La portada de mañana
Acceder
El juez mezcló indicios de delito con suposiciones de la Policía en el auto de Zapatero
La Complutense cierra grupos, turnos y asignaturas por los recortes de Ayuso
Opinión - Esperando una explicación, por Antón Losada

Las bicicletas eléctricas de Santander: “Antes iban perfectas, ahora diría que solo funcionan bien tres de cada diez”

El Ayuntamiento de Santander presentó en enero de 2024 un sistema de alquiler de bicicletas: las novedosas e-bikes de TUeBICI. Una aplicación intuitiva, precios razonables y, sobre todo, unos vehículos relucientes acondicionados para circular por la ciudad. Sin embargo, apenas dos años después, aquel brillo del estreno ya muestra señales de óxido y descuido.

Candados que no cierran y que no abren, sistemas eléctricos que no funcionan o que se agotan a mitad del viaje, frenos en mal estado, ruedas desgastadas, fallos en las cadenas o problemas para sacarlas y devolverlas son algunas de las deficiencias.

Con el paso de los meses las quejas sobre el deterioro y mal funcionamiento de las bicicletas han ido en constante aumento. Jan, usuario habitual del servicio, empezó usando las bicis hace un año y medio, cuando estaban nuevas y el servicio funcionaba bien pero hoy “el estado general de las unidades es bastante decadente” –se queja– “ya cuesta encontrar una que funcione bien”. “Antes iban perfectas; ahora diría que solo funcionan bien tres de cada diez que intento utilizar”, resume. “No me gusta” pagar por algo que no funciona correctamente -añade- “no me siento cómodo como usuario”. Últimamente deja reseñas de cada una “para ver si sirve de algo, para ver si mejora”.

“Puedes estar tus cinco minutos largos desesperado en las estaciones buscando cuál es la bicicleta que funciona”, dice resignado Ángel, un joven de 18 años que las utiliza para ir a estudiar y moverse por la ciudad. “Ayer cogí una bici, por ejemplo, y cuando desbloqueé con la aplicación el candado y el de la bicicleta se abrió, sin embargo, el del cerrojo no permitía sacarla de la estación. Otras veces es al revés: la coges y no funciona el motor”.

Los fallos no son únicamente del sistema eléctrico o de las estaciones de recogida y devolución. “Los problemas grandes son los que ponen en riesgo la integridad física del usuario”, señala Jan. El otro día cogió una bicicleta que tenía la dirección completamente suelta. “Estuve muy cerca de tener un accidente grave”, dice. Insiste, además, en que no puede olvidarse a quienes más vulnerables pueden ser ante una caída: “hay gente mayor que también usa estas bicis y cualquier caída puede suponer un riesgo para su integridad física”.

Ángel es uno de esos casos en los que el mal estado de los vehículos ha pasado factura: “El otro día, de hecho, me pegué una buena leche y se me rompió el móvil por culpa de una de esas bicicletas a la que no le funcionaba el freno derecho”, relata el joven con mala cara mientras enseña las fracturas en su dispositivo.

Manuel, de 34 años, se mueve en bicicleta siempre que el clima lo permite y considera que el mal estado de los vehículos depende más del mal uso que les dan algunos usuarios que de la falta de mantenimiento. “Yo creo que es más cosa de las hostias que le mete la gente, de cómo las usan sin ningún cuidado e incluso las vandalizan”, sostiene. Aun así, admite que a veces el sistema se atasca fuera de lo esperable. “En una ocasión me tocó estar con un amigo durante más de 20 minutos tratando de devolver una bicicleta y no podíamos, así que llamamos al servicio al cliente y la verdad es que fueron amables y eficientes”.

Un contrato para cinco años hasta 2029

Las ‘bicis’ llegaron a Santander a principios de 2024 con un contrato de cinco años, hasta 2029, adjudicado a una empresa de Madrid como una apuesta por la movilidad sostenible y la salud. El servicio arrancó con 200 bicicletas eléctricas –modelo e-Smartbike 2.0, de la marca NEXTBIKE– distribuidas en 26 puntos de recogida y devolución por toda la ciudad. Al final del primer año, se amplió con 58 nuevas unidades y seis estaciones adicionales para intentar dar respuesta a la demanda. Así, hoy en día la ciudad cuenta con 258 bicicletas y 26 estaciones base.

