle. “Ya que hemos llegado hasta aquí, por qué vamos a echar por tierra todo el verano por no esperar un poco”.

Las personas con patologías previas: en guardia a pesar de la vacuna

Las patologías previas también son un impedimento para muchas personas que no se atreven a dar el paso. Este es el caso de Naimuna, una refugiada saharaui que vive en Tenerife y pasea por la calle Castillo con la mascarilla puesta. Padece asma y no se siente segura sin ella. Mientras sale y entra de varias tiendas de ropa localizadas en el área comercial confiesa que no piensa quitársela. “Me he acostumbrado a ir con ella y a pesar de estar inmunizada podría seguir contagiando”, relata. En esta misma calle, Jonny García reparte flyers para incentivar a la gente a consumir en el local en el que trabaja. Él ha decidido no llevar la mascarilla y reparte un discurso optimista y de hartazgo al mismo tiempo. “No veo lógico lo que están haciendo, la vida sigue y es lo que toca”. Aunque no se ha puesto la vacuna está esperando a su turno para inmunizarse mientras pide con ansia que la situación cambie. “El virus nos ha afectado a todos y las restricciones son muy duras para la hostelería y la música, tenemos que hacer vida, no podemos estar metidos en una prisión”.

Roberto tiene 57 años y hojea su móvil sentado en un banco de la capital a los alrededores de la plaza Weyler. Como Jonny, Roberto también ha decidido desde este sábado que comenzará a no llevar la mascarilla en el exterior. “Siempre y cuando se pueda mantener la distancia, esto se debería haber hecho desde hace tiempo”. Este vecino reflexiona sobre la situación en Tenerife: “Las cosas no cuadran, en España y Europa quitan las mascarillas y aquí aumentan las restricciones”. Para él, la impresión que hay es que se aumenta de nivel en la isla tratando de ganar una batalla al tiempo. Junto a su banco, otro vecino de la edad de Roberto, lee un libro y reflexiona sobre la situación. Manuel de 59 años, está vacunado de las dos dosis pero ha decidido seguir haciendo uso de la mascarilla. “Me he informado y he leído que aunque tengas las dos dosis no aseguran que no me pueda contagiar”.

Escepticismo ante la vacunación

Amalia tiene 40 años y es vecina de Santa Úrsula. Durante un paseo por Santa Cruz, ha decidido desprenderse de la mascarilla, mientras aún titubea entre vacunarse o no hacerlo. “No siento que esto (la mascarilla) me proteja más, pero tampoco tengo información suficiente para convencerme de que tengo que ponerme la vacuna”. En su situación también está Drasir, un músico de 24 años que lleva “de lujo” la retirada de las mascarillas en el exterior. Para él nada tiene sentido desde el comienzo de la pandemia y su gestión. “He visto gente con mascarilla y sin ella, pero considero necesario el respeto mutuo, también desde las personas que la llevan hacia quienes no la llevamos”. También da un no rotundo a la vacuna y se muestra escéptico ante el virus. Drasir no es un negacionista de la COVID, pero no entiende por qué las personas que ya han pasado la enfermedad tienen que inmunizarse y considera que al ser un virus en mutación la vacuna no será suficiente. “La COVID existe, la gente ha muerto y lo está pasando mal, pero hay que ir al porqué”, reflexiona.

La Laguna opta por seguir con la mascarilla

Jose tiene 52 años y trabaja limpiando las calles del centro de La Laguna, el segundo municipio de Canarias con más casos activos de coronavirus. A pesar de la libertad para el uso de la mascarilla en el exterior, él ha decidido continuar con ella mientras trabaja recorriendo la ciudad. “Aunque estoy inmunizado todavía puedo transmitirlo”, asevera. Este es el motivo por el que este trabajador sigue recorriendo con mascarilla en boca y nariz, aun por las calles más vacías. En la misma sintonía está una vecina lagunera, Carmen Nieves pasea por la calle Obispo Rey Redondo después de almorzar, como cada día. Así lo narra tras ser pillada infraganti de vuelta a casa cerca del Teatro Leal. Ella está vacunada desde hace “bastante tiempo”, pero afirma que se siente más protegida con la mascarilla puesta. Además, con la relajación de las medidas también optará por empezar a caminar con la mascarilla FFP2, la más fiable para protegerse de las cepas del virus más contagiosas según los expertos. Jose y Carmen Nieves tienen la misma duda, como muchos otros tinerfeños. Ambos sienten incertidumbre ante la coincidencia temporal de medidas contradictorias por las decisiones del Gobierno de España y las del Ejecutivo regional: “No  podemos estar en el interior, pero nos podemos quitar la mascarilla en exterior, es algo contradictorio”, explica el barrendero.

En una calle paralela, pasea Antonio, un hombre de 70 años que recorre las calles laguneras al mediodía. “Soy el único bicho raro que va por la calle sin mascarilla”, vacila. Antonio está vacunado y ha decidido retirarse la mascarilla en un momento en el que la mayoría de las personas que se encontraban en la ciudad estaban ocupando las terrazas de los bares y las calles estaban más libres. “Al aire libre no hay ese gran riesgo de contagio, está minimizado”, defiende. Este vecino lagunero afirma que ir o no sin mascarilla no cambia mucho su vida, pero que cuando hay que utilizarla como en momentos de aglomeraciones o en el interior de los locales no duda un segundo. “Además me la pongo sin trampas, tapando bien”, narra. Antonio difiere de todas las personas entrevistadas durante esta jornada y cree que la subida de Tenerife al nivel tres es porque la isla “se lo merece” a causa de sus valores epidemiológicos, mientras que la retirada de las mascarillas en el exterior es una iniciativa a nivel nacional: “No tiene nada que ver una cosa con la otra”.

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