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El Oregon Trail en Wyoming: Mitos y realidades del viaje al Salvaje Oeste

Una carreta en el Oregon Trail.

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Cuando uno piensa en las grandes epopeyas del Far West norteamericano una de las primeras imágenes que le vienen a la cabeza es la de un círculo de carretas, una masa de indios a caballo y tiros por todos lados. La expansión de Estados Unidos hacia el Oeste durante la segunda mitad del siglo XIX es una de las tragedias y aventuras humanas más sólidamente instaladas en el imaginario popular occidental gracias al cine. Multitud de películas y series nos hablan de aquel trasiego de gentes llegadas desde todos los rincones de Europa hacia las tierras de la Costa Oeste de Norteamérica a través de las grandes llanuras y las Montañas Rocosas. La ruta más importante que siguieron aquellas gentes pasó a la historia como el Oregon Trail (Camino de Oregón), una ruta más o menos definida que partía desde la actual Kansas City (en la orilla oeste del Río Missouri) y culminaba en lo que hoy es Portland. Entre medias más de 2.000 millas (unos 3.300 kilómetros) de un camino peligroso que saltaba de puesto militar en puesto militar por territorios indios en lo que hoy son los estados de Missouri, Kansas, Nebraska, Wyoming, Washington, Idaho y la propia Oregón.

El Oregon Trail es en nuestros días una ruta histórica perfectamente señalizada que cuenta con multitud de hitos para visitar y aprender. Da un poco de envidia ver como se lo montan por estas latitudes a la hora de proteger un patrimonio de pese a ser de antes de ayer recibe el cuidado que se merece. El Oregon Trail es uno de los mejores ejemplos de esa gestión y difusión del pasado que habría que imitar. La epopeya se vive a través de museos, placas, lugares históricos, antiguos fuertes, estaciones de tren, postas del mítico Ponny Express… Uno de los tramos más interesantes de esta ruta se encuentra en el estado de Wyoming, quizás el sitio más alucinante de todos los Estados Unidos para viajar. Aquí, y a pocos kilómetros de sus fronteras, se acumulan lugares brutales como Yellowstone, Grand Teton National Park, las Black Hills (uno de los grandes santuarios de las culturas originarias) o Little Big Horn, el lugar donde una confederación de nativos le dio una soberana paliza al Séptimo de Caballería del Coronel Custer.

Grandes nombres. Custer, Toro Sentado, Caballo Loco; Buffalo Bill, Calamity Jane... Pero lo que hace épico al Oregon Trail es la multitud de pequeños nombres que se pueden rastrear a ambos lados del camino. Como el de Nancy Hill. A pocas millas de Fossil Butte National Monument uno de los mejores lugares del mundo para ver fósiles de peces y reptiles del Eoceno (con un centro de interpretación que es brutal) puedes ver la sencilla tumba de Nancy, una joven de 20 años que murió de cólera en 1852 mientras viajaba con su familia hacia California. Pese a la sencillez del lugar, es uno de los hitos más agarrados al sentido del Oregon Trail y forma parte de los miles de recursos históricos que forman parte del sendero histórico, que es tratado como su fuera un monumento nacional: una seña de identidad de aquellos tiempos.

El Oregon Trail entra en Wyoming siguiendo el trazado de la Interestatal 26 desde la vecina Nebraska. Pero lo normal es acceder a Wyoming a través del aeropuerto internacional de Denver, uno de los nudos de comunicaciones más importantes del país y, de lejos, el más grande del Medio Oeste. Así que nos acercaremos al ‘Trail’ desde el sur con una primera parada en Cheyenne, la capital del estado. ¿Pasaba el Oregon Trail por aquí? Pues en sentido estricto no, pero esta ciudad jugó un papel importante en la desaparición del camino a finales del XIX por lo que es un buen lugar para comprender un poco mejor el contexto histórico y las condiciones del viaje. Y, también, una buena manera de empezar a conocer este estado que es de lo mejorcito del país.