El contrato durante cinco años de las bicicletas en alquiler le costará al Ayuntamiento de Santander 3,7 millones de euros, a los que se han sumado otros 729.610 euros correspondientes a la ampliación del servicio en noviembre de 2024. Por ello, el coste total roza los 4,5 millones de euros, unos 17.400 euros por bicicleta por los cinco años que incluyen la instalación, el mantenimiento y las estaciones de anclaje. Por tanto, cada bicicleta cuesta a Santander casi 3.500 euros al año.

Coste para el usuario

El servicio funciona mediante tarifas por tiempo de uso, con precios reducidos para usuarios abonados y costes más altos para quienes utilizan las e-bikes de forma ocasional. Para los usuarios esporádicos que no pagan el abono, el precio base es 1,30 euros por los primeros 30 minutos –o menos– de uso de la bicicleta, 1,60 euros adicionales desde el minuto 31 hasta una hora, y 1,90 euros extra por cada periodo de 30 minutos a partir de la primera hora.

Los abonados cuentan con dos opciones: 36 euros al año o 7 euros al mes. En ambos casos, el coste de alquiler de las unidades baja significativamente: 0,325 euros hasta 30 minutos, 0,65 euros más desde el minuto 31 hasta una hora, y 1 euro adicional para más de una hora.

La página oficial de TUeBICI avisa: “si ya has alquilado la bicicleta y detectas un fallo, termina el alquiler y llama a atención al cliente”. Pero algunos usuarios comentan que una llamada a atención al cliente se puede alargar durante más de 10 minutos. Además de ser “desesperante”, en muchos casos puede fastidiar los planes de un usuario con cierta prisa. “Los inconvenientes que puede generar la tardanza para devolver las bicicletas es definitivamente lo que más me frena para usarlas. Pienso en la lentitud del proceso y prefiero utilizar otro método de transporte”, señala Manuel.

Bicicletas de 29 kilos

Según fuentes del Ayuntamiento, las e-bikes pesan 29 kilos. Un dato que hay que poner en perspectiva: una bicicleta de carrera suele pesar entre 7 y 10 kilos, mientras que una de montaña oscila entre los 12 y 15 kilos. Las que se pueden alquilar en Santander pesan más del doble que una bicicleta normal. A esto hay que sumarle el relieve de Santander: el desnivel en la ciudad alcanza los 78 metros sobre el nivel del mar. Es altamente probable que, en un viaje de 15 minutos, un ciclista se tope con más de una cuesta que, con el sistema eléctrico sin funcionar, pueden “convertirse en un martirio”, apunta un usuario.

Las condiciones técnicas de la bicicleta influyen especialmente en los usuarios jóvenes como Hugo, Martín y Lucas, tres amigos de unos diez años que utilizan este método de transporte por ocio durante las tardes. El peso medio de un niño de esa edad es de 32 kilos: prácticamente lo mismo que pesa la bicicleta. Sin asistencia eléctrica y en una ciudad de cuestas como Santander, moverlas deja de ser una actividad recreativa y se convierte en un esfuerzo físico difícil de asumir para algunos grupos de población.

Los tres chicos rodean la bicicleta mientras uno intenta desbloquear el seguro desde el móvil y otro comprueba si el vehículo responde. Han intentado sacar cuatro bicicletas distintas. Ninguna funcionó correctamente. “Hemos sacado una en la calle Madrid a la que no se le quitaba el seguro, dos en la calle San Fernando a las que no les funcionaba lo eléctrico y esta de aquí tampoco nos deja sacarla, hasta nos cobraron”, relatan con frustración antes de alejarse a pie, dejando atrás la estación de bicicletas y con el mal trago que supone un servicio por el que incluso han pagado y del que no han podido disfrutar.