Wolframio, el “metal de la guerra” que Europa quiere extraer en Ciudad Real para dejar de depender de China
El pasado 18 de septiembre se inauguró en Abenójar (Ciudad Real) la mina El Moto, un yacimiento subterráneo de wolframio declarado por la Unión Europea como “estratégico” al extraer minerales críticos, en concreto wolframio, y garantizar la autonomía de Europa frente a terceros países.
Bruselas ha puesto el foco sobre este metal desde que, hace año y medio, anunciase un plan de rearme con el que pretende movilizar hasta 800.000 millones de euros. Y pocos materiales están tan ligados a la industria de defensa como este, que, además, tiene una relación histórica “muy particular” con España, como asegura Mª Vanessa Tabernero Magro, profesora titular de Química Inorgánica en la Universidad de Alcalá (UAH).
En primer lugar, porque se trata de uno de los tres elementos descubiertos por españoles, junto con el vanadio y el platino. Fueron los hermanos Delhuyar, Juan José y Fausto, quienes en 1783 aislaron por primera vez el wolframio.
Además, se trata de un elemento muy abundante en la península Ibérica, donde existe el llamado Cinturón de Wolframio que va desde Galicia hasta Ciudad Real, incluyendo parte de Portugal, abunda la profesora.
Este metal, el único elemento de la tabla periódica que tiene dos nombres -wolframio o tungsteno-, tiene el punto de fusión más elevado de todos los metales, 3.422 grados, y una densidad cercana a la del oro. Estas propiedades hacen que sea muy difícil de sustituir en los compuestos en los que se requiere mucha dureza o en las herramientas industriales de corte y de prospección, así como en aplicaciones aeroespaciales y de defensa.
Por todo ello, forma parte de la lista de materias primas que la UE considera críticas y estratégicas. “Europa define como materia prima crítica aquel elemento, compuesto, mineral que puede producir graves daños en la cadena económica o de seguridad si nos falta”, detalla la profesora.
La importancia en la industria de la defensa
La dureza extrema que el wolframio confiere a las aleaciones es la razón de su importancia “fundamental” en la industria de la defensa. De hecho, Tabernero explica que a este metal se le conoce como “el elemento de la guerra” y su consumo sirve como termómetro de los conflictos bélicos.
“Se puede saber cuándo y cómo han evolucionado los procesos bélicos durante la Historia si seguimos cuánto wolframio se ha extraído y, por tanto, consumido”, afirma la profesora. “Ha habido aumento de la demanda siempre que ha habido picos bélicos. Por ejemplo, en las guerras mundiales era necesario el wolframio porque a los vehículos blindados les confiere una gran dureza”.
España no ha sido ajena a esas dinámicas bélicas relacionadas con el wolframio. Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen de Franco permitió a la Alemania de Hitler extraer este metal.
Ochenta años después, Europa se ha vuelto a dar cuenta de la importancia que tiene este elemento y de la enorme dependencia que tiene de terceros países para conseguirlo, por lo que va a facilitar proyectos mineros para su extracción en suelo europeo. “Y España, en concreto Ciudad Real, es ejemplo de ello por la concentración de este mineral que hay en esta zona”.
El problema de fondo es la procedencia de este elemento en el mercado. Según datos de la Comisión Europea, China extrae en torno al 75 % del wolframio mundial y hace años que limita sus exportaciones por considerarlo un recurso estratégico. En febrero de 2025 endureció esas restricciones y redujo las compañías autorizadas a venderlo al exterior, lo que provocó una fuerte caída de los envíos y que los precios se disparasen.
Una situación de dependencia de materias primas que maniata la economía europea. “Ahora mismo China podría bloquear la economía europea simplemente con dejar de vendernos todo lo que nos suministra”, alerta Tabernero.
Dentro de la Unión Europea, el wolframio solo se extrae en tres países: Austria (44,5 % de la producción), España (31,2 %) y Portugal (24,3 %).
El 20% de la producción, en Ciudad Real
Por ello y para reducir la dependencia general de los llamados elementos estratégicos, la Comisión Europea aprobó en marzo de 2025 una lista de 47 proyectos relacionados con materias primas críticas en 13 Estados miembros, siete de ellos en nuestro país.
Solo tres tienen que ver con el wolframio, y los dos que contemplan su extracción minera en España son el de El Moto, en Abenójar (Ciudad Real) y el proyecto P6 Metals de Iberian Resources Spain en La Parrilla, en el término de Almoharín (Cáceres).
La explotación de El Moto está promovida por Abenójar Tungsten (ABT), una empresa que impulsa el proyecto desde 2012. El yacimiento cuenta con unos recursos estimados de 91 millones de toneladas de mineral y una vida útil prevista de 18 años. La primera producción está prevista para el primer trimestre de 2029, con una media anual de 4.227 toneladas de trióxido de wolframio en concentrado, además de oro como subproducto. La compañía ha llegado a cifrar en al menos un 20 % la parte del wolframio europeo que podría aportar la mina.
Según la empresa, la explotación generará 428 empleos directos, además de empleo indirecto. El día de la inauguración, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, anunció además que Puertollano acogerá una planta de procesado del wolframio extraído en Abenójar, con alrededor de 200 puestos de trabajo. ABT asegura que no habrá presa de efluyentes tóxicos y que el diseño persigue el vertido cero durante la fase de producción.
El proyecto no ha estado exento de críticas. Cuando Bruselas lo seleccionó, Ecologistas en Acción denunció en un comunicado que el reglamento europeo daría acceso privilegiado a fondos públicos a lo que consideraba una destrucción sin precedentes, y que convertiría Abenójar y Almodóvar del Campo en una “zona de sacrificio”.
“Un país verde a costa de convertir a otros en países negros”
Tabernero reconoce que “siempre hay un coste energético y un coste medioambiental”, pero avisa que “en Europa nos hemos convertido en un país verde a costa de convertir a otros en países negros”.
“Tenemos que ser conscientes de que el nivel de vida que tenemos lleva unas consecuencias para el medio ambiente”, añade. Y concluye: “Tendremos que mentalizarnos de que es necesario producir algunas cosas dentro de nuestro territorio si queremos no depender de otros países en elementos estratégicos porque su falta nos haría la vida mucho más complicada”.