Una pequeña guía de Cheyenne.- Hay dos palabras que explican la existencia y el desarrollo de la ciudad: Union Pacific. En el Cheyenne Depot Museum (121 W 15th Street) puedes ver algunas viejas máquinas de vapor, vagones y una exposición centrada en la construcción del Pacific, la línea férrea que acabó con las largas travesías en caravana. El tren llegó aquí en 1867 y el Oregon Trail dejó de tener sentido en 1869, cuando el ramal del ferrocarril logró conectar las dos orillas en un viaje que demandaba unos siete días y costaba 27 dólares. El Trail siguió usándose hasta la década de 1890 pero ya nada tenía que ver con aquellos primeros años de gran migración hacia el Oeste. Se calcula que entre 1943 y 1870 unas 500.000 personas transitaron por este camino. De ellas unas 20.000 murieron antes de llegar. La inmensa mayoría como víctimas de enfermedades, accidentes y asaltos de bandidos ‘blancos’ (como la propia Nancy Hill). Nos sorprendió mucho, por ejemplo, conocer que ‘sólo’ 362 colonos y colonas murieran en enfrentamientos con los indígenas. Otro mito más que se derrumba.

Cheyenne es una ciudad un tanto anodina, la verdad. Apenas un par de edificios históricos (como la Casa del Gobernador -300 E 21st Street- o la sede del Wyoming State Capitol -200 W 24th St-). De resto hablamos de una ciudad a tiralíneas con casas generalmente bajas. Pero como capital del estado aquí nos encontramos con algunos lugares de interés relacionados con el Trail aunque este esté a bastantes kilómetros de distancia. En el Museo Estatal de Wyoming (2301 Central Avenue) puedes ver dinosaurios, una expo sobre la espectacular naturaleza del estado y colecciones arqueológicas muy completas sobre las culturas pre europeas; pero también mucha información, documentos y objetos relacionados con el Oregon Trail y la vida de los pioneros de aquellos tiempos. Más específico es el Cheyenne Frontier Days Old West Museum (4610 Carey Avenue), un modesto museo privado en el que los pioneros tienen un lugar protagonista.

Flipar en The Wrangler.- El origen de Cheyenne puede verse en la calle Lincoln Way, donde puedes ver algunos edificios de ladrillo que datan de las primeras décadas de historia de una ciudad que nació y creció a apenas una cuadra de la Estación de Tren. Construcciones en ladrillo y madera como el Teatro Atlas (211 W Lincolnway), el 216 de la propia W Lincolnway (una curiosa tienda de muebles –Wyoming Home- o el Pioner Hotel (209 W 17th Sreet) son algunos de los puntos de interés de este pequeño centro histórico que nos recuerda a las primeras ciudades del Oeste. Mención aparte merece el imponente edificio rojo que alberga The Wrangler (1518 Capitol Avenue). Esta tienda enorme está centrada en las botas vaqueras, pero también puedes encontrar pantalones, chaquetas, sombreros, cinturones con hebillas alucinantes… Es un espectáculo, la verdad. Y un buen lugar para llevarse un recuerdo diferente (y aunque no te guste el rollo vaquero vas a encontrar cosas muy chulas).

Música en vivo en Cheyenne.- La música es otra de las señas de identidad de este lado del mundo. Combinar una cena con un poco de música es otra experiencia típicamente local que hay que sumar a los kilómetros, los museos o los monumentos. La oferta de bares en Cheyenne es amplia. Dos buenas opciones son Sanford's Grub & Pub (115 E 17th Street) con un menú bastante ecléctico –con buenas carnes, por ejemplo- y música los viernes y los sábados y Crown Bar (222 W Lincolnway) es un buen lugar para tomar una copa (también cuentan con música en vivo los fines de semana).

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Fotos bajo Licencia CC: Bureau of Land Management;  GPA Photo Archive; Domenico Convertini; John Martínez Pavliga;

Alan Levine

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