Hondarribia: un paseo por la ciudad fortificada del Bidasoa

Puerta de Santa María: acceso al casco histórico de Hondarribia.

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A veces optar por hacer el camino más difícil es en verdad lo más acertado. Para ir desde la preciosa San Sebastián hasta Hondarribia basta con tomar la moderna autopista AP8 y el desvío que sale desde las afueras de la ciudad de Irún. Apenas son apenas 24 kilómetros que se hacen en un suspiro gracias a la eficiente y modernísima red de infraestructuras con las que cuentan por estas tierras de Euskadi. Pero si uno tiene tiempo puede ir por el camino largo: en este caso la sinuosa carretera GI-3440 que llega hasta el Monte Jaizkibel. Si hablamos de distancias, apenas son dos o tres kilómetros más, pero las curvas y las subidas y bajadas le van a meter más de 20 minutos largos de más a la ruta. Eso si no te paras: porque lo que tiene de bueno este desvío es que es un lugar que te va a ayudar a entender lo que vas a ver más adelante. Este camino sube y baja por una cadena de montecillos bajos cubiertos de bosques y culmina en una enorme terraza desde la que se domina toda la desembocadura del Río Bidasoa.

Y aquí está el quid de la cuestión que explica Hondarribia. Junto al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (Gornutz Montaña), una iglesia del siglo XVI repleta de maquetas de barcos y exvotos marineros, se yergue una imponente fortificación (que lleva el mismo nombre que el santuario) que sólo es uno más de una serie de baluartes, torres, líneas de defensa y plataformas que culminan en el recinto amurallado de la propia Hondarribia. Desde aquí puede verse el Bidasoa y lo que hay más allá de su orilla norte: Francia. Este lugar fue, durante siglos, la línea que separaba a dos de las grandes potencias europeas. Hoy los vecinos son amigos y aliados, pero de siglos de discordias quedan multitud de vestigios. El Fuerte de Nuestra Señora de Guadalupe (Gornutz Montaña) no es viejo, ni mucho menos. Se construyó a finales del siglo XIX como parte de un plan de blindaje de esta parte de la frontera hispano francesa (Campo Atrincherado de Oyarzun). Más añejo es el Castillo de San Telmo (Pierre Lhande Kalea, 2), que tiene casi 500 años y aún más viejas son algunas de las piedras que forman la Muralla de Hondarribia, un imponente sistema de muros y baluartes que recibió su configuración actual en el XVIII (aunque hay un buen trozo lienzo –el que se abre en la Puerta de San Nicolás- que data del XVI).

Hoy de un lado a otro se va y se viene sin problemas. Basta con cruzar el Puente Internacional de Santiago o tomar el barco que cruza el río en un par de minutos; la confianza de nuestros días convierte a los viejos castillos y muros en atractivos edificios históricos. Lugares bonitos que, sin embargo, nacieron con la idea de amenazar y amedrentar. La Puerta de Santa María (Nagusi Kalea, 33) sirvió durante siglos de principal acceso al recinto amurallado. Más allá está el centro histórico, un conjunto monumental abigarrado y concentrado en el que se apelotonan las casonas y los grandes edificios religiosos y militares. El paseo es corto en distancia, pero demanda tiempo. Los cuatro grandes monumentos que hay que ver son la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano (Nagusi Kalea, 1), gótica con añadidos renacentistas; el Palacio de Carlos V (Plaza de Armas, 1), una soberbia casa fuerte reconvertida en parador de turismo; el Palacio Eguiluz (Juan Laborda Kalea, 3), una soberbia casona renacentista que según la tradición local dio cobijo a Juana la Loca y a Felipe el Hermoso y la Casa-Palacio Etxebestenea (Plaza Apezpiku), una edificación mitad palacio mitad fortaleza del siglo XII que es una de las construcciones más añejas del lugar –hoy es un hotel-. Estos son los cuatro grandes, porque la ciudad a intramuros está plagada de casonas y palacetes con muchos siglos encima: el Palacio Ramery (Pampinot, 16); la Casa Casadevante (Nagusi, 5); las Casas Consistoriales (Nagusi, 20); la  Casa Mugarretenea (San Nicolás, 2); el Palacio Zuloaga (Nagusi, 8)… Hondarribia puede presumir de tener uno de los centros históricos mejor conservados y de mayor calidad arquitectónica de toda la Península Ibérica (es un resumen magistral de casi 1.000 años de arquitectura europea).

Murallas afuera.- La otra gran seña de identidad del pueblo es su larga tradición marinera: una relación con el mar que se remonta muchos siglos atrás y que llega hasta tiempos anteriores a la conquista romana de Hispania. La Marina es el otro gran barrio histórico de Hondarribia. Situado junto al antiguo puerto de la ciudad, este enclave de pescadores y marineros se ha convertido en un centro patrimonial de primer orden gracias a la arquitectura tradicional que aún puede verse en torno a las calles Zuloaga, San Pedro y Santiago. Casas sencillas con grandes balcones y ventanas y puertas pintadas de colores alegres. Y no se necesita nada más. Aquí vas a encontrar algunos edificios notables como la Iglesia Marinera de Santa María Magdalena o la sede histórica de la Cofradía de Pescadores de San Pedro (Zuloaga, 12), una institución que se fundó en el siglo XIV. Ya que estás por aquí acércate al agua para ver el Maritxel, uno de los últimos barcos de pesca armados en madera que se construyó en la localidad. Siguiendo el paseo marítimo puedes llegar hasta el Puerto Deportivo y, un poco más allá, la Playa de Hondarribia. Ya en el entorno del Cabo Higuer puedes visitar el Castillo de Santiago, el actual puerto pesquero y el Faro de Higuer, en un entorno costero de gran belleza.

A dos pasos de Hondarribia

Museo Romano Oiasso (Eskoleta, 1; Tel: (+34) 943 639 353).- Bajo los cimientos de la actual Irún se han encontrado numerosos restos arqueológicos de una antigua ciudad portuaria romana y vascona. Este museo está dedicado a aquellos tiempos y cuenta con una importante colección de piezas arqueológicas, restos de edificaciones y maquetas que ayudan a comprender el espacio. En la Ermita de Santa Elena (Ermita Karrika, 2) pueden verse restos de la necrópolis romana.

Pasar a Hendaya en Barco (Paseo Butrón; Tel: (+34) 622 42 73 88).- La empresa Jolaski ofrece un servicio de conexión marítima entre Hondarribia y la vecina Hendaya (ya en territorio francés). Las travesías duran apenas siete minutos (el pasaje cuesta dos euros) y permiten pasar al otro lado de la Ría del Bidasoa sin tener que hacer el rodeo hasta el Puente de Santiago.

Fotos bajo Licencia CC: Eneko Bidegain; japrea; Samu; patrick janicek; Museo Romano Oiasso

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