Crónica
El PP de Cantabria se enreda con la Ley de Paridad: 24 horas para ocultar un error político del Gobierno Buruaga
Las listas electorales del Partido Popular en Cantabria, que con tanto entusiasmo anunciaba es miércoles la presidenta autonómica, María José Sáenz de Buruaga, en poco más de 24 horas han provocado un giro inesperado de los acontecimientos: la salida inesperada del consejero de Cultura, Turismo y Deporte del Consejo de Gobierno. Luis Martínez Abad formará pareja política en la candidatura al Senado con la alcaldesa de Santander, Gema Igual, de quien este verano dijo que “solo gobierna para su ego”. Un polémico mensaje en sus redes sociales que, después de borrarlo, atribuyó a un colaborador.
Y es que la puesta en escena para anunciar a las cabezas de lista al Congreso y al Senado del PP por Cantabria pretendía ser un golpe de efecto. Pero en menos de una hora acabó por convertirse en un problema político de envergadura que ha ido creciendo como una bola sin que nadie supiera ponerle freno. En primer lugar, sorprendió la designación de Gema Igual como número uno al Senado, sobre todo cuando ella misma había negado reiteradamente este verano su intención de poner rumbo a Madrid y cuando lo primero que hizo al tomar la palabra fue decir que la había llamado expresamente el líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo para proponérselo.
Buruaga, como presidenta también del PP cántabro, aguantó la compostura y dedicó más elogios –emocionándose hasta las lágrimas– a la candidata al Congreso: la consejera de Presidencia, Justicia, Seguridad y Simplificación Administrativa de su Gobierno, Isabel Urrutia, con quien tiene un profundo vínculo personal. Su designación también fue una maniobra inesperada. Hasta aquí todo se ajustó al guion y al interés por presentar a pesos pesados de la formación a las elecciones generales del 29N.
El problema estalló cuando Buruaga, en su papel como presidenta del PP y en la sede del partido, quiso también adelantarse a las quinielas y anunció que el sustituto de Urrutia –que tiene que dimitir o ser cesada de su puesto para ser candidata– va a ser Juan Ignacio Sáez Bereciartu, el actual director general de Justicia y Víctimas del Terrorismo. Una persona del equipo de la todavía consejera, de su total confianza, que ha tenido diferentes cargos de responsabilidad en diferentes gobiernos del PP a la largo de las últimas décadas y que es letrado de la Administración autonómica.
Una hora después de este anuncio, el Partido Regionalista de Cantabria envió un comunicado advirtiendo de que el nombramiento de un hombre al frente de la Consejería provocaría un incumplimiento de la Ley de Igualdad, al reducir la presencia femenina en el Consejo de Gobierno del Ejecutivo autonómico por debajo del 40 por ciento como exige la normativa, denuncia a la que también se sumó el PSOE. Lejos de enfriar los ánimos o de cuestionarse la operación, el equipo de Buruaga guardó silencio. En su lugar, habló el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Juan José Alonso, para tratar de desacreditar las denuncias de los socialistas, con referencias a que el exministro José Luis Ábalos colocaba a sus amantes en empresas públicas, y del PRC, recordando unas declaraciones que hizo Miguel Ángel Revilla sobre la prostitución.
La reacción se convirtió en una huida hacia delante que ha acabado por generar víctimas colaterales. A la mañana siguiente, el elefante seguía allí. Si Buruaga seguía adelante con el plan de nombrar a un hombre al frente de Presidencia se arriesgaba –como advirtió el PRC– a un posible delito de prevaricación: incumplir una ley a sabiendas. Los regionalistas le exigieron una rectificación y los socialistas consideraron que se trataba de un desconocimiento de la legislación.
Pero el PP, lejos de rectificar, empezó el día con entusiasmo y una nueva comparecencia ante los medios, en el Parlamento de Cantabria, del portavoz popular Juan José Alonso. Insistió en el argumentario del día anterior, obviando las preguntas directas de la prensa e incidiendo en que el Partido Popular de Cantabria es el más feminista de la historia de la comunidad. Cuando los periodistas le preguntaron por el conflicto legal al que se enfrentaban con la Ley de Igualdad se limitó a decir: “Los aspectos legales lo resolverán los técnicos”.
Poco después, la presidenta Buruaga calentó el ambiente en las redes sociales con un mensaje críptico que avanzaba las primeras señales de que el Gobierno iba a recular. Eso sí, de una forma muy peculiar, con una huida hacia delante. “Esto no ha terminado”, escribió pasado el mediodía, alimentando las sospechas de que iba a caer otro consejero. Con una intriga propia de los Diez negritos de Agatha Christie.
Unas horas después, su propio partido dejó en evidencia al portavoz Alonso, cuando hizo pública la lista completa de los aspirantes a las elecciones generales por Cantabria. Allí estaba el nombre de Luis Martínez Abad, en la candidatura para el Senado. La conclusión fue evidente: por no dar marcha atrás con la primera decisión errónea, elegir un hombre para sustituir a mujer en el Gobierno de Cantabria, Buruaga ha preferido abrir una crisis de Gobierno y poner la alfombra roja a otro consejero para que abandone el sillón.
Ha elegido a quien menos encajaba en el equipo por sus reiteradas dificultades para mantener a sus colaboradores más cercanos. Cada nombramiento acababa al poco tiempo en un cese. En menos de tres años, 16 altos cargos han dejado la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, levantando muchas ampollas. Martínez, en realidad, estaba en todas las quinielas para no repetir en una próxima legislatura, pero la falta de previsión del Gobierno con el asunto de la paridad ha precipitado su salida, como una retorcida e improvisada maniobra de salvación.
Entre la opción más sencilla y la más complicada, el PP ha elegido la segunda. Con la incógnita, aún, para finalizar el tsunami político, de quién sustituirá también al segundo consejero que causa baja a siete meses de las elecciones. Un consejero que llegó tras la primera crisis al cumplirse el primer año del Gobierno Buruaga para sustituir a su antecesora, Eva Guillermina Fernández. En aquella ocasión también hubo que improvisar al día siguiente un nuevo destino para la cesada, que pasó a estar por debajo del que hasta entonces era su subordinado como directora general de Cultura. La operación fue tan surrealista que Buruaga se limitó a anunciarlo con un mensaje en X (antiguo Twitter).
Martínez Abad ha caído como una ficha de dominó, ha sido víctima colateral de un error político de su propio Gobierno tras una catarata de decisiones para tratar de esconderlo, pero con un puente de plata que le hará aterrizar presisiblemente en el Senado. Pese a todos los esfuerzos, la cortina de humo que han fabricado, alambicada en extremo, no ha cumplido su objetivo y ha dejado al descubierto la ocurrencia. Contrariamemte al efecto pretendido, el tropiezo inicial ha multiplicado su repercusión. Una historia rocambolesca de cómo meterse un gol en portería propia que podría estudiarse como un extravagante ejemplo de lo que no conviene hacer en comunicación política.