Haría o las Tierras Altas de Lanzarote

La Graciosa desde el Mirador del Río.

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El macizo de Famara nace en Teguise y cruza casi media isla de Lanzarote de sur a norte alcanzando alturas considerables en las Peñas del Chache, que con sus casi 700 metros es la cima de Lanzarote. Quizás 672 metros no parezca demasiado, pero desde la Playa de Famara, con los pies remojándose en una de las playas más bonitas de toda Canarias, el muro vertical es imponente. Alturas que, por ejemplo, permiten pequeños milagros como El Bosquecillo.  Este es uno de los pocos lugares en los que se produce la condensación de humedad típica del mar de nubes. Los 600 metros apenas son el límite inferior de esta región de nieblas que en otras islas provoca una verdadera lluvia horizontal que alimenta los bosques de la Laurisiva y recarga los acuíferos. En los alrededores de las Peñas del Chache se produce este fenómeno a pequeña escala y permite pequeñas concentraciones de vegetación como la de El Bosquecillo, una modesta mancha verde al borde del abismo. Es un buen lugar para hacer una parada. Primero por las vistas sobre Famara y el cercano Archipiélago Chinijo. Y segundo para ver esta pequeña colección de árboles y arbustos que hacen la diferencia.

Esta zona de Lanzarote rompe esa hermosa monotonía de negros, rojos y pardos que forman su paisaje volcánico tan característico. Los pequeños altiplanos y montañas que se extienden hasta el Mirador del Río forman una especie de Tierras Altas en las que el verde se deja ver en pequeñas manchas de vegetación natural y en los huertos (los inviernos de buenas lluvias es un verdadero espectáculo que se prolonga hasta bien entrada la primavera). Y la mejor manera de introducirse en la zona es a través de El Bosquecillo. Es un buen adelanto para lo que nos espera sólo un par de kilómetros más adelante. Para en el Mirador de Haría y gasta un par de minutos en ver. Un vistazo rápido te hará centrar la atención en las palmeras que adornan el valle. Pero hay mucho más. Fíjate en los muros de piedra. La feracidad de este lugar es legendaria. Y de ahí las cientos de pequeñas parcelas enclaustradas por muros de piedra seca que no hace mucho era un auténtico vergel de huertas.

Según dicen, Haría deriva de una vieja voz aborigen que significa fuente. Y de ahí sus palmerales y huertos. Al lugar lo llaman ‘el valle de las mil palmeras’. Palmeras que rodean casas, que se cuelan entre los bancales de cultivo y que aprovechan campos abandonados para competir con el matorral. Es un lugar muy bonito. Tanto que el artista local César Manrique lo eligió para vivir. Hoy su casa (Elvira Sánchez, 30; Tel: (+34) 928 843 138), una espectacular vivienda tradicional restaurada con esmero por el propio Manrique es un museo que alberga su último taller y una buena muestra de sus obras. Como sucede con otras poblaciones de la isla, Haría es un diseminado de casas organizado en varios caminos. Entre los edificios (casi todos de una exquisita arquitectura popular) hay huertos y jardines. Algunos convertidos en plazas muy bonitas como la de León y Castillo, un espacio que sirve de marco para la Iglesia de la Encarnación y la casa del cura, reconvertida en museo de arte sacro. Otro punto de interés del pueblo es su Taller de Artesanía (La Longuera, sn) donde, por ejemplo, puedes adquirir alguno de los cestos de hoja de palma de Eulogio Perdomo, un mito de la artesanía canaria.

El mismo esquema se repite en las otras dos poblaciones de tierra adentro del municipio. En Maguez no es mala idea hacer una parada para ver la bonita Ermita de Santa Bárbara y en Ye, hay que detenerse un buen rato para ver como las coladas volcánicas se convirtieron en viñedos. A diferencia de La Geria, los hombres y mujeres de Ye no excavaron hoyos para proteger las plantas del viento, sino que levantaron altos muros que encierran minúsculas parcelas. El resultado es otro de esos paisajes humanos espectaculares que tanto abundan en Canarias. Una buena manera de adentrarse en este entorno agrícola singular es hacer el pequeño sendero que sube hasta el cráter del Volcán de La Corona. Este magno monumento natural es el responsable de dos de las grandes maravillas naturales de la isla, la Cueva de Los Verdes y los Jameos del Agua. El imponente cono entró en erupción hace unos 3.000 años y es responsable del inmenso Malpaís de La Corona, un campo de lavas y cenizas sobre la que, por ejemplo, se asienta el pueblo de Ye.  

La última parte del recorrido por las ‘higlands’ de Lanzarote se vuelve a pegar al risco en Las Rositas. Aquí las vistas empiezan a adelantar lo que nos vamos a encontrar un poco más adelante. Desde aquí parte el Sendero de los Gracioseros, un camino que baja el risco hasta la espectacular Playa del Risco. Aquí los habitantes de La Graciosa dejaban las barcas con las que iban y venían entre las dos islas. Aquí también están los restos de las Salinas del Río, un enorme complejo salinero que se construyó en el siglo XV y que durante algunos siglos fue la salina más importante de Canarias. Bajar hasta aquí merece la pena, pero no es fácil. Hay que tener un muy buen fondo físico y no tener vértigo.

De momento nos quedamos arriba viéndolo todo desde lo alto y seguimos por la carretera LZ-202 hasta el Mirador del Río (Carretera de Ye, sn; Tel: (+34) 928 526 548).Este balcón que se asoma al canal de mar que separa las islas de Lanzarote y La Graciosa (El Río) es una verdadera genialidad arquitectónica que se integra de manera magistral en el Risco de Famara. Y una vez más aparece el talento visionario de César Manrique que supo crear una infraestructura que, literalmente, dialoga con su entorno a través de un diseño que se inspira en el propio risco. La razón misma del lugar es su papel de atalaya sobre La Graciosa y todo el Archipiélago Chinijo pero el propio mirador, que alberga una cafetería con una cristalera espectacular, se ha convertido en una pieza paisajística más. Un poco más allá del aparcamiento del mirador sale un sendero que conduce hasta las últimas estribaciones del Macizo de Famara. La montaña cae abruptamente hacia el mar para morir en la Punta de Los Fariones.

Fotos bajo Licencia CC: Jan Helebrant; jcsogo; Victor R. Ruiz; Arminda Arteta

